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Alemania y Francia dejarán de trabajar de forma conjunta en el proyecto de un nuevo avión de combate europeo. Esta noticia de hace pocos días … ha llenado de pesimismo a los que intentan poner en pie capacidades de defensa continentales. A pesar de la multiplicación de riesgos del panorama internacional, los principales Gobiernos europeos son miopes respecto al nuevo escenario de rivalidades entre grandes potencias. La UE está mal preparada para defender sus intereses y proyectar sus valores en un mundo en el que la seguridad nacional es un concepto omnipresente y en expansión, las amenazas y el uso de la fuerza sustituyen cada vez más a la diplomacia, y la revolución tecnológica, encabezada por Estados Unidos y China, tiene un impacto disruptor gigante.
No resulta nada sencillo añadir una Unión de Defensa al proceso de integración en marcha. Por un lado, es necesario poner en pie un pilar europeo en la OTAN, la única organización que garantiza de forma efectiva (todavía) la seguridad del continente. Estados Unidos se resiste a esta idea, porque no quiere un contrapeso a su clara hegemonía en la Alianza Atlántica. Por eso este pilar debe plantearse a partir de una división inteligente del trabajo, que permita a Washington centrarse en su proyección en Asia y la contención de China.
La otra iniciativa imprescindible en el camino hacia una defensa europea es planear, invertir y desarrollar capacidades de defensa de forma conjunta y avanzar hacia la integración de las industrias militares nacionales. Se están dando pequeños pasos, en especial desde la invasión rusa de Ucrania, pero el fracaso de proyectos como el del avión de combate es un jarro de agua fría.
No obstante, cada vez más ciudadanos apoyan la inversión en defensa, tanto en los países que sienten cerca la amenaza rusa, como en los más periféricos, el caso de España. Los ciudadanos empiezan a despertar de un largo período de ensoñación pacifista en el que siempre estaba Estados Unidos ahí para salvarnos. Todavía no hay suficiente cultura de defensa en la mayoría de los Estados miembros -¿Cuántas familias aceptarían que sus hijos combatiesen por sus países?– pero el debate de la defensa europea ha venido para quedarse. La muy buena noticia de que Ucrania, desde hace unas semanas, está ganando la guerra a Rusia debería ser un motivo de esperanza. Es necesario luchar contra una mentalidad lampedusiana extendida en el continente: todo tiene que cambiar para que nada cambie, y al final todo volverá a ser como siempre, porque la rivalidad entre potencias y el riesgo geopolítico van a aumentar de modo exponencial.
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