Fue un príncipe olímpico y un heredero dispuesto a desafiar las convenciones para casarse con la mujer que amaba Fue un príncipe olímpico y un heredero dispuesto a desafiar las convenciones para casarse con la mujer que amaba
Harald V de Noruega ha muerto a los 89 años después de más de tres décadas en el trono, dejando tras de sí una de … las biografías más singulares de la realeza europea contemporánea. Nacido el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, fue el único hijo varón de Olav V y de la princesa Marta de Suecia y el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años.
Su infancia quedó marcada muy pronto por la guerra. Harald tenía tres años cuando, el 9 de abril de 1940, las tropas alemanas invadieron Noruega. La princesa Marta huyó con sus hijos a Suecia y, pocos meses después, Harald, sus hermanas y su madre viajaron a Estados Unidos por invitación del presidente Franklin D. Roosevelt. El futuro rey pasó allí parte de los años de guerra y regresó a Noruega el 7 de junio de 1945, cuando tenía ocho años.
Estudió en Oslo y posteriormente ingresó en la Escuela de Oficiales de Caballería y en la Academia Militar. En 1960 marchó a Oxford, donde estudió en Balliol College hasta 1962, con especial atención a las ciencias sociales, la historia y la economía. Mientras tanto, su posición dentro de la monarquía había cambiado: en 1957, tras la muerte de su abuelo, Haakon VII, se convirtió en príncipe heredero.
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Pero Harald no fue únicamente un heredero preparado para ocupar un trono. Una de sus grandes pasiones fue siempre el deporte, especialmente la vela.
Participó en tres Juegos Olímpicos —Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972— y en Tokio tuvo además el honor de portar la bandera noruega durante la ceremonia inaugural. Su afición no desapareció cuando llegaron las obligaciones de Estado. En 1987 se proclamó campeón mundial de vela con el Fram X y en 2005 campeón de Europa con el Fram XV. Siguió participando en regatas hasta 2022, cuando, a los 85 años, dio por terminada su carrera competitiva.

(AFP)
Sin embargo, la historia que probablemente mejor explica al hombre detrás del rey comenzó en 1959. Aquel año conoció a Sonia Haraldsen, una joven de Oslo que no pertenecía a una familia real ni aristocrática. Se enamoraron y mantuvieron una relación durante nueve años antes de poder casarse. Para un heredero al trono europeo de los años sesenta, aquello suponía un desafío considerable.
De Sofía de Grecia a Sonia
Durante aquellos años, además, la prensa especuló con otros posibles matrimonios. Entre los nombres que aparecieron estuvo el de la princesa Sofía de Grecia y Dinamarca. En 1959, periódicos extranjeros llegaron a publicar que Harald y Sofía habían sido vistos juntos en Grecia, incluso durante excursiones en barco, y llegaron a circular rumores de un supuesto compromiso secreto. Sin embargo, aquella relación nunca se convirtió en un compromiso oficial.
Harald, finalmente, eligió a Sonia. Y aquella elección tuvo consecuencias políticas. El rey Olav tuvo que consultar al primer ministro, al Gobierno, al presidente del Storting y a los dirigentes parlamentarios antes de dar su consentimiento. El matrimonio con una plebeya provocó un amplio debate y algunos llegaron a pronosticar que aquella decisión podía incluso poner en peligro la supervivencia de la monarquía. El permiso llegó finalmente el 19 de marzo de 1968.
La boda se celebró el 29 de agosto, en la catedral de Oslo. Cerca de 3.000 soldados formaron a lo largo del recorrido entre el Palacio Real y la catedral. Al enlace acudieron unos 850 invitados y el templo fue decorado con más de 2.500 flores. Sonia llegó del brazo del rey Olav, mientras Harald esperaba en el altar. Cuando los recién casados salieron de la catedral fueron recibidos por una multitud que abarrotaba las calles y las celebraciones se prolongaron durante tres días.

(AFP)
El matrimonio se convertiría en una de las relaciones más duraderas de las monarquías europeas. Harald y Sonia celebraron sus bodas de oro en 2018, medio siglo después de aquella boda que había comenzado rodeada de dudas. Cuando Harald se convirtió en rey, Sonja se convirtió en la primera reina de Noruega en 53 años. Juntos tuvieron dos hijos: la princesa Marta Luisa, nacida en 1971, y el príncipe heredero Haakon, nacido en 1973.
Con los hijos llegó también una nueva dimensión de su vida: la de abuelo. La Casa Real noruega cuenta entre sus nietos a Marius Borg, hijo de Mette-Marit de una relación anterior; a Maud Angelica, Leah Isadora y Emma Tallulah, hijas de Marta Luisa; y a la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus, hijos de Haakon y Mette-Marit.
De todos ellos, Ingrid Alexandra ocupa un lugar especialmente simbólico. Nacida en 2004, es segunda en la línea de sucesión después de su padre y está destinada a convertirse en reina de Noruega. Harald fue quien llevó a la pequeña princesa en brazos durante su bautizo, una imagen que resumía el relevo entre tres generaciones de la familia real: el rey, su heredero y quien algún día ocupará el trono después de él. La Casa Real llegó a publicar un retrato oficial de los tres juntos como representación de esa continuidad dinástica.

(Reuters)
«Todo por Noruega»
Harald ascendió al trono el 17 de enero de 1991, tras la muerte de su padre, Olav V. Cuatro días después juró defender la Constitución ante el Storting y el 23 de junio fue consagrado junto a Sonja en la catedral de Nidaros, en Trondheim. Su presencia pública estuvo marcada por una imagen cercana, vinculada al deporte y la naturaleza.
Harald fue uno de los impulsores de la sección noruega del Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF, y ejerció como presidente de la organización durante veinte años. La pesca, la caza y la vida al aire libre formaron parte de su rutina durante décadas. En 2013 cumplió además uno de sus sueños al visitar comunidades indígenas de la Amazonia, una experiencia que encajaba con su compromiso con la conservación del medioambiente.
En sus últimos años, la salud comenzó a limitar progresivamente su actividad y el príncipe heredero Haakon tuvo que asumir en distintas ocasiones las funciones de regente. Aun así, Harald alcanzó una longevidad excepcional. Superó la edad a la que murió su padre y se convirtió en el monarca más longevo de la historia de la monarquía noruega, además del rey reinante de mayor edad de Europa. Su reinado estuvo marcado por una idea sencilla, resumida en el lema que heredó de su padre y su abuelo: «Todo por Noruega».
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