El país caribeño busca contra reloj supervivientes bajo los escombros y teme que los fallecidos al final se cuenten por miles El país caribeño busca contra reloj supervivientes bajo los escombros y teme que los fallecidos al final se cuenten por miles
La tierra tembló el miércoles en Venezuela como no lo había hecho en más de un siglo. Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7, … 5 en la escala de Richter con apenas 39 segundos de diferencia y epicentro en el Estado de Yaracuy, en la zona centro-norte del país, sacudieron el territorio caribeño con consecuencias devastadoras. El «doblete sísmico», como llaman los expertos a este episodio que se sintió incluso en Colombia, dejó un reguero de destrucción y muerte, que se traduce por ahora en 920 fallecidos -incluidos una vizcaína y otro ciudadano español, así como un conductor de la Embajada y su familia, de nacionalidad venezolana-, 3.360 heridos y 50.000 desaparecidos, según Tom Fletcher, el jefe de ayuda humanitaria de la ONU. Un balance, sobre todo el mortal, que se teme que aumente, y mucho, con el paso de las horas. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima que los fallecidos podrían rondar entre los 10.000 y los 100.000. Como «en una película de terror», retrataba una vecina, que tuvo que «trepar por encima de los escombros» para lograr salir de su edificio. Una «tragedia», resumió la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, que declaró el estado de emergencia.
Venezuela disfrutaba de una jornada festiva –por el 205 aniversario de la Batalla de Carabobo, que sentenció la Guerra de Independencia con España– cuando comenzaron las sacudidas. La primera se registró a las 18.04 hora local y tuvo su epicentro en San Felipe, capital de Yaracuy. Fue el terremoto «precursor», con 7,2 en la escala de Richter y a 21,9 kilómetros de profundidad. Apenas medio minuto después, sin tiempo para reaccionar y con muchas de las víctimas ya bajo los escombros, llegó el seísmo «principal», con origen en Yumare y el más fuerte (7,5) que soporta el país desde el año 1900. Las réplicas, en torno a la treintena, se prolongaron hasta la madrugada de ayer, mientras los rescatistas buscaban supervivientes entre las ruinas ayudados, en muchos casos, sólo de linternas y alguna cuerda.
El impacto de los dos terremotos ha sido brutal en un país cuya situación era ya trágica antes de este desastre, con más de una cuarta parte de la población (7,9 millones del total de 28,5 millones censados, según la ONU) necesitada de ayuda humanitaria. Lo peor se lo llevaron las regiones de Trujillo, Carabobo, Miranda y, especialmente, La Guaira –a unos treinta kilómetros de Caracas y donde se levanta el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, el principal del país– que fue declarada oficialmente «zona de desastre» por la cantidad de edificios hechos añicos. Tal era el caos en este rincón frente al Caribe, que hace un cuarto de siglo perdió miles de vidas en unas lluvias torrenciales, que los primeros balances de fallecidos ni siquiera incluían sus víctimas. A sus vecinos les bastaban tres palabras para describir lo que tenían ante sus ojos: «Todo se desplomó».
El USGS calcula que más de 2,3 millones de venezolanos se vieron expuestos a un temblor «muy fuerte» y que otros 429.000 se encontraban en áreas donde hubo una sacudida «severa» o, como mínimo, «violenta». La intensidad de los dos terremotos obligó incluso a emitir la alerta de tsunami, aunque poco después fue cancelada. El doblete sísmico sorprendió a Coro Martínez, de 56 años, en su vivienda del este de Caracas, donde oyó «un estruendo muy fuerte, se cayeron cosas, jarras dentro del refrigerador…». Ella «nunca» se había visto en una situación así, pero los vecinos de más edad de la capital aún recuerdan las consecuencias del seísmo de julio de 1967, el más mortífero del siglo pasado en la ciudad: 274 fallecidos, media docena de inmuebles colapsados y daños valorados en 100 millones de dólares de la época.
Escenas de pánico
La devastación causada por los temblores del miércoles todavía es difícil de medir en cifras, aunque los primeros cálculos dan idea de la tragedia. Más de 300 edificios (bloques de viviendas, iglesias, la sede central de Cruz Roja, facultades universitarias, hoteles, instalaciones militares…) habrían detectado desperfectos en todo el país y al menos un tercio de ellos se encontraría en colapso total o, lo que es lo mismo, reducido a escombros. El Servicio Geológico de Estados Unidos apunta pérdidas económicas que rondarían entre el 1% y el 7% del PIB venezolano. Y la principal plataforma online habilitada para registrar desaparecidos tras los seísmos contabilizaba el jueves más de 30.000. La ONU, sin embargo, dice que hay 50.000 desaparecidos. Entre los ciudadanos sin localizar, confirmó el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, hay 119 españoles y 14 bajo los escombros.
Diosdado Cabello, responsable de Interior en el Gobierno venezolano, deslizó que los equipos de emergencias –se concentraron medios de todo el país en los Estados afectados– hacían lo que podían en un territorio inmerso desde hace años en varias crisis simultáneas (política, económica y humanitaria) y con un profundo deterioro de sus infraestructuras. «Estamos atendiendo la situación con todos los recursos a nuestro alcance en materia de seguridad y asistencia civil», asumió, consciente de la necesaria ayuda internacional. Estados Unidos fue de los primeros en responder a la llamada de socorro y comprometerse al envío de ayuda. «Los dos grandes terremotos que acaban de azotar al gran pueblo de Venezuela son de una magnitud enorme y han dejado un número devastador de muertos», lamentó el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, que mantiene una relación fluida con la actual presidencia tras la captura de Nicolás Maduro en enero. México, Francia, El Salvador, Alemania, Panamá… y también España, entre decenas de naciones, se sumaron a la ola de solidaridad. Pero los seísmos mostraron también la peor cara del ser humano, con saqueos que se extendieron por diferentes zonas arrasadas por los seísmos, como la costera Catia la Mar.
Exposición de la población
Un tercio de la población afectada soportó los niveles de movimiento de tierra más peligrosos
El shock en el país es enorme tras unos temblores que, según algunos expertos, generaron energía similar a la de 260 bombas nucleares. Los esfuerzos se centran ahora en las labores de rescate –las primeras 48 horas son fundamentales para hallar supervivientes, y se cumplen en la madrugada de mañana en España– y en tratar de que el país siga en funcionamiento, pese a que varias aerolíneas han cancelado los vuelos con Caracas, las clases han quedado suspendidas para los próximos días y los centros sanitarios se han visto obligados a alterar su actividad para dar prioridad a la atención de las víctimas de los terremotos. La industria petrolera, eso sí, no se ha visto perjudicada, aunque podría ponerse en riesgo si los cortes del suministro eléctrico –también de agua– que se repiten desde los seísmos derivan en un apagón prolongado.
«Son horas duras», admitió la presidenta encargada del país caribeño, que anunció un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción y pidió «calma» a la población. Algo muy complicado en las localidades donde la tierra sacudió más fuerte y sus vecinos se quedaron sin nada en apenas 39 segundos. «Unidos vamos a superar esta tragedia. Sepan que Venezuela está recibiendo el amor de los pueblos del mundo».
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