Un fragmento de la mano derecha con la que el «santo comandante» blandía la espada será transportada en una urna blindada a través de mil kilómetros del campo de batalla Un fragmento de la mano derecha con la que el «santo comandante» blandía la espada será transportada en una urna blindada a través de mil kilómetros del campo de batalla
Poco imaginaba el héroe militar Dmitri Donskói que volvería a un campo de batalla tras su muerte en 1389. Unos obreros encontraron sus restos en … agosto de este año y las autoridades rusas han decidido acercarlos a sus soldados. Hasta el extremo de enviarlos al frente de Ucrania.
Donskói fue el Gran Príncipe de Moscú y el líder militar artífice de la derrota en 1380 de la Horda Dorada, como se denomina al Estado mongol que desde 1026 conquistó gran parte de Rusia, Asia Central y Europa otiental. Es un icono del nacionalismo ruso por este hito. La Iglesia Ortodox, la institución que encontró los huesos de este personaje histórico por accidente durante unas obras de renovación, aseguró en un comunicado que «un fragmento de la mano derecha del gran príncipe (la misma que usaba para blandir su espada) se ha enviado al frente para fortalecer el espíritu de los soldados».
La extremidad del ‘santo comandante’, como le apoda el Patriarcado de Moscú, recorrerá más de 1.000 kilómetros a lo largo de la zona de combate en un pequeño cofre ornamentado y que ostenta cristales blindados.
El hallazgo ha constituido una gran efeméride para la cúpula del poder ruso. Los restos oseos del prícnipe se encontraro al retirar varias losas del suelo de la Catedral del Arcángel San Miguel, en Moscú, durante unas obras de restauración del templo.
El presidente, Vladímir Putin, acudió de inmediato a visitar los restos. «Un descubrimiento absolutamente único y maravilloso» aseguró el mandatario sobre este acontecimiento. El asesor presidencial, Vladímir Medinski, fue más lejos y consideró que no fue casualidad que encontraran las reliquias este verano. «El propio nombre de Dmitri Donskói es un símbolo por sí solo. El descubrimiento de sus reliquias parece inesperado, casi milagroso, y tiene un peso simbólico propio« en el actual momento de la campaña en Ucrania.
De hecho, Rusia ha lanzado una nueva ofensiva para conquistar el Donbás. Este territorio es el principal objeto de disputa y la joya de la corona para el Kremlin. Desde 2022 ya controla parte de esta región y aspira a expulsar a Ucrania del resto. Por ello, el Gobierno saca todas sus cartas para lograr una victoria definitiva. Y con las reliquias del guerreo que se enfrentó a la potencia mongol busca motivar a las tropas. «Tanto nuestro personal militar como la gente que vive en el Donbás necesitan fortaleza divina, la ayuda de Dios y la bendición de nuestros santos», asegura el clérigo Metropolitano Vladímir, líder de la Diócesis Ortodoxa de Donetsk y Mariupol.
Guerra religiosa
La Iglesia Ortodoxa es una de las patas del régimen ruso. No ha dudado en ningún momento en apoyar ciegamente al Kremlin y la invasión de Ucrania. Lejos de llamar a la paz, ha llegado a decir que la contienda es un deber de su pueblo. «Desde un punto de vista espiritual, la operación militar especial es una guerra santa, en la que Rusia y su pueblo, al defender el espacio espiritual único de la Santa Rus (el Estado medieval formado por Rusia, Ucrania y Bielorrusia), protege al mundo del asalto del globalismo y de la victoria del Occidente que ha caído en el satanismo» publicó en Internet Metropolitano Vladímir en marzo de 2024. En primavera de este año el alto cargo eclesiástico llegó a pedir que sus tropas ocupen más ciudades ucranianas. «Se debe ir más allá en esta guerra y ocupar ciudades como Odesa y Kiev».
El pasado miércoles el Ministerio de Defensa también difundió imágenes de tropas en la región de Sverdlovsk asistiendo a un servicio religioso portando iconos y banderas ortodoxas, junto con una entrevista a un comandante (cuya identidad no se hizo pública) que dijo que las reliquias del príncipe medieval respaldarían la victoria de Moscú. En un país multirreligioso como Rusia no solo hay cristianismo. Es por ello que el poder también ha buscado que otros líderes refuercen su discurso y sean partícipes de la máquina de guerra.
Su segunda religión es el islam y su máximo representante, el Gran Muftí Talgat Tadzhuddin, justificó la invasión en términos idénticos a los del Kremlin: «El Gobierno ucraniano y el mundo occidental están intentando organizar un genocidio del pueblo ruso y revivir el fascismo. Apoyamos plenamente la operación militar especial». Por su parte el jefe de la Sangha Tradicional Budista, Damba Ayusheev declaró que «los budistas están luchando en Ucrania por el mundo ruso y eslavo, para salvar de ese modo también nuestro propio mundo mongol». Algunos clérigos de distintas confesiones que no aceptaron formar parte de esta campaña han acabado exiliándose o en la cárcel.
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