El país norteamericano se enfrenta a una ola de calor y una dramática sucesión de fuegos que se ceba en Toronto y Quebec, y cuyo humo llega ya a Nueva York, Minnesota y Wisconsin El país norteamericano se enfrenta a una ola de calor y una dramática sucesión de fuegos que se ceba en Toronto y Quebec, y cuyo humo llega ya a Nueva York, Minnesota y Wisconsin
La tripulación de un tren canadiense de mercancías pasó auténticos apuros en Armstrong (Ontario) cuando se vio obligada a detenerse para esperar el paso de … un convoy en sentido contrario y quedó rodeada por un formidable incendio forestal. El maquinista y los demás empleados comprobaron, y grabaron, cómo las llamas se aproximaban peligrosamente hasta la misma trinchera de las vías mientras la tensión aumentaba en el interior ante el riesgo de verse atrapados.
En un momento dado, el conductor expresa su alarma. El incendio se ha convertido en un muro de fuego que quema los árboles y despìde llamaradas y densas nubes de humo delante de la máquina. «Podría alcanzarnos. La cosa se está poniendo un poco aterradora», dice uno de los tripulantes. Otro de ellos comunica por radio al otro tren que acelere lo más posible. »Dense prisa, en serio, estamos envueltos en llamas«, urge. Finalmente, el segundo mercancías aparece, sigue su ruta y deja la vía libre al primer convoy, que reanuda rápidamente la marcha al tiempo que vuelan las brasas.
«Puedo confirmar que la tripulación fue evacuada de la zona de forma segura», ha declarado este miércoles una portavoz de la compañía ferroviaria. Aunque la empresa no ha precisado las causas del parón, parece que el tren se disponía a entrar en un tramo de vía única y debía aguardar a que la abandonase el otro mercancías. El incendio se cernió sobre ellos en cuestión de pocos minutos, avivado por los fuertes vientos y su propio microclima devastador.

(Reuters)
No se trata del primer siniestro forestal que causa miedo y estragos en el país norteamericano famoso por sus parajes naturales. Los vecinos de decenas de comunidades siguen en estado de alarma por los explosivos incendios que avanzan a gran velocidad. Los servicios nacionales de emergencia contabilizan unos 200 y de ellos unos 70 siguen fuera de control. El calor, el viento y la sequía por la falta de lluvias han abierto las puertas del infierno.
Ontario y Quebec, dos provincias muy extensas y pobladas, además de turísticas, son las más afectadas por el fuego, aunque no las únicas. Hogar histórico de las naciones nativas, algunos enclaves podrían verse en riesgo. Además de Amstrong, asentamientos como Collins First Nation, Gakijiwanong Anishinaabe Nation, Gull Bay First Nation, Lac des Mille Lacs First Nation y Whitesand First Nation han sido desalojados por los servicios de emergencia y se esperas nuevas evacuaciones antes del fin de semana. En Norfolk Country, 20.000 cerdos han muerto abrasados al quemarse una granja hasta los cimientos.
El humo representa un segundo frente perverso. Los cielos de Toronto, Ottawa y Montreal (situada a cientos de kilómetros de los incendios) se han tornado anaranjados y las autoridades han decretado la alerta por contaminación debido a las partículas de humo. Miles de ciudadanos se han resguardado en sus casas con las ventanas cerradas, las terrazas de los cafés y restaurantes están menos concurridas que de costumbre y se ha ordenado a la población que permanezca el menor tiempo posible en la calle y que no haga deporte al aire libre hasta que termine la alarma. Toronto ha sido este miércoles la ciudad más contaminada de todo el mundo, por delante de Kinshasa, Pekín y Nueva Delhi.

(Reuters)
El humo es de tal envergadura que ha llegado a los Estados Unidos. La calidad de aire en la última semana ha caído vertiginosamente en Michigan, Minnesota, Wisconsin y Nueva York.
El calor permanece disparado. El Gobierno calcula que cien millones de canadienses se encuentran en el filo rojo del termómetro, castigados por temperaturas de 36 y 38 grados centígrados hacia arriba. Hasta hace apenas un lustro, Canadá registraba en julio un máximo de ocho días bajo alerta de calor. Este año lleva quince. Y no hay visos de que se detenga. Las elevadas temperaturas continuarán hasta finales de mes por la persistencia de una cúpula de calor bastante impertinente y, sobre todo, extensa. A 3.000 kilómetros de Toronto, la ciudad estadounidense de Salt Lake City ronda estos días los 43 grados.
Canadá ha sido escenario de formidables oleadas de incendios. En 2023, su peor año, las llamas quemaron más de 15 millones de hectáreas de bosque boreal. La catástrofe alcanzó tal magnitud que se liberó a la atmósfera una cantidad de carbono solo superada por los tres países que más combustibles fósiles queman en el mundo: China, India y Estados Unidos.
El Servicio Forestal Canadiense ha publicado este verano un estudio donde revisa las últimas seis décadas de siniestros y concluye que el número total de incendios en el país ha descendido, pero en cambio han aumentado los de carácter explosivo. Los incendios grandes son ahora más grandes. Como los que afectan a Toronto y Quebec. Los profesionales los consideran fenómenos masivos y de difícil control, muy virulentos, impredecibles y cuyo crecimiento es tan veloz como arrojar una cerilla encendida sobre un montón de paja impregnada de gasolina.
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