La París-Roubaix es un Monumento en manos del destino, que según los románticos es la única fuerza contra la que no se puede luchar, y en manos de Mathieu van der Poel, mitad humano, mitad bestia que flota en la cresta del pavés. Los pedruscos traicioneros, símbolo de lo inevitable, de lo inconquistable, se ríen del esfuerzo de los hombres, los baches de la existencia. Fuego cada uno de ellos que arde para apagar el fuego de los demás. Contra el destino más que contra ellos mismos, atacando y persiguiendo una ilusión, huyendo de la pesadilla en alas del viento de espaldas, luchan los dos favoritos de la razón, Tadej Pogacar, que pincha tres veces, Mathieu van der Poel, que cambia dos veces de bicicleta, y lucha también Wout van Aert, el maldito, el favorito del corazón, que al romanticismo le opone el sentimiento y la obstinación, y a todos derrota cuando en el velódromo de sus sueños esprinta fortísimo y deja clavado a Pogacar en un mano a mano fulminante. Levanta solo un brazo para celebrar la victoria. Un dedo hacia el cielo.
El ciclista belga gana su primer carrera en el Infierno del Norte en el ‘sprint’ final
El ciclista belga gana su primer carrera en el Infierno del Norte en el ‘sprint’ final


El belga Wout Van Aert (Visma) alcanzó la gloria este domingo en la París Roubaix tras superar en un histórico duelo mano a mano al gran favorito, el esloveno Tadej Pogacar. El ciclista de 31 años evitó con su victoria dos hechos históricos: que Pogacar lograra el quinto Monumento consecutivo y que Mathieu van der Poel ganara su cuarta París-Roubaix consecutiva. Van Aert batió al fenómeno esloveno al sprint con un contundente ataque dentro del velódromo, a unos 100 metros de la línea de meta.
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