Borrachera, papalina, chupeta: la RAE presenta su primer ‘Diccionario de sinónimos y antónimos’ en tres siglos de historia

Al hablar y al escribir se usan habitualmente sinónimos, palabras que significan lo mismo respecto a otra, pero se escriben de diferente forma. Por ejemplo, sinónimo tiene, entre otros sinónimos, igual, equivalente, parecido… De esa elección por los hispanohablantes de unas palabras y no otras con un significado cercano se ocupa el nuevo Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines (Espasa), el primero de este tipo y en papel de la Real Academia Española (RAE) en sus 313 años de historia, presentado este miércoles en la sede de la institución en Madrid. Un resultado que se ha servido tanto del diccionario general como de otras obras académicas.

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 Esta obra, consensuada entre las 23 academias de la lengua española, reúne más de 255.000 sinónimos y más de 20.000 antónimos  

Al hablar y al escribir se usan habitualmente sinónimos, palabras que significan lo mismo respecto a otra, pero se escriben de diferente forma. Por ejemplo, sinónimo tiene, entre otros sinónimos, igual, equivalente, parecido… De esa elección por los hispanohablantes de unas palabras y no otras con un significado cercano se ocupa el nuevo Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines(Espasa), el primero de este tipo y en papel de la Real Academia Española (RAE) en sus 313 años de historia, presentado este miércoles en la sede de la institución en Madrid. Un resultado que se ha servido tanto del diccionario general como de otras obras académicas.

Como se indica en la portada de este volumen, de 2.226 páginas, recopila más de 255.000 sinónimos o afines y más de 20.000 antónimos u opuestos, distribuidos en más de 44.000 entradas. La diferencia de cantidad tan grande entre unos y otros estriba en que “en las lenguas, la función de las palabras es normalmente nombrar la realidad; los animales, las plantas, los objetos, las profesiones, no tienen un contrario. ¿Cuál sería el antónimo de caballo?, por ejemplo», ha explicado en la presentación la responsable del Instituto de Lexicografía de la RAE, Elena Zamora.

En este académico listado de palabras se aprecia, verbigracia, la gran abundancia de sinónimos en un término como “borrachera”, de la que se recogen cerca de sesenta: embriaguez, beodez, trompa, merluza, castaña, tajada, papalina, turca, mamadera, chupeta, cucuruca, pedal… Eso sí, todos sus antónimos se resumen en uno: “sobriedad”.

Como puede verse con la palabra borrachera, este diccionario, al igual que las otras obras académicas de la RAE, es panhispánico, por lo tanto, se ha consensuado con la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), formada por las 23 corporaciones que hay en el mundo. Así, una abreviatura indica si la palabra procede de América, o de España, o si es coloquial, o poco usada, entre otras aclaraciones.

Desde Espasa apuntan que el libro está dirigido, sobre todo, a los curiosos y estudiosos del lenguaje que quieran tener en su biblioteca una obra de consulta como esta, y en papel. No obstante, en la edición en línea del Diccionario de la Lengua Española (DLE) ya existe, desde su versión digital de 2023, la opción de ver en cada artículo sus sinónimos y, en caso de que los tenga, sus antónimos.

En su intervención, Zamora hizo un repaso a la historia de la RAE para explicar por qué han tenido que pasar más de tres siglos para que una obra así vea la luz, cuando el primer ejemplar de sinónimos, para la lengua francesa, se publicó en 1718, o para la inglesa en 1776 (aunque no se llamaban diccionarios).

En España tardaron algo más en aparecer las primeras obras sobre este asunto. En 1843 se publicó el Diccionario de sinónimos de la lengua castellana, de Pedro María de Olive, y hubo otros, pero ajenos a la academia. “La corporación preparaba uno a mediados del XIX, pero finalmente no vio la luz, hasta hoy”.

“La sinonimia es uno de los fenómenos más intuitivos y problemáticos, porque los hablantes tienen la conciencia de que hay palabras que significan lo mismo, pero luego no es tan así. La palabra anciano o viejo se aplica a personas, pero no a las cosas”, añadió.

En el lenguaje, no todo es claro y evidente. “Hay sinónimos que se han incorporado tomados de otras lenguas, como sponsor por patrocinador»; también recordó que existen los geosinónimos, las palabras que, siendo diferentes, nombran un mismo concepto, pero que se utilizan en regiones o países distintos. Así ocurre con orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco.

Como casi todo lo bueno del español está en el Quijote, Zamora se refirió a que Cervantes habla en un capítulo de su obra de un pescado que, según la zona, se llamaba abadejo, bacalao, curadillo o truchuela. Luego hay casos curiosos. “¿Por qué hay partes del cuerpo, como la cabeza, que tienen muchos sinónimos, y en cambio otras, como la mano no los tiene?“. ”En definitiva, se trata de que los hablantes elijamos las palabras adecuadas para modular nuestro discurso».

Preguntada sobre qué tipo de hablas o escrituras, si la informal o la culta, ha pesado históricamente más a la hora de formar sinónimos, Zamora apuntó que “en general, proceden más de lo coloquial, aunque todo pesa, también la literatura”.

Previamente, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, dijo que este nuevo diccionario se inserta en el interés por parte de la academia en el lenguaje claro, “una iniciativa a la que se han sumado 600 instituciones del mundo hispano”. “Es un deber dirigirse a los ciudadanos en aquellas resoluciones referidas a sus derechos con los conceptos y frases que se entiendan mejor”. En esto incluyó a “todas las corporaciones y profesiones que tienen un lenguaje diferenciado, como médicos y farmacéuticos”.

“Es un diccionario que sirve para tener alternativas cuando formulamos una idea”, añadió Muñoz Machado para terminar, acabar, finalizar, concluir, rematar, finiquitar o agotar.

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