El presidente argentino profirió numerosos insultos durante un mitin apoyando al adalid del populismo, Flavio Bolsonaro El presidente argentino profirió numerosos insultos durante un mitin apoyando al adalid del populismo, Flavio Bolsonaro
Que Javier Milei no es el mandantario con más tacto del mundo no es ningún secreto. Pero que el presidente de Argentina cause una crisis … política sin precedentes, sí. Y es lo que ha logrado con sus declaraciones sobre su homólogo brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, en territorio del país vecino. Durante un acto electoral del principal rival de Lula, Flavio Bolsonaro –hijo del no menos polémico expresidente Jair Bolsonaro–, Milei lanzó los primeros dardos refiriéndose al presidente como «presidiario», «basura socialista» y «ladrón», mientras tachaba al juez del Supremo Alexandre de Moraes, archienemigo de Bolsonaro, de «basura calva».
Su objetivo, dejó claro Milei durante la intervención en el acto político, es detener a los «zurdos de mierda». Y, para ello, quiso dar su apoyo al adalid del populismo, declarando frente a los brasileños que, si no dan «un golpe de timón» en las elecciones de octubre, acabarán como la Argentina que él heredó. «Somos profetas de un futuro distópico. Hemos vivido las consecuencias de tomar el camino del socialismo hasta el final y hemos visto cómo los zurdos de mierda nos hundieron en la pobreza», afirmó.
La situación no tardó en estallar. El gobierno brasileño exigió al presidente argentino que se retractase, algo que la Casa Rosada negó. Y el ministro de Hacienda de Brasilia, Darío Durigan, lanzó más leña al fuego al referirse a Milei como «payaso».
Llamada a consultas
La escalada pasó este lunes de lo verbal a lo diplomático, porque el titular de Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, consideró que la presencia de Milei en el mitin era una injerencia. «Vino en un viaje privado para participar de un evento partidista y el contenido de sus declaraciones fue agresivo y caracteriza una intromisión en temas internos y una ofensa no solamente al presidente Lula y al Poder Judicial, sino que también a las instituciones democráticas y al pueblo brasileño», denunció.
Poco después, el gobierno llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, y pidió reunirse con el representante de Argentina en su territorio, Guillermo Daniel Raimondi, para exigir una explicación. Es, tal y como sentenció Vieira, «una provocación sin precedentes en la historia de más de 200 años de relaciones bilaterales».
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