“Me llamo Ángela. Me van a matar”. El 12 de abril de 1996, esta frase, pronunciada ante una cámara por una alumna de la madrileña Facultad de Ciencias de la Información encarnada por Ana Torrent, se escuchó por primera vez en las salas comerciales españolas. Ese viernes se estrenó Tesis, y desde ese día su director y coguionista, Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 54 años), que debutaba en la dirección de largos, se convirtió en estrella. Tres décadas después, este martes, la Facultad —en la que estudió Amenábar y que albergó el rodaje del thriller— ha proyectado Tesis como celebración del cumpleaños. En el coloquio posterior, el cineasta ha recordado cómo fue aquel inicio de su carrera y ha anunciado que acaba de iniciar una remasterización que corregirá algunos fallos técnicos del filme.
La Facultad de Ciencias de la Información de la UCM acoge una proyección del icónico ‘thriller’ y un coloquio con su director, que ha anunciado su remasterización, para celebrar las tres décadas del estreno
“Me llamo Ángela. Me van a matar”. El 12 de abril de 1996, esta frase, pronunciada ante una cámara por una alumna de la madrileña Facultad de Ciencias de la Información encarnada por Ana Torrent, se escuchó por primera vez en las salas comerciales españolas. Ese viernes se estrenó Tesis, y desde ese día su director y coguionista, Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 54 años), que debutaba en la dirección de largos, se convirtió en estrella. Tres décadas después, este martes, la Facultad —en la que estudió Amenábar y que albergó el rodaje del thriller— ha proyectado Tesis como celebración del cumpleaños. En el coloquio posterior, el cineasta ha recordado cómo fue aquel inicio de su carrera y ha anunciado que acaba de iniciar una remasterización que corregirá algunos fallos técnicos del filme.
En un salón de actos abarrotado, con cabida para 400 personas, que justo antes habían asistido a la proyección de Tesis (muchos confesaban al realizar sus preguntas que lo habían visto por primera vez, y miraban idolatrados al cineasta), Amenábar ha contado durante una hora, en un evento con muchas revelaciones, cómo fue aquel rodaje y los recuerdos que le provocaba pisar de nuevo los pasillos de la Facultad. No había vuelto desde hacía una década, cuando en 2016 inauguró un mural homenaje a su ópera prima en el 20º aniversario de su estreno, y que reproduce el cartel de la película con Ángela anunciando su asesinato. “En la cafetería discutíamos mucho de clásicos, porque a cada uno nos gustaban distintos filmes: para mí el maestro es, ante todo, Spielberg; después, Hitchcock… Y siento que la película me retrata en mis emociones fílmicas es Cinema paradiso”.
Amenábar fue un mal alumno, según su propia confesión. “En aquella Facultad no encontré lo que yo esperaba. Entonces Imagen y Sonido era muy teórica; yo quería hacer cine. Al llegar aquí me convertí en mal alumno. No era la movida que yo esperaba. Y además se me atravesó la asignatura de Realización”, contaba quien nunca acabó la carrera. El cineasta ha explicado bien por qué uno de los personajes de Tesis, el profesor al que da vida Xabier Elorriaga, se apellida Castro, co,mo el crítico de cine y profesor de Realización de Amenábar Antonio Castro. “Suspendí, pero porque no me presenté a su examen. No me gustaban ni la asignatura, muy árida, ni él. Escribiendo el guion, a Mateo Gil [coguionista y compañero de estudios de Amenábar] y a mí nos hizo gracia el chiste… aunque lo quitamos. Justo antes de empezar a rodar, cambié de opinión y le anuncié a Xabier: ‘Tu personaje se apellida Castro′. Después del estreno le pedí disculpas a Castro, porque tiene poca gracia“.
En ese coloquio ha explicado que ha comenzado una remasterización de Tesis para corregir un desajuste técnico que se realizó en el rodaje. Acabado el evento, ha desgranado a EL PAÍS el proceso: “Antes se filmaba a 24 fotogramas por segundo, mientras que las televisiones emitían a 25 fotogramas. Por eso, cuando se rodaban películas donde aparecían monitores, para sincronizar los procesos y las imágenes se trucaba uno de los dos elementos. Alguien, no diré su nombre, decidió que Tesis se filmara a 25 fotogramas por segundo, aunque se proyectara a 24. Por eso la película dura unos cinco minutos más de lo que en realidad debería ser”. Cuando el cineasta vio una versión 4K australiana de Tesis, decidió encarar la tarea y ajustar correctamente en velocidad el thriller. “Quiero también que tenga sonido 5.1, lo que ayudará a mejorar y limpiar las dinámicas entre los personajes, y quitaré un plano que sobra”.
Con todo, no podrá añadir una imagen que no filmó en su momento y que hoy echa en falta para situar el contexto del drama y lucir aún más la arquitectura brutalista del edificio que acoge los crímenes. “No rodé una toma exterior de la Facultad, que sencillamente lo retratara, porque era un mal estudiante y no lo tuve en cuenta [risas]. Por lo menos sí sé que la química entre los actores y sus personajes se mantiene fresca”, desgrana.

