El exdirector del Centro Niemeyer, ubicado en Avilés (Asturias), el gestor cultural Natalio Grueso, fue indultado ayer, martes, por el Gobierno debido a su “estado de salud”, informó el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Grueso, de 56 años, está cumpliendo condena de ocho años de prisión por su gestión al frente de este centro cultural: cinco por malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil y tres por un delito societario, según sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias del 25 de junio de 2020, ratificada en abril de 2023 por el Tribunal Supremo. También fue condenado a ocho años de inhabilitación para contratar con la Administración y a una multa, conceptos ambos que no han sido incluidos en el indulto.
El gestor cultural había huido de España tras ratificar el Tribunal Supremo en 2023 la condena de ocho años de cárcel por su gestión al frente del conocido espacio cultural de Avilés
El exdirector del Centro Niemeyer, ubicado en Avilés (Asturias), el gestor cultural Natalio Grueso, fue indultado ayer, martes, por el Gobierno debido a su “estado de salud”, informó el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Grueso, de 56 años, está cumpliendo condena de ocho años de prisión por su gestión al frente de este centro cultural: cinco por malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil y tres por un delito societario, según sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias del 25 de junio de 2020, ratificada en abril de 2023 por el Tribunal Supremo. También fue condenado a ocho años de inhabilitación para contratar con la Administración y a una multa, conceptos ambos que no han sido incluidos en el indulto.
Grueso fue detenido el pasado diciembre en el Algarve (Portugal) en la pequeña isla de la Culatra, al sur del país, cuando estaba sentado en una cafetería, contaron entonces fuentes de la investigación, desarrollada por la Guardia Civil.
El caso de Grueso obedece a unas facturas no justificadas, según la sentencia, cuando dirigía la Fundación Niemeyer, entre 2006 y 2011, por una cuantía de 78.819 euros, un dinero que devolvió posteriormente. Sin embargo, Grueso, que fue el primer director del Centro Niemeyer, desde que se inauguró en marzo de 2011 hasta 2012, se fugó cuando debía ingresar en prisión en 2023. Después, la Audiencia Provincial de Oviedo dictó orden internacional de detención. Las investigaciones llevaron finalmente a su detención en el Algarve para ingresar en la prisión de Aranjuez (Comunidad de Madrid).
La decisión adoptada ayer por el Consejo de Ministros ha tenido en cuenta la solicitud de indulto presentada en 2023 por su familia y que contaba con el respaldo de “numerosos artistas y personas del sector audiovisual”, como los cineastas Woody Allen y Carlos Saura (ya fallecido), los cantantes Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat o el exministro de Trabajo Manuel Pimentel, editor de algunos de la decena de libros publicados por Grueso. Según el ministerio, el indulto obedece a “motivos humanitarios relacionados con su estado de salud”.

Tras conocerse esta noticia, la familia de Grueso ha manifestado su “alivio y esperanza” por el indulto, debido a “su delicada situación, motivada por la enfermedad que padece y que ha empeorado seriamente durante sus últimos meses en prisión”, informa la agencia Servimedia. “En momentos así, la humanidad y la protección de la vida y de la dignidad de las personas deben ocupar un lugar esencial”, añaden.
“Ha sido un largo y doloroso proceso, que se ha extendido durante más de 15 años. Natalio ha hecho frente íntegramente a todas sus responsabilidades económicas y ha desarrollado una extensa trayectoria de creación y promoción de la cultura, tanto en España como en el ámbito internacional”, han subrayado sus familiares, para quienes ahora, “Natalio podrá afrontar su situación acompañado por sus seres queridos y en las condiciones de cuidado más adecuadas”.

La historia de Natalio Grueso es como un guion de esas películas que tantas veces se han visto, pero siguen atrayendo. El auge y caída en apenas unos años de un brillante gestor cultural que consiguió que un genio de la arquitectura como el brasileño Oscar Niemeyer diseñara un centro cultural para la ría de Avilés. O poseer una agenda con los contactos de estrellas que incluía su amistad con el director de cine Woody Allen. De ahí pasó a las acusaciones por su gestión, a un juicio que él mismo no llegaba a tomar en serio porque pensaba que quedaría en nada (a veces, con cierta soberbia, leía una novela mientras transcurrían las sesiones) y a una condena que abrió un agujero negro en su vida.
Desde entonces, Grueso padeció lo que había escrito premonitoriamente al comienzo de su novela de debut, La soledad: “No hay nadie que sepa más de la soledad que yo”. Un libro elogiado por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa —del que ha adaptado algunas de sus obras al teatro— y por el superventas Paulo Coelho.
La gran obra de Grueso, el Niemeyer, no tuvo una planificación fácil. Una fuente cercana al gestor cultural recuerda que este viajaba con frecuencia a Río de Janeiro para limar las diferencias que había entre el equipo de arquitectos de Oscar Niemeyer y la empresa constructora. En su gestión logró hitos que dejaron boquiabierto al mundo cultural español. Consiguió que antes de la inauguración actuasen en Avilés Paco de Lucía, Enrique Morente, la soprano Barbara Hendricks y se representase el Ricardo III, de Shakespeare,que había montado el actor estadounidense Kevin Spacey. También llevó a figuras como los actores Omar Sharif y Brad Pitt, el director británico de cine Sam Mendes, la escritora marroquí Fatima Mernissi y, en especial, consiguió que se preestrenara la película Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen.

Natural de Moreda, un pueblo de la cuenca minera asturiana, de extracción humilde y hablar calmo, Grueso estudió Derecho y trabajó en organismos internacionales (la ONU, en Nueva York, y una consultora para la UE, en Bruselas), gracias a su dominio de varios idiomas.
Fichado por la Fundación Príncipe de Asturias a principios de los dos mil; en 2005, cuando se cumplían 25 años de los prestigiosos galardones que concede esta institución, se le encomendó que recorriera el mundo visitando a personalidades que habían sido distinguidas para que colaboraran en la celebración. Fue así como, en Río de Janeiro, contactó con Oscar Niemeyer, quien cedió gratuitamente el proyecto del que sería su única obra en España, el Centro Niemeyer, para la tercera ciudad asturiana. Avilés, hoy con 76.000 habitantes, tiene un pasado teñido por la gran contaminación que sufría debido a la planta siderúrgica ubicada donde hoy está el complejo cultural de hormigón blanco y curvilíneo.
Sin embargo, el sueño duró muy poco. Dos meses después de la inauguración, ganó las elecciones autonómicas en Asturias el partido regionalista Foro Asturias, comandado por Francisco Álvarez-Cascos, ex vicepresidente segundo del Gobierno con José María Aznar, del PP. El director del Niemeyer había sido aupado por el gran rival político en Asturias de Álvarez-Cascos, el socialista Vicente Álvarez Areces. En una reunión del Patronato del Niemeyer se revisaron las cuentas del año anterior y se comprobó que había «un presupuesto importante en viajes” sin justificar, como se filtró a la prensa. Fue el principio del fin de Grueso. Tras un juicio en el que su entorno consideró que se había equivocado de estrategia, llegó la condena en 2020, que ratificó el Supremo tres años después, y la huida de Grueso hasta su detención en Portugal el pasado diciembre.
Ocho meses después de entrar en la cárcel, Grueso volverá a la calle, con serios problemas de salud y el recuerdo de su exitosa carrera. La soledad de la que hablaba en su primer libro será ahora, como escribía al final de esta obra, “más llevadera en buena compañía”.
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