‘RI TE’: desacralizar lo intocable con potestad y unas risas

Hacia el final del espectáculo, faltarían unos 15 minutos para que terminara, un espectador de la primera fila abandonó la sala. Para hacerlo, tuvo que caminar por el borde del escenario, donde se encontraban los dos artistas. Y cuando llegó a la puerta, le costó lo suyo abrirla y salir. Así que las miradas, de público e intérpretes, se desplazaron hasta ese rincón en el que ocurría la escapada.

Seguir leyendo

 Israel Galván y Marlene Monteiro Freitas se encuentran en una pieza, sofisticada y gamberra. Todo un hallazgo, aunque decaiga a veces  

Hacia el final del espectáculo, faltarían unos 15 minutos para que terminara, un espectador de la primera fila abandonó la sala. Para hacerlo, tuvo que caminar por el borde del escenario, donde se encontraban los dos artistas. Y cuando llegó a la puerta