España, cuando la calma está en el vértigo

Pedri, en un momento del partido contra Arabia Saudí.

Contra la duda, la calma. El empate frente a Cabo Verde en el estreno de España en el Mundial regó de interrogantes el vestuario. Estaban los que cuestionaron las decisiones de Luis de la Fuente, nada extraño en un grupo de 26 tipos, todos con aspiraciones y ego para ser titulares. El técnico, sin embargo, apeló a la tranquilidad. Aunque reivindicativo cuando le tocaba hablar en público —“Somos campeones de Europa, que nadie se olvide”, subrayó—, el seleccionador de la Roja mantenía la serenidad. Así lo explican los jugadores. Eso sí, De la Fuente masticaba cambios para el duelo frente a Arabia Saudí.

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Pedri, en un momento del partido contra Arabia Saudí. Con la presencia de Pedri y Olmo, juntos por primera vez, la selección de Luis de la Fuente reacciona en el Mundial  

Contra la duda, la calma. El empate frente a Cabo Verde en el estreno de España en el Mundial regó de interrogantes el vestuario. Estaban los que cuestionaron las decisiones de Luis de la Fuente, nada extraño en un grupo de 26 tipos, todos con aspiraciones y ego para ser titulares. El técnico, sin embargo, apeló a la tranquilidad. Aunque reivindicativo cuando le tocaba hablar en público —“Somos campeones de Europa, que nadie se olvide”, subrayó—, el seleccionador de la Roja mantenía la serenidad. Así lo explican los jugadores. Eso sí, De la Fuente masticaba cambios para el duelo frente a Arabia Saudí.

Los jugadores, entonces, comenzaron sus cábalas. Muchos se comenzaron a ver en el once inicial, algunos por los malos rendimientos de sus compañeros contra Cabo Verde, otros por los tocados físicamente como Oyarzabal y Laporte. Nadie, en cualquier caso, tenía clara su titularidad. Salvo Unai Simón, claro. Y por supuesto también Lamine Yamal: tras reaparecer unos minutos frente a Cabo Verde, el joven maravilla de España sabía que su destino estaba en el once inicial frente a Arabia. “Ya estás para jugar, tranquilo”, le advirtieron al 19. Pasa controles médicos todos los días.

Entonces, mientras De la Fuente mantenía el suspense en el vestuario y frente a las cámaras —“No tendría problema en decir el once, pero primero lo quiero hablar con los jugadores”, dijo en la previa en el Mercedes Benz Arena—, la hemeroteca recordaba que De la Fuente es tan firme como flexible. Tan capaz de defender su idea y a sus jugadores, como de adaptarse a las necesidades del equipo.

Cada vez que un gran torneo le ha comenzado torcido, De la Fuente ha reaccionado. Lo hizo en el Europeo sub-21 de 2019, cuando España cayó ante Italia en el debut y respondió con cuatro cambios para enfrentarse a Bélgica. Entraron Unai Simón, Junior Firpo, Mikel Merino y Dani Olmo. El equipo sobrevivió con un gol de Fornals en el minuto 89 y acabó levantando el título semanas después. También ocurrió en los Juegos Olímpicos de Tokio, donde el 0-0 inicial ante Egipto dio paso a una profunda remodelación frente a Australia, con retoques en los laterales y el centro del campo.

Entonces, después del estreno ante Cabo Verde aparecieron las incertidumbres. Si Lamine iba a estar más cómodo con Porro o con Llorente, se resolvió rápido. Bastaba con ver los entrenamientos. También analizaron el extremo izquierdo, sin profundidad ni juego interior con Gavi, por mucho que De la Fuente lo defendiera en la Cadena Cope: “Gavi hizo el trabajo que se le había encomendado, lo hizo perfectamente”. La solución, entonces, pasó por Baena.

Pero quedaba por arreglar lo más difícil: el centro del campo. Ya no había solo cuestiones futbolísticas, sino también de jerarquía en la plantilla. El trío formado por Rodri, Fabián y Pedri aseguraba tanto el balón (64% de posesión) como la presencia en campo contrario (426 toques en el último tercio). Pero fue más plano: 144 rupturas, sin profundidad ni ventajas claras (2.26 goles esperados). ¿La conclusión? El control y el equilibrio durmieron el marcador: 0-0.

De la Fuente, entonces, quería más vértigo. “Necesitábamos más intensidad, más verticalidad, más profundidad”, recordó el técnico. Y, con Lamine en el once, había que buscar la manera de potenciar a su chico franquicia. Sucedió lo inédito en la Roja desde el inicio: Pedri y Olmo juntos. Ambos son complementarios, también cuando Rodri cuida sus espaldas. Frente a Arabia, España dominó de manera similar el 63% de posesión, pero tocó menos el cuero en campo rival: 259. Sin embargo, fue más profunda: 159 rupturas y con goles esperados de 3.2. “La intensidad, el ritmo, la circulación de balón… ha corrido muchísimo el balón siempre con sentido y profundidad”, destacó De la Fuente. Menos acumulación, más daño. Cuatro goles.

Con Fabián y sin extremos puros, el equipo de Luis de la Fuente intentó madurar la jugada. En cambio, con Olmo, la Roja buscó encontrar una grieta en el bloque rival a través de recepciones entre líneas. Fue clave, en cualquier caso, retrasar la posición de Pedri. Algo que el canario reclama: “Es la posición en la que más cómodo me he sentido en toda mi corta carrera. Es una posición en la que toco mucho la pelota”, explicaba Pedri, en una entrevista con EL PAÍS.

Ante Cabo Verde, el centrocampista azulgrana comenzaba como interior cuando España tenía la pelota, para pasar a acompañar a Oyarzabal sin balón. Tuvo 0,80 intervenciones por minuto. En cambio, frente a Arabia Saudí, se colocó junto a Rodri en la medular para liberar a Olmo. Tuvo 0,99 intervenciones. “La idea era agobiar al rival desde el primer minuto y meterles en su área”, comentó De la Fuente.

En definitiva, Olmo y Lamine regaron de vértigo, al mismo tiempo que Pedri tomó las riendas del equipo. En el cuerpo técnico ya lo tenían meditado. “Siempre le damos muchas vueltas a la alineación, pero esos cambios los teníamos trabajados. Sabíamos que era una alternativa para ser más protagonistas en el área rival”, aseguran desde el staff de De la Fuente. Dudaba el técnico, pero mantuvo la calma. Y apostó por el vértigo.

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