El Ministerio de Igualdad revisa cada año en qué se han gastado las administraciones locales el dinero de los fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género que les manda para que organicen actividades para atajar este problema o cuidar a las víctimas. El resultado del análisis de los fondos para el ejercicio 2024-2025 es mucho más negativo que en ediciones anteriores. Para el ministerio de Ana Redondo, miles de ayuntamientos han hecho un mal uso de ese dinero, lo que ha llevado a Igualdad a reclamar 12 de los 40 millones de euros que se entregaron a los consistorios. Fuentes ministeriales creen que se debe a que se han reforzado los controles.
El ministerio descarta actividades como talleres de macramé, de meditación, sesiones de zumba o la entrega de estuches de manicura
El Ministerio de Igualdad revisa cada año en qué se han gastado las administraciones locales el dinero de los fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género que les manda para que organicen actividades para atajar este problema o cuidar a las víctimas. El resultado del análisis de los fondos para el ejercicio 2024-2025 es mucho más negativo que en ediciones anteriores. Para el ministerio de Ana Redondo, miles de ayuntamientos han hecho un mal uso de ese dinero, lo que ha llevado a Igualdad a reclamar 12 de los 40 millones de euros que se entregaron a los consistorios. Fuentes ministeriales creen que se debe a que se han reforzado los controles.
En total, entre julio de 2024 y julio de 2025, se han transferido 160 millones de euros a comunidades autónomas y 40 millones a municipios para realizar actividades. Los requerimientos que ahora se envían son por actividades realizadas en ese periodo. Un total de 4.277 ayuntamientos, de los 7.880 entre los que se repartieron los fondos del plan, recibieron requerimientos del ministerio por gastarlo en actividades para las que no estaba previsto. Al analizar una a una las justificaciones que han ido dando los ayuntamientos, el ministerio acabó dando por buenas las explicaciones presentadas por 1.611 municipios.
Tras la renovación del Pacto de Estado en 2025 ―aprobado con el apoyo de todos los partidos excepto Vox, que niega la existencia de la violencia machista―, Igualdad publicó una guía con criterios claros de qué actividades podrían contar con subvención. “Los talleres de macramé, de zumba, o de meditación y visualización, así como la entrega de estuches de manicura, no cumplen los requisitos básicos”, explica una portavoz del ministerio.
Esa guía no considera adecuados, entre otros, la organización de un “festival de perreo feminista”, la cata de productos alimenticios, las clases de cocina o los “talleres y actividades relacionados con la realidad LGTBI+ y con cualquier otra forma de discriminación o desigualdad de trato u oportunidades no específicamente relacionada con la violencia contra las mujeres”.
Sin embargo, este cuestionamiento no es compartido por algunas expertas, que defienden que esos talleres pueden resultar útiles para mujeres que sufren ―o han sufrido― violencia machista, y a las que sus parejas han cortado cualquier vía de socialización o reducido su vida a las cuatro paredes de su casa. Además, en el caso de que aún convivan con su agresor, este difícilmente les permitiría acudir a actividades con enfoques más específicos sobre este tipo de violencia.
El gasto que no haya sido justificado se descontará del dinero que debía enviarse a partir del 1 de julio de este año. Desde Igualdad no concretan si eso supondrá que haya ayuntamientos a los que este ejercicio no les llegue nada de dinero, pero aclaran que estos son fondos específicos del Pacto de Estado y que pueden conseguir financiación para sus propuestas a través de otros planes.
En 2017, todo el arco parlamentario ―excepto Podemos, que vio el acuerdo “insuficiente”― firmó por primera vez el Pacto de Estado contra la violencia de género. Una de las medidas que se aprobaron entonces fue el reparto de dinero a comunidades autónomas y ayuntamientos para que, desde su posición de cercanía con la ciudadanía, pudieran organizar actividades que sirvieran para concienciar y prevenir la violencia de género.
Para Igualdad, a algunas de las administraciones locales no les quedó claro cómo podían invertir esos fondos. Entre los ejemplos cuestionados que ha conocido EL PAÍS y que confirma el ministerio está el del Ayuntamiento de La Puerta de Segura, en Jaén (PP), que utilizó fondos para organizar un taller centrado en la “meditación y visualización” (la actividad se titulaba El mundo onírico: por qué y para qué soñamos). Preguntado por EL PAÍS, el Consistorio de ese municipio justifica la actividad porque “servía para elevar la autoestima de las mujeres”.
En Galicia, con el dinero del Gobierno, al menos un municipio, cuyo nombre no ha trascendido, repartió estuches con cortauñas, limas y otros utensilios para el cuidado de las manos por el 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres. En Canarias, el Gobierno autonómico (Coalición Canaria) organizó un taller de escritura sobre la política canaria Carla Antonelli, primera senadora trans y también diputada en un parlamento regional. Igualdad cuestionó esta última actividad al considerar que no guardaba suficiente relación con los fines específicos de prevención de la violencia de género para los que estaban destinados estos fondos.

Por su parte, expertas en igualdad y violencia machista defienden que, más allá de las recomendaciones del ministerio, determinadas actividades comunitarias pueden contribuir indirectamente al empoderamiento o a evitar el aislamiento social de potenciales víctimas. “Un taller de macramé no es un taller para hacer un tapiz, es un taller para que las mujeres desarrollen habilidades sociales, y se comuniquen. Para que tengan un hobby fuera de casa y un espacio para no estar por y para la familia”, señala Aída Dos Santos, politóloga y autora de Hijas del hormigón, un ensayo en el que plasma su investigación sobre cómo las mujeres de barrios obreros se enfrentan al clasismo y al sexismo.
Un taller de macramé es para que las mujeres desarrollen habilidades sociales y se comuniquen. Para que tengan un hobby fuera de casa y un espacio para no estar por y para la familia. La cuestión es que tenga una perspectiva de género»
Aída dos Santos, politóloga
“Cuando aparecen carteles en los que explícitamente se menciona que vas a dar talleres sobre cómo salir de situaciones de violencia, en familias hostiles la propia mujer va a tener miedo de acercarse”, añade. Para Dos Santos, lo importante no es la actividad que se realiza en estos talleres, sino de qué se habla allí. “Yo he ido a talleres en Madrid de costura y de tejedoras donde había discursos muy feministas y empoderantes. Éramos mujeres universitarias en un alto porcentaje y también iban mujeres mayores. En ese diálogo intergeneracional, identificamos patrones que se repiten a lo largo del tiempo”, señala: “Un taller de meditación, para muchas mujeres, puede ser un rato para ellas mismas. La cuestión es que tenga una perspectiva de género”.
Más allá de la perspectiva con la que se enfoquen las actividades, no es la primera vez que se detectan casos de mal uso del dinero que da Igualdad a las administraciones locales, pero nunca se habían encontrado tantos como ahora. Según señalan desde el Gobierno, el año pasado se enviaron 748 requerimientos y la media de los años anteriores estaba en torno a 350. Es decir, se ha multiplicado por 12 el número de incidencias detectadas.
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