A sus 38 años, Leo Messi nos recuerda a diario con sus goles en el Inter de Miami y con las convocatorias de la Albiceleste que continúa en activo, muy capaz de sobreponerse a las lesiones propias de la edad y de su exigencia competitiva, desde que en el año 2000 ingresó en el FC Barcelona. No conviene olvidar su dimensión de jugador universal, posiblemente el mejor de la historia, y siempre hay que tener presente su generosidad futbolística en unos tiempos de mucha prisa y fácil consumismo, también para encontrar ídolos que puedan ocupar el trono o encumbrar a juveniles como Lamine Yamal.
La celeridad obliga a reparar en la figura del 10 cuando se reconoce su trayectoria, talento, comportamiento y solidaridad con un premio de como el recibido este miércoles
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La celeridad obliga a reparar en la figura del 10 cuando se reconoce su trayectoria, talento, comportamiento y solidaridad con un premio de como el recibido este miércoles


A sus 38 años, Leo Messi nos recuerda a diario con sus goles en el Inter de Miami y con las convocatorias de la Albiceleste que continúa en activo, muy capaz de sobreponerse a las lesiones propias de la edad y de su exigencia competitiva, desde que en el año 2000 ingresó en el FC Barcelona. No conviene olvidar su dimensión de jugador universal, posiblemente el mejor de la historia, y siempre hay que tener presente su generosidad futbolística en unos tiempos de mucha prisa y fácil consumismo, también para encontrar ídolos que puedan ocupar el trono o encumbrar a juveniles como Lamine Yamal.
La celeridad obliga a reparar en la figura del 10 cuando se reconoce su trayectoria, talento, comportamiento y solidaridad con un premio de la categoría del Princesa de Asturias de los Deportes. Aunque no sería de extrañar que no tuviera en cuenta al galardón, más que nada porque es un trofeo que no se disputa —se concede— el delantero argentino se sentirá especialmente dichoso, feliz por evocar su paso por la competición española y por el Barça. No es que sea mudo, sino que le cuesta hablar e incluso abrir la boca, más propenso a reír o a llorar, a gusto con su expresividad corporal, visto como un pecho frío hasta que ganó la Copa con Argentina.
La gracia de Messi está en la cabeza y en el pie izquierdo, a pesar de que también sabe marcar goles con la cabeza y hasta con el escudo, como demostró cuando, para ponerle alguna pega, le buscaron unas cosquillas que dijo no tener en una entrevista en EL PAÍS. Messi juega como solo sabe jugar Messi, como si tuviera una sola jugada que se repetirá hasta la eternidad, y, si se admiten comparaciones, juega más rápido y mejor que el más distinguido de los jugadores y, además, sin romper a sudar, igual que cuando era aquel niño invisible al que su abuela pedía que le dejaran jugar un ratito en un costado del campo en su cuna de Rosario.
Messi se ha ganado el respeto de los aficionados por su amor a la pelota y estima por el juego y sus reglas naturales, las que obligan a no ser un grosero ni un provocador, siempre consciente de que un adversario no es un enemigo, sino un rival a batir a partir del virtuosismo y, si acaso, con la picaresca propia de un regateador por excelencia, fiel a la camiseta del 10. Nunca soportó perder y, sin embargo, cuando salió derrotado no buscó a un culpable públicamente ni recurrió a gestos populistas de cara a la grada, tampoco señaló al banquillo ni al palco, quizá porque nunca quiso ser un caudillo ni tener la conciencia de clase de Maradona.
Virtuoso único en la cancha, ha procurado ser un ciudadano corriente, apegado a la familia, solidario con causas humanitarias especialmente asociadas a los niños y lejos del poder, como si no supiera qué hacer sin el balón, razón de más para pensar por qué sigue jugando cuando está a punto de cumplir los 39. La ética del trabajo le permite sobresalir en cada jornada y no solo en los días señalados, igual de fiable y resolutivo en un amistoso que en una final del Mundial. No es extraño que ya no le quede ningún premio por ganar y que solo reciba los que tienen a bien concederle, como ha sucedido con el Princesa de Asturias de los Deportes.
No hay manera mejor de dar las gracias a Messi por su empeño en seguir en activo que con un galardón que trasciende al deporte y, por supuesto, al fútbol: ejemplar Messi.
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