Estadounidenses e iraníes se enzarzaron durante todo el día en un juego de cortinas de humo y de presionar desde el inmovilismo Estadounidenses e iraníes se enzarzaron durante todo el día en un juego de cortinas de humo y de presionar desde el inmovilismo
La incertidumbre, los retrasos y el deterioro de las condiciones para un acuerdo marcaron la segunda ronda de conversaciones entre EE UU e Irán. A … última hora del martes, hora española, Trump anunció que ampliaba el alto el fuego hasta que concluyan las negociaciones con Irán.Las delegaciones de ambos países estaban citadas desde ayer en Pakistán, el escenario elegido para las conversaciones, pero esa posibilidad se difuminó durante el día: el líder del equipo negociador estadounidense, el vicepresidente JD Vance, todavía seguía en Washington al cierre de esta edición, mientras que desde Irán se mantenía que no se había llegado a una decisión final sobre su participación en la segunda ronda de conversaciones.
La misma situación afectaba a los dos negociadores principales de Trump en asuntos internacionales, su amigo Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner. Ambos seguían en territorio de EE UU ayer por la tarde, en otra señal poco halagüeña para la celebración de encuentros diplomáticos.
Estadounidenses e iraníes se enzarzaron durante todo el día en un juego de ‘smoke and mirrors’, de cortinas de humo, de juegos de manos, de no enseñar las cartas, de presionar desde el inmovilismo. La Casa Blanca filtró que el viaje de su delegación estaba «en suspenso» porque, según revelaron fuentes gubernamentales a ‘The New York Times’, los iraníes «no han respondido a las posiciones negociadoras de EE UU». Esas posiciones fueron compartidas en una propuesta escrita que establece los puntos básicos de un acuerdo que Irán tendría que aceptar para abrir un proceso negociador.
La exigencia esencial de Trump es que Irán desmantele su programa nuclear. Teherán mantiene más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60% que se cree enterrado en instalaciones bombardeadas el año pasado por EE UU e Israel, con una pureza que le coloca cerca de tener material para desarrollar armas atómicas.
En los últimos días, lo que queda del régimen iraní ha defendido que Washington mantiene posiciones «maximalistas» que impiden el acuerdo. Ayer, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmaeil Baghaei, aseguró a la televisión pública iraní que su Gobierno no había tomado una decisión final sobre si participar o no en la nueva ronda de negociación en Islamabad. «No se debe a nuestra indecisión, sino a los mensajes contradictorios, el comportamiento inconsistente y las acciones inaceptables del lado estadounidense», defendió.
La tensión sobre la supervivencia de las conversaciones tenía de fondo un plazo decisivo: el final de la tregua decretada por Trump hace dos semanas para abrir el proceso diplomático. Aquí también reinaba la incertidumbre. Según la televisión pública iraní, el alto el fuego expiraba a las 03.30 de la madrugada, hora de Teherán (dos de la mañana de España), lo que sería consistente con el plazo de dos semanas anunciado por el presidente de EE UU. Pero en la víspera Trump anunció que la tregua duraba hasta el «miércoles por la noche», hora estadounidense, es decir, hasta la madrugada de mañana en Oriente Próximo.
Para meter presión a las negociaciones, el multimillonario neoyorquino aseguró ayer por la mañana que no tenía pensado extender el alto el fuego, incluso aunque las negociaciones fueran bien. «No quiero hacer eso», dijo en una entrevista con la cadena CNBC. Defendió que, con independencia de cómo se desarrollen los contactos, su expectativa es volver a «bombardear» Irán. «Es una actitud mejor para ir allí (a las negociaciones)», agregó.
Trump: «No tengo prisa»
La primera ronda de contactos en Pakistán, también liderada por Vance, acabó sin avances. Pero el proceso recibió un impulso la semana pasada, cuando EE UU logró una tregua de diez días entre Israel y el Líbano, a la que Irán respondió con la reapertura del Estrecho de Ormuz, su gran carta estratégica.
Aquello desató el optimismo de Trump, que llegó a decir que habría acuerdo «en uno o dos días» y que Irán había aceptado entregar su uranio enriquecido. Desde entonces, las condiciones para llegar a un pacto se han deteriorado. Las negociaciones se han retrasado hasta el punto de estar en la cuerda floja. Irán negó que hubiera aceptado entregar el uranio y volvió a cerrar Ormuz por la decisión de Trump de mantener su propio bloqueo naval a los barcos iraníes, que Teherán considera «un acto de guerra».
En los últimos días, la Armada norteamericana ha apresado dos barcos iraníes -el lunes, un carguero que navegaba desde Malasia; ayer, un petrolero en el Índico- y la tregua en el Líbano se tambaleaba después de un ataque de Hezbolá al ejército israelí. Desde EE UU, Trump mantenía que no se apresurará a un acuerdo que no le interese, en medio de presiones internas y de fracturas en su electorado por una guerra impopular en su país. «Yo quiero obtener un buen acuerdo. No me van a meter prisa. Tengo todo el tiempo del mundo», advirtió el presidente.
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