Trump bombardea de nuevo territorio persa y Teherán hace lo propio con sus bases en el Golfo, mientras los hutíes entran en escena Trump bombardea de nuevo territorio persa y Teherán hace lo propio con sus bases en el Golfo, mientras los hutíes entran en escena
Acción, reacción. Ataque, represalia. Bombardeo, sed de venganza. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha entrado en un círculo vicioso que ahora pivota en … torno al estrecho de Ormuz. Teherán ordena disparar contra los buques que tratan de cruzarlo, y Washington aprovecha la excusa para bombardear territorio persa. Así han pasado ya seis días que han convertido definitivamente en papel mojado el memorando de entendimiento que firmaron Donald Trump y el régimen del aún invisible Mojtaba Jamenei.
La madrugada de este jueves, tras la enésima amenaza del mandatario americano, sus fuerzas volvieron a golpear objetivos iraníes con el propósito de «debilitar su capacidad para amenazar a marinos inocentes», y la república islámica respondió como lleva haciendo todo este tiempo: ante su incapacidad para alcanzar territorio estadounidense, lanzó sus misiles y drones contra las bases de la superpotencia americana en la región.
Concretamente, Estados Unidos puso en su diana la infraestructura energética del enemigo, así como centros de mando, emplazamientos de defensa aérea e instalaciones de vigilancia costera en todo Irán, incluyendo la ciudad portuaria de Bandar Abbas y las islas Tumb Mayor y Qeshm. Más tarde también se acercó de nuevo a la capital, donde se activaron las defensas antiaéreas. Según denunció el régimen de los ayatolás, los americanos lanzaron un ataque «bárbaro» contra un objetivo adyacente a un hospital oncológico infantil.
«El hospital Shahid Baqaei, en Ahvaz, fue evacuado anoche después de que Estados Unidos atacara un lugar cercano», informó en la red social X el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baghaei. «Este ataque bárbaro, que recuerda a las atrocidades cometidas por Israel contra los centros sanitarios, causó un gran sufrimiento y ansiedad entre los niños hospitalizados y obligó a la evacuación de emergencia de 211 pacientes que estaban recibiendo quimioterapia», añadió, tachando el bombardeo de «crimen de guerra».
Por su parte, Teherán afirmó haber atacado objetivos en todo el Golfo Pérsico e incluso más allá, incluidos Jordania, Baréin y Kuwait. «Las defensas aéreas kuwaitíes están neutralizando los ataques con drones hostiles tras la agresión iraní», reconoció el ejército kuwaití sin especificar los daños provocados por los proyectiles persas. Catar elevó el tono y afirmó que las acciones de Irán constituyen «una violación flagrante de la soberanía de los países agredidos y una transgresión manifiesta de las normas del derecho internacional».
A pesar de la indignación generalizada, los líderes persas no tienen intención de dar su brazo a torcer: «Toda la infraestructura de la región será aplastada bajo los golpes de acero de las poderosas fuerzas armadas de la República Islámica de Irán», prometió el coronel Ebrahim Zolfaghari, portavoz militar iraní.
El estrecho que faltaba
Sin embargo, los ayatolás no están solos en su lucha contra los aliados estadounidenses en el Golfo. El líder hutí de Yemen, Abdul Malik al-Houthi, declaró que todas las instalaciones petroleras y otras infraestructuras vitales de Arabia Saudí serían objetivo lícito si Riad se involucra en lo que describió como una «agresión integral» contra Yemen y avanzaba hacia una escalada de un conflicto que amenaza con traspasar las fronteras actuales y desparramarse por Oriente Medio. No en vano, los hutíes lanzaron misiles contra Arabia Saudí tras acusar al reino de bombardear el lunes, en colaboración con Israel el aeropuerto de Saná, rompiendo así otra tregua, esta vez de cuatro años, que evitaba el choque entre los rebeldes y los saudíes.
En manos de los hutíes esta otra de las vías marítimas clave: el estrecho de Bab el Mandeb. Y amenazan con bloquearlo como los iraníes han hecho con Ormuz. La interrupción de ambos podría afectar al 22% del suministro mundial de petróleo y a casi el 30% del transporte marítimo de contenedores. Además, podría empujar a la guerra a países que aún se han mantenido al margen, como es el caso de Egipto, que depende en gran medida de los ingresos del Canal de Suez, la conexión entre los mares Mediterráneo y Arábigo antes o después de cruzar Bab el Mandeb. Para potencias como China o Japón también resulta crítico que esa segunda ruta permanezca abierta. De momento, las consecuencias las seguiremos pagando todos, porque ayer el precio del petróleo volvió a repuntar hasta los 85 dólares, aunque aún está lejos de los 120 que alcanzó en el punto álgido del conflicto.
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