Película a película, Ira Sachs nos devuelve al Nueva York de los años ochenta y a la escena artística que quedó devastada por el sida. Hace un par de meses se estrenaba en España Un día con Peter Hujar, situada en los eufóricos setenta neoyorquinos, y en la que sobrevolaba la tragedia que llegó después. Hujar falleció de sida en 1987 y más o menos en ese mismo año se sitúa The Man I Love. El nuevo trabajo de Sachs es una de las películas más tristes, delicadas y emocionantes vistas en este Cannes.
Tras ganar el Oscar por el ‘biopic’ de Freddie Mercury, Rami Malek se mete en la piel de un actor de musicales enfermo en una actuación más profunda que aquella
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Tras ganar el Oscar por el ‘biopic’ de Freddie Mercury, Rami Malek se mete en la piel de un actor de musicales enfermo en una actuación más profunda que aquella


Película a película, Ira Sachs nos devuelve al Nueva York de los años ochenta y a la escena artística que quedó devastada por el sida. Hace un par de meses se estrenaba en España Un día con Peter Hujar, situada en los eufóricos setenta neoyorquinos, y en la que sobrevolaba la tragedia que llegó después. Hujar falleció de sida en 1987 y más o menos en ese mismo año se sitúa The Man I Love. El nuevo trabajo de Sachs es una de las películas más tristes, delicadas y emocionantes vistas en este Cannes.
Sachs llena de dolor y música la memoria del sida a través del personaje que interpreta Rami Malek, que se mete en la piel de un actor enfermo de musicales del off Broadway. Malek ganó el Oscar por el biopic de Freddie Mercury Bohemian Rhapsody, pero su nueva criatura, Jimmy George, está en un registro casi opuesto, más desesperado y profundo.
The Man I Love habla del sida sin que sus personajes apenas se atrevan a nombrarlo. A cambio, se refugian en la música como aliento de vida. Así, George Gershwin se cruza con Patty Bravo y Rita Pavone. Con una puesta en escena centrada en los interiores, no vemos Nueva York, solo lo sentimos. Sachs recrea la escena de finales de los ochenta —con esos espacios interiores atravesados por la música, los silencios y el color rosa—, y lo hace mediante los miembros de una compañía de teatro independiente y de la vida amorosa y familiar de su protagonista.
El sida es el elefante en la habitación de un hombre enfrentado a su mortalidad, algo que lo convierte en un tipo amargo y egoísta. A su alrededor, sus amigos cantan o escuchan música todo el día, canción francesa, italiana, salsa. Esas melodías evitan la conversación. La relación con su pareja, el hombre que lo cuida mientras él busca sentirse vivo a través de su idilio con un vecino, es de una crudeza y ternura desoladoras. Solo por una secuencia, en la que el personaje de Malek empieza a desvariar en un escenario del que no quiere bajarse, el actor y la película merecen estar en el palmarés de los premios del próximo sábado.
La doble jornada de la sección oficial fue de las más redondas de todo el festival. Con The Man I Love concursó la mejor película francesa hasta la fecha, Notre Salut, de Emmanuel Marre. Con un estilo visual con aire a falso documental, que por momentos recuerda al del italiano Pietro Marcello, Marre reconstruye la historia de su bisabuelo, miembro de la Francia de Vichy. Marre utiliza la relación epistolar de sus bisabuelos para trazar la vida de un colaboracionista interpretado de maravilla por Swann Arlaud, el actor de Anatomía de una caída.
Con anacronismos musicales que funcionan por una fotografía analógica que remite a cualquier tiempo, Notre Salut narra la peripecia de su antepasado desde que llega a Limoges con su manuscrito político autodidacta Nuestra Salvación en la maleta hasta su regreso a París a las puertas de la invasión de Normandía y ya señalado por la Resistencia. Marre trenza la historia de Francia con la vida privada y familiar de su bisabuelo, un hombre con aire de burócrata buscavidas cuyo destino acaba ligado al fascismo y al exterminio de judíos. En Notre Salut no hay afán didáctico, solo fogonazos de memoria en los que el mal es una vez más la tarea de un funcionario.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Cultura en EL PAÍS
