El presidente no busca un cambio de régimen en la isla sino un régimen «con gente nueva» que se pliegue a sus órdenes e impulse reformas económicas El presidente no busca un cambio de régimen en la isla sino un régimen «con gente nueva» que se pliegue a sus órdenes e impulse reformas económicas
En medio de una crisis energética sin precedentes por el bloqueo a los envíos de petróleo venezolano decretado por Estados Unidos, Cuba comenzó a recuperarse … este martes del sexto apagón total que sufre en apenas año y medio, fruto de una infraestructura anticuada y mal mantenida. Más difícil le resultará librarse de la amenaza cada vez más explícita que se cierne sobre la isla.
Porque Donald Trump la tiene en su punto de mira. Y no tiene inconveniente en reconocerlo con un discurso claramente imperialista: «Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Liberarla o tomarla, la verdad es que podría hacer con ella lo que quisiera, si le digo la verdad». Así respondió el presidente a quien le preguntó por el país caribeño en el Despacho Oval el lunes por la tarde, acrecentando los temores a que Washington no se contente con ahogar al régimen comunista y decida ir a por él cuando acabe con el iraní. O incluso antes.
De momento, el propio Trump ha afirmado en varias ocasiones que miembros de su círculo están en contacto con La Habana, y el diario ‘The New York Times’ avanza hoy que, según cuatro de esas personas, una de las principales exigencias del republicano es la dimisión del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. Después, siempre según el rotativo estadounidense, no arremetería contra los miembros de la familia Castro. Es la misma estrategia que Trump ha seguido en Venezuela tras la abducción de Nicolás Maduro: no busca un cambio de régimen sino un régimen que se pliegue a sus designios.
El secretario de Estado, Marco Rubio, afianzó esas ideas este martes al afirmar que los cambios anunciados por Cuba «no son lo bastante drásticos» y que, por esa razón, «tiene que poner a gente nueva al mando». El objetivo principal en ese escenario sería impulsar reformas económicas que acaben con el comunismo y acerquen Cuba a lo que era antes de la revolución de Fidel Castro. Eso supondría, como ha hecho con Venezuela, alejar a la isla de sus aliados tradicionales, entre los que destacan China y Rusia.
Impotencia de China y Rusia
De momento, Pekín guarda un relativo silencio diplomático, roto solo por los habituales llamamientos a la calma y a la legalidad internacional, pero trata de mantener al régimen castrista a flote con un impulso a las energías renovables, sobre todo la solar, para mitigar el golpe energético que le ha propinado Trump. Según analistas mencionados por el ‘Washington Post’, el gigante asiático podría cubrir pronto el 10% de las necesidades del país con las granjas solares que construye. Pero todo apunta a que no será suficiente, porque el tiempo corre en su contra.
Algo más contundente se ha mostrado Moscú. «Por nuestra parte, seguiremos brindando a Cuba el apoyo necesario, incluyendo el envío de ayuda material», comunicó ayer el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, también mencionó la situación del país latinoamericano en su rueda de prensa diaria. «Por supuesto que estamos listos para cualquier posible asistencia, y todos los problemas se están tratando con nuestros colegas cubanos», comentó, antes de añadir que Moscú y La Habana están manteniendo contacto a diferentes niveles.
No obstante, Rusia está enfrascada en la invasión de Ucrania y los ejemplos de Irán y Venezuela ya han demostrado que no se encuentra en condiciones para ofrecer ningún tipo de asistencia relevante a sus aliados. Mientras tanto, Trump incide en que «Cuba ahora mismo está en muy mala situación» y se limita a deslizar la posibilidad de algún tipo de intervención: «Algo haremos conCuba», sentencia.
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