La talentosa Andreeva emerge de nuevo en Madrid, donde despuntó con solo 15 años

Se comenta estos días en todos los rincones de la Caja Mágica la fantástica explosión de Rafael Jódar. El madrileño, 19 años, es el tercer tenista nacido en 2006 —tras Martín Landaluce y João Fonseca— que pisa unos cuartos de final de un Masters 1000, donde se medirá el miércoles con el número uno del mundo, Jannik Sinner. Antes de que esta generación de chicos comenzara siquiera a asomar la cabeza en la élite del tenis, en Madrid ya había despuntado en 2023 una adolescente del 2007 que por entonces solo tenía 15 años. Mirra Andreeva fue un talento tan precoz que esa temporada firmó una cuarta ronda en el torneo del barrio de San Fermín. En 2024 y 2025 escaló hasta el antepenúltimo escalón y en esta edición ha alcanzado por primera vez las semifinales tras superar este martes a la canadiense Leyla Fernandez (7-6(1) y 6-3, 1h 44m). El jueves tendrá enfrente a la estadounidense Hailey Baptiste, que esta noche tumbó a la número uno del mundo y tres veces campeona en la Manolo Santana, Aryna Sabalenka (2-6, 6-2 y 7-6(6), 2h 30), tras salvar seis bolas de partido.

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 La joven rusa se deshace de Fernández (7-6(1) y 6-3, 1h 44m) y alcanza sus primeras semifinales en un WTA 1000, donde se medirá con Baptiste, desde que en 2025 comenzaron sus problemas con la presión tras alzar Dubái e Indian Wells  

TENIS | MASTERS DE MADRID

La joven rusa se deshace de Fernández (7-6(1) y 6-3, 1h 44m) y alcanza sus primeras semifinales en un WTA 1000, donde se medirá con Sabalenka o Baptiste, desde que en 2025 comenzaron sus problemas con la presión tras alzar Dubái e Indian Wells

Mirra Andreeva, este martes durante su partido en la Manolo Santana ante Leylah Fernandez, en el Masters de Madrid.David Ramos (Getty Images)
Diego Fonseca Rodríguez

Se comenta estos días en todos los rincones de la Caja Mágica la fantástica explosión de Rafa Jódar. El madrileño, 19 años, es el tercer tenista nacido en 2006 —tras Martín Landaluce y João Fonseca— que pisa unos cuartos de final de un Masters 1000, donde se medirá el miércoles con el número uno del mundo, Jannik Sinner. Antes de que esta generación de chicos comenzara siquiera a asomar la cabeza en la élite del tenis, en Madrid ya había despuntado en 2023 una adolescente del 2007 que por entonces solo tenía 15 años. Mirra Andreeva fue un talento tan precoz que esa temporada firmó una cuarta ronda en el torneo del barrio de San Fermín. En 2024 y 2025 escaló hasta el antepenúltimo escalón y en esta edición ha alcanzado por primera vez las semifinales tras superar este martes a la canadiense Leyla Fernandez (7-6(1) y 6-3, 1h 44m). El jueves tendrá enfrente a la vencedora del duelo de esta noche entre la número uno del mundo y tres veces campeona en la Manolo Santana, Aryna Sabalenka, y la estadounidense Hailey Baptiste.

Andreeva —diestra, revés a dos manos, 1,75 metros de estatura y mucha movilidad— ya es la número ocho del ranking, y el año pasado logró incluso ser la quinta, cuando venció en los WTA 1000 de Dubái e Indian Wells, los dos grandes títulos que ha levantado en su aún corta carrera como tenista. La rusa nació y se crio en Krasnoyarsk pero se cinceló en la academia de Patrick Mouratoglou en Cannes. La suya fue una irrupción tan prematura que hasta que cumplió la mayoría de edad ni siquiera podía ir a todos los torneos que quería debido a la normativa de la WTA —la Women’s Tennis Association, el ente rector del circuito femenino—, que limita los eventos a los que pueden asistir las menores para evitar que se carguen de partidos y sufran una sobreexposición demasiado elevada.

Los éxitos de Dubái e Indian Wells llegaron menos de un año después de que empezara a trabajar con Conchita Martínez. La española, que dirigía a Garbiñe Muguruza cuando la hispanovenezolana conquistó la arcilla de París (2016) y la hierba de Londres (2017), decidió en 2024 apostar por unirse a un diamante en bruto, una jugadora talentosa y versátil en estos tiempos en los que la potencia y los cañonazos son el registro mayoritario en el circuito. Antes de alzar los dos WTA 1000, Andreeva ya se había convertido en mayo de 2024 en Roland Garros en la semifinalista más joven de un Grand Slam desde que Martina Hingis —cinco grandes— alcanzase la penúltima ronda del US Open en 1997.

A la rusa, sin embargo, le ha costado lidiar en el último año con las expectativas que pesan sobre ella en un deporte tan mental como el tenis. Desde que en marzo del año pasado levantó Indian Wells, Andreeva no había pisado las semifinales de un WTA 1000 ni de un Grand Slam. En la tierra batida de Madrid, su superficie favorita, su juego ha vuelto a elevarse. Por el camino hacia las semifinales se ha deshecho de Udvardy (78ª), Galfi (117ª), Bondar (63ª) y Fernandez (25º). Solo en octavos se dejó un set ante la húngara. Su frustración fue máxima cuando dominaba 5-1 la tercera manga y vio cómo Bondar igualaba el marcador. “¡No soy una campeona! ¡No soy una campeona! ¡No! ¡Voy a perder! ¡Voy a perder!”, estalló cuando estaba sentada en la silla. Después se impuso en el tie-break y rompió a llorar tras el triunfo.

Preguntada hoy por la escena en la que se reprochaba a sí misma con dureza haber dejado entrar a su rival en el partido, Andreeva explicó hoy tras superar a Leylah Fernández: “Quería demostrarme a mí misma que estaba equivocada. Ayer lo intenté, pero por alguna razón, incluso después de ganar, me sentí bastante negativa conmigo misma por haber llegado a esa situación. Hoy simplemente intenté darle la vuelta a la situación y evitar que volviera a suceder. Siento que lo hice mejor hoy. Aun así, obviamente en algunos momentos también me emocioné bastante. Es un partido de tenis y a veces pueden pasar cosas, pero lo más importante es cómo lo manejas y cómo te recuperas para el siguiente punto. Siento que hoy lo hice mucho mejor que ayer”.

La tenista rusa cumplirá el miércoles, un día antes de la semifinal, 19 años. En la penúltima ronda espera Baptiste, a la que ganó en Wimbledon en 2025 en su único enfrentamiento previo, o Sabalenka, la jugadora que la derrotó en 2023 y 2024 en Madrid y que manda en el circuito. Andreeva sabe lo que es tumbar a la actual número uno, con la que mantiene un cara a cara desfavorable de 4-2. Lo hizo en los cuartos de Roland Garros en 2024 y en la final de Indian Wells del año pasado, justo antes de que empezaran sus problemas en el aspecto mental, fundamental en el tenis para llegar a la cima y mantenerse. “Siento que después de ganar hubo presión, también expectativas, y entonces ya no tienes tanta confianza en tu juego. Se necesita tiempo para volver a sentir esa confianza y se necesita tiempo para volver a sentirte seguro de ti mismo y de tu juego”, contó hoy Andreeva, la adolescente que hace tres años se mostró al mundo en la Caja Mágica y que ahora emerge de nuevo aquí.

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