Cuando los alumnos presentes en el acto le han pedido consejo, ha definido los rodajes como “carreras contrarreloj”. Y seguía: “Así que tienes que saber optimizar. Tesis la rodamos el verano de 1995 en cinco semanas y media, principalmente en este edificio, en los pasillos de Farmacia y en un chalet. Lo primero que hice fue tachar tres páginas del guion, porque en un rodaje y en la vida hay que priorizar”. Y en varias respuestas ha subrayado que las películas “son compendios de vida”.
Un ejemplo: “El papel de Fele Martínez es un trasunto de Sergio Rozas, el amigo más friki que tenía y que tengo. En pantalla se ve cómo me influyeron Vestida para matar, de Brian De Palma, los diálogos de Coma, de Michael Crichton, El silencio de los corderos, Instinto básico… Escribí el guion con Mateo en el verano de cuarto a quinto de carrera y nos hacía gracia que el libreto fuera un whodunit [una novela o película en la que la identidad del asesino solo se revela al final], con profesores y alumnos involucrados y que transcurriera en las tripas de este sitio”. Por cierto, de aquellos meses contó que estudiaba por las mañanas y escribía el thriller por las tardes, cuando Gil volvió a su Canarias natal. “Suspendí, pero me lo pasé muy bien”.

Durante varios momentos ha mencionado con añoranza a José Luis Cuerda, el cineasta que le produjo sus primeros pasos. “Era un tipo genial y muy moderno. Vivía los rodajes como una pesadilla, al contrario que yo. Se encendía rápido, pero igualmente se apagaba. Fue mi segundo padre, y me dio lecciones de vida y de cine. Aún recuerdo el día en que llegué a casa y mi madre me dijo que me había telefoneado José Luis”. Había visto un corto suyo, y se ofreció a ayudarle. “Fue fundamental en mi carrera. En Tesis, por ejemplo, Ana Torrent fue un empeño de José Luis, porque yo pensaba que con 26 o 27 años Ana no sería creíble como estudiante. Menudo error. Me sentó y me dijo que no me levantaría hasta que la aceptara. Me alegro profundamente de que lo hiciera. José Luis me rodeó de un equipo de técnicos veteranos. ¿Los otros dos protagonistas? Eduardo Noriega era muy amigo mío, y ya había trabajado conmigo. Carlos Montero [el creador de la serie Élite], que ya era también amigo mío, encontró a Fele en la Resad. Carlos entendió que daba el tipo del personaje”.
De su infancia, recordó: “Yo fui un niño supermiedoso. Mis vecinos estadounidenses me pusieron las pelis que mis padres no me dejaban ver. Se lo agradezco profundamente, porque ver y rodar películas de suspense me ha convertido en una persona poco miedosa. Hacer cine me ha ayudado a encarar mis miedos”. Y sobre el arranque de Tesis, sobre el dilema de mirar o no a un cadáver partido en dos en las vías de una estación, apuntaba: “Me pasó a mí viniendo a la Facultad. Los viajeros nos dividimos en dos grupos: los que curiosearon y los que no miramos. De eso va Tesis, aunque yo no he inventado nada. Ese terror nacido del no ver ya está en Hitchcock, en Alien. Yo, cuando escribo, ya imagino. Me resulta bastante fácil en mi cabeza visualizar las secuencias. Y por eso sabía que iba a tener más fuerza mostrar la reacción de Ángela ante las snuff movies que incorporar esas imágenes. Si la rodara de nuevo, aún mostraría menos”.

Amenábar estaba contento porque la proyección le había confirmado que Tesis no ha envejecido: las desventuras de unos alumnos que descubren una trama de rodaje de snuff movies [películas con torturas y asesinatos reales realizados para deleite de su posible espectador] en su Facultad aún atrapan a los públicos de nuevas generaciones. “La tecnología ha cambiado, aunque no la reflexión sobre nuestra mirada ante ciertas imágenes. Yo me planteé las snuff movies como una leyenda urbana. Hoy sabemos que la maldad humana, vistos los archivos de Epstein, es capaz de eso y mucho más”.
Analizando su carrera, ha incidido en que no ha cambiado su manera de dirigir ni su pasión. “Ni mi ilusión de niño de ir a un rodaje. Lo único es que ahora no miro por el combo [el monitor desde el que el equipo ve lo filmado], sino que uso una pantalla muy cerca de los actores. Ah, ahora duermo como un bebé; antes tenía problemas para dormir”. Sigue reivindicando una “concepción operística del cine”, y por ello compone sus bandas sonoras. “También he tenido la suerte de tener la libertad y la última palabra en todas mis películas. ¿Son distintas las superproducciones? Solo en que es como si condujeras un coche más grande”, adujo.

Tesis costó 696.000 euros (en aquel momento, 115-116 millones de pesetas) y recaudó 2,6 millones de euros. La leyenda asegura, además, que al día siguiente de ganar, el 25 de enero de 1997, siete de los ocho premios Goya —incluidos película, dirección novel y guion original— por los que competía (solo se escapó el de mejor actriz a Ana Torrent), las copias en VHS de Tesis se agotaron en la cadena Vips, que entonces aún tenía en sus locales tiendas junto a las cafeterías. ¿En qué momento descubrió Amenábar que estaba cambiando la historia del cine español? “Te diría que ahora, con este tumulto. Cuando filmas, debes creer que vas a hacer una gran peli, aunque luego la realidad te pille. Yo no salí especialmente feliz del rodaje de Tesis. A inicios de 1996 inauguró la sección Panorama de la Berlinale, y recuerdo jugar con la nieve y una sesión muy mala técnicamente porque fallaron los altavoces de la izquierda de la sala. Sí, los Goya fueron muy bien, pero ya estaba en la preproducción de Abre los ojos, y ese sí fue un rodaje pesadillesco”.
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