
Las andaluzas cierran un largo ciclo electoral y abren otro: el de las municipales, autonómicas y generales de 2027. Pedro Sánchez no tiene ninguna intención de cambiar sus planes pase lo que pase este domingo: ni adelanto electoral, ni cambio radical de Gobierno, ni grandes golpes de efecto. El estado anímico del PSOE y de la izquierda en general —y de la derecha— cambiará según el resultado, pero no las decisiones de fondo. Distintas fuentes del Ejecutivo consultadas insisten en que, vayan regular o mal las cosas —la clave para todos está en si Juanma Moreno logra revalidar la mayoría absoluta o no—, Sánchez tiene absolutamente construido el discurso, avalado con los datos de 2023, de que los ciudadanos, y especialmente los progresistas, votan muy diferente en las autonómicas y en las generales. Así que no tiene ninguna intención de hacer nada de impacto como reacción a las andaluzas.
Nadie espera grandes movimientos en política nacional, pase lo que pase. Los Presupuestos catalanes, cada vez más cerca, serían la principal novedad. Hay nervios en algunos alcaldes, pero no un movimiento crítico frente al presidente
Las andaluzas cierran un largo ciclo electoral y abren otro: el de las municipales, autonómicas y generales de 2027. Pedro Sánchez no tiene ninguna intención de cambiar sus planes pase lo que pase este domingo: ni adelanto electoral, ni cambio radical de Gobierno, ni grandes golpes de efecto. El estado anímico del PSOE y de la izquierda en general —y de la derecha— cambiará según el resultado, pero no las decisiones de fondo. Distintas fuentes del Ejecutivo consultadas insisten en que, vayan regular o mal las cosas —la clave para todos está en si Juanma Moreno logra revalidar la mayoría absoluta o no—, Sánchez tiene absolutamente construido el discurso, avalado con los datos de 2023, de que los ciudadanos, y especialmente los progresistas, votan muy diferente en las autonómicas y en las generales. Así que no tiene ninguna intención de hacer nada de impacto como reacción a las andaluzas.
“Autonómicas y generales son dos mundos. Nuestras cifras para generales nos dicen que somos muy competitivos. No estamos lejos de ser primer partido, de ganarle al PP. No tiene sentido hacer ninguna revolución por las andaluzas cuando los dos procesos llevan ritmos muy distintos”, señala una persona de confianza del líder. “El plan se va a mantener sin grandes giros. Las andaluzas sí sirven para cerrar el ciclo autonómico y empezar a mirar ya las generales y municipales, pero arrancamos de nuevo; cada partida es diferente”, coincide otro.
Está pasando algo similar a lo que se vivió en Aragón: las expectativas de la izquierda son tan bajas, que cualquier pequeña sorpresa positiva será vivida como un gran éxito, mientras el PP se juega más porque necesita conservar la absoluta y las encuestas han señalado que la tiene a tiro.
Todos los consultados descartan una maniobra radical de Sánchez por las andaluzas, tipo cambio de gobierno, presentación rápida de presupuestos y mucho menos adelanto electoral. “Lo único seguro es que Sánchez va a convocar las elecciones cuando crea que las puede ganar. No tirará la toalla como hicieron González o Zapatero adelantándolas para perder. Sánchez irá a por todas. Y por eso nada indica que sea inminente”, señala otro miembro del Ejecutivo.
Lo que sí están ultimando los negociadores del Gobierno, el PSC y ERC es un pacto para los Presupuestos catalanes, que entra en una semana decisiva justo después de las andaluzas, con todas las miradas puestas en una bilateral Gobierno-Generalitat el miércoles en la que se cierren las cuestiones más importantes para rematar el acuerdo que PSC y ERC tienen preparado para aprobar los Presupuestos catalanes, que Salvador Illa decidió retirar en marzo para evitar que los independentistas los tumbaran. El corazón de ese acuerdo serán grandes inversiones en infraestructuras en Cataluña y la garantía de ejecución de las cuentas ya aprobadas.
Políticamente es relevante, porque Sánchez de momento sigue sin poder aprobar y ni siquiera se atreve aún a presentar sus Cuentas por el bloqueo de Junts, pero con un acuerdo con ERC meterá presión al grupo de Carles Puigdemont y mostrará que la relación con los socios más importantes sigue engrasada para esta recta final de la legislatura. Con el PNV siempre hay tiranteces, pero al final hay acuerdos en casi todo. Y con ERC también hay mucha negociación y pactos, pero faltaba el gran acuerdo de presupuestos catalanes. Queda así todo listo para ver si Junts decide modular su posición de ruptura total, sobre todo si finalmente la justicia europea toma una decisión que abra la puerta a que el Tribunal Constitucional le dé amparo y le permita así volver a Cataluña, algo que podría llegar este verano.
