Hay una escena que todos recordamos del colegio, la fotografía de final de curso. En la última fila, los más altos y, delante, los bajitos. No había nada malo en ocupar la primera fila; simplemente era una cuestión de tamaño. Lo preocupante habría sido descubrir, diez años después, que aquellos niños seguían midiendo exactamente lo mismo. Entonces ya no hablaríamos de una diferencia natural, sino de un problema de crecimiento.
España necesita que sus empresas crezcan, ganen músculo y se sitúen en la escala europea
Hay una escena que todos recordamos del colegio, la fotografía de final de curso. En la última fila, los más altos y, delante, los bajitos. No había nada malo en ocupar la primera fila; simplemente era una cuestión de tamaño. Lo preocupante habría sido descubrir, diez años después, que aquellos niños seguían midiendo exactamente lo mismo. Entonces ya no hablaríamos de una diferencia natural, sino de un problema de crecimiento.
Economía en EL PAÍS
