Los ‘haters’ del eclipse: “Prefiero ir al cine antes que verlo”

El eclipse de este miércoles llega con todos los ingredientes de un acontecimiento nacional y excepcional. Una franja de totalidad atravesará buena parte de España. Desde 1905, la península Ibérica no estaba en la lista de los afortunados. Esto ha provocado semanas de titulares, publicaciones en redes sociales y una legión de personas organizándose para no perderse el espectáculo que nos ha preparado la mecánica celeste. Y, sin embargo, hay quienes han decidido hacer justo lo contrario. No dejarse llevar por el FOMO (miedo a perderse de algo) o preparar su mejor coartada para no observarlo.

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 Mientras para muchos será una ocasión excepcional para observar el fenómeno astronómico “más espectacular”, para otros, el mejor plan será hacer cualquier otra cosa  

El eclipse de este miércoles llega con todos los ingredientes de un acontecimiento nacional y excepcional. Una franja de totalidad atravesará buena parte de España. Desde 1905, la península Ibérica no estaba en la lista de los afortunados. Esto ha provocado semanas de titulares, publicaciones en redes sociales y una legión de personas organizándose para no perderse el espectáculo que nos ha preparado la mecánica celeste. Y, sin embargo, hay quienes han decidido hacer justo lo contrario. No dejarse llevar por el FOMO (miedo a perderse de algo) o preparar su mejor coartada para no observarlo.

Astrid Salvat, una tarraconense de 40 años, pertenece al grupo de gente que no quiere participar. La decisión de no mirar al cielo mientras el Sol desaparece por unos breves momentos, comenta, viene de percibir que un fenómeno natural “se haya convertido en un espectáculo de masas casi obligatorio”. Cuenta que ha preferido reflexionar sobre si realmente le parece interesante. Y la respuesta ha sido que no. “Vivimos con miedo a quedarnos fuera de lo que hace la mayoría y yo prefiero preguntarme si algo me interesa de verdad antes de sumarme sin más. Sinceramente, ese fenómeno no me atrae”, argumenta Salvat.

Su principal incomodidad se debe a las reacciones que provoca quien, públicamente, cuenta que ha decidido mirar hacia otro lado. “En cuanto dije que no lo vería, me llovieron las críticas en redes. La verdadera libertad es poder decidir sin que eso incomode a nadie y sin que se acaben eclipsando las opiniones de los que piensan diferente”, agrega la tarraconense.

La psicóloga Ana Muñoz, experta en el análisis de la imagen social de la ciencia, sugiere que, efectivamente, mucho del rechazo hacia el eclipse que se difunde por redes sociales es una manera de marcar distancia de la tendencia. “Hay gente que lo que puede estar en realidad es reaccionando en contra de la viralización”, señala. “Son personas que pueden pensar: ‘Yo no me quiero dejar llevar por esto’, o ‘yo soy distinto, yo no entro en la rueda de todo”, sugiere la responsable de la Unidad de Investigación CTS (Ciencia, Tecnología y Sociedad) del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas.

Lucía Miranda, madrileña de 29 años, tiene otro motivo. “Entiendo que todo el mundo quiera verlo, porque es un evento muy especial. Pero es cierto también que hay que verlo con mucha precaución”, subraya. Para ella, es precisamente la información en ese sentido la que ha desencadenado su miedo. “Por un lado, me alegra que los medios hayan informado sobre cómo hay que verlo, pero también siento que la sinceridad de decir que con pasarte con los segundos de exposición o tener una mala exposición, incluso accidental, puedas provocarte una lesión ocular es lo que me genera muchísimo miedo”, comenta la periodista.

El temor al que se refiere Miranda sería fácil de sortear, según los expertos, si se toman las sencillas precauciones necesarias, pero a ella le ha generado la necesidad de armarse un plan para la hora exacta del eclipse. “Prefiero ir al cine antes que verlo”, cuenta. Dice que ha decidido estar en un lugar donde no tenga que pensar en lo que se está perdiendo. “Al día siguiente veré las fotos y los vídeos. Yo valido la ciencia , pero tengo miedo y punto”, sostiene.

El astrofísico Borja Tosa asegura que, aunque el riesgo existe, evitarlo no es nada complicado. “Todas las actividades humanas conllevan algún tipo de riesgo”, explica, “lo importante es establecer protocolos que minimicen la posibilidad”. El caso del eclipse no es diferente. “Como muchas otras cosas, si no se hace bien, puede generar daño, que es real. Pero hacerlo correctamente es muy sencillo”, argumenta el divulgador gallego. Dice que su experiencia lo confirma. “Junto con otros dos amigos hemos participado en más de un centenar de eventos solares, entre eclipses totales, anulares y parciales. Los tres tenemos una visión perfecta y nunca hemos tenido ningún problema”, cuenta.

Laia Balmes tampoco verá el eclipse, pero tiene otro argumento. “Todo lo que sucede en la naturaleza nos afecta”, afirma esta coach, una especie de guía personal de 44 años. “Para mí, el eclipse sí tiene importancia, pero la personal, no la mediática. ¿Te vas a perder la oportunidad de ver tu luz más auténtica por mirar 30 segundos un evento externo? Además, las aglomeraciones no me gustan”, agrega la barcelonesa.

Para el astrofísico gallego, atribuir al eclipse efectos sobre el cuerpo, estado de ánimo o destino desde la astrología no tiene fundamento científico. “La astrología es una simple superstición, una paparrucha sin ningún tipo de base científica”, sostiene. Según explica, un eclipse total de Sol tiene, a efectos astronómicos, una configuración similar a la de una luna nueva. Los cambios físicos son de otro tipo: “Se va a hacer de noche, seguramente haya una marea viva, como corresponde a las lunas nuevas, y va a bajar la temperatura porque se oculta el Sol”. Su impacto también estará presente en quienes lo contemplarán, pero no de la forma en la que la astrología lo afirma: “La visión de la corona solar es antinatural y sobrecogedora. Estás viendo algo que nunca habías visto y que parece de otro planeta”.

La opinión de este divulgador es que se trata del “fenómeno más espectacular que puedes ver del planeta Tierra”. Ni las auroras boreales, ni las alineaciones planetarias, ni las superlunas, ni las lluvias de estrellas, ni un cielo estrellado, dice, se comparan con la experiencia de un eclipse solar total. “Lo normal es que pases toda tu vida sin ver uno donde vives, y es una pena que la gente se pierda lo más espectacular que puede ver en su vida”, afirma Tosa.

Para Ana Muñoz, sin embargo, atribuir a este evento efectos en la energía no es necesariamente incompatible con mantener una actitud positiva hacia la información contrastada. “Se puede tener ese tipo de creencia y también tener una actitud positiva hacia la ciencia”, afirma. A su juicio, el fenómeno tiene para buena parte de la población un componente “mágico”. “Yo creo que se está viendo más desde la perspectiva del espectáculo que de una actividad de cultura científica”, concluye la psicóloga social.

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