Mientras Sánchez apuesta por aguantar el tipo, intentar evitar la sensación de derrota anticipada y moverse en los espacios mínimos que le deja una mayoría muy debilitada, el PP está convencido de que Andalucía puede ser el remate final a esa sensación de fin de ciclo. Por mucho que Sánchez quiera separar las elecciones e insista, con dato en la mano, en que en las generales él tuvo 600.000 votos más en Andalucía de los que había logrado el PSOE en las autonómicas, algo similar a lo que pasó en Madrid, en el PP creen que con un mal resultado en la comunidad más poblada del país, y por tanto la que más diputados decide para el Congreso, es inviable que los socialistas puedan repetir en el poder.
En las generales de 2023, Sánchez logró un resultado bueno en Andalucía —se quedó a solo tres puntos del PP—, uno digno en Madrid y arrasó en Cataluña, y eso le permitió casi rozar al PP de Alberto Núñez Feijóo —le ganó por 300.000 votos— y seguir en La Moncloa también gracias a la resistencia de Sumar. Pero los populares creen que si este domingo se consolida una debilidad extrema de la suma de la izquierda —todo indica que el bloque de derechas acumulará más escaños que nunca, como ha pasado en Extremadura, Aragón y Castilla y León—, la suerte de las generales ya estará echada porque la historia política española demuestra que no se puede ser presidente sin un buen resultado en Andalucía por muy explosivo que sea el de Cataluña. Nada puede compensar un mal dato en la comunidad más poblada.
En cualquier caso, los socialistas están casi más pendientes de la mayoría absoluta de Moreno que de su propio resultado. Porque si la pierde, aunque sea por muy poco, la valoración política será similar a lo que sucedió en Aragón: el PSOE tuvo un muy mal resultado, y sin embargo todo el foco se puso en el PP de Jorge Azcón, que había adelantado las elecciones para mejorar sus posiciones y las empeoró bastante, bajó dos escaños y depende mucho más de un Vox muy crecido, que ha impuesto la “prioridad nacional” para dar la investidura al PP.
Por el contrario, si Moreno logra la mayoría absoluta y el PSOE baja incluso de su peor resultado histórico, las miradas esta vez no irán contra Andalucía, sino contra Sánchez y su decisión, cada vez más cuestionada internamente, de hacer candidatos a media docena de sus ministros. Esto es, apostar por la imagen de un Gobierno muy desgastado como marca electoral en las autonómicas. María Jesús Montero, la mejor candidata posible según el presidente, la mujer con más poder y más conocida del sanchismo, después de ocho años como ministra de Hacienda y cinco como vicepresidenta y número dos del PSOE, es una apuesta personal de él, que la forzó porque ella no quería ir a esa batalla.
Sánchez tiene muy controlado el PSOE, y nadie espera grandes críticas públicas, más allá de las habituales del líder del sector crítico, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, y cuadros históricos, pero ya sin poder interno. Pero si el resultado es realmente muy malo, distintos dirigentes consultados dan por hecho que habrá muchos nervios en las estructuras provinciales y locales del PSOE, especialmente las pocas que tienen alcaldes relevantes.
La dirección ha convocado un Comité Federal para el 27 de junio, muy alejado de las andaluzas. Sería el lugar natural para expresar en público las dudas que algunos trasladan en privado sobre el empeño de Sánchez en mantener el mismo esquema que en 2023: las elecciones generales después de las municipales y autonómicas, previstas para el 23 de mayo de 2027.
Algunos dirigentes provinciales y locales, sobre todo los que están en la oposición, apuestan por un superdomingo con generales, autonómicas y municipales juntas, para aprovechar la gran movilización de las generales como tirón para las demás. El gran problema de la izquierda, insisten varios dirigentes, es la desmovilización que se ve para autonómicas y locales, pero no para generales. Sin embargo, muchos otros dirigentes preferirían que Sánchez colocara las generales antes de las municipales para evitar el fenómeno de 2023, cuando la política nacional arrastró a la local y el PSOE perdió casi todo el poder en unas elecciones que la derecha ganó con una gran movilización al grito de “que te vote Txapote”. Otro dirigente cree que, en cualquier caso, los alcaldes, aunque presionen, no tienen capacidad de forzar a Sánchez a hacer nada en contra de su voluntad: “No hay que olvidar que en el PSOE hay muy pocos Abel Caballero, esto es, muy pocos alcaldes que tengan más votos que Sánchez. Él tiene el capital político, la conexión con el electorado, y está claro que no logra transferirlo, ni a Pilar Alegría ni a María Jesús Montero, y ya veremos en las otras elecciones con ministros. Es él quien puede cambiar las cosas con su tirón, como hizo en 2023. Y por eso es él quien tomará esa decisión, la más difícil de todas, del día de las elecciones”. Unos pocos restos pueden cambiar mucho el resultado de las andaluzas, pero hay mucha gente conjurada para que, sea cual sea, no tenga fuertes consecuencias en política nacional. Lo que no está claro es si podrán evitarlo.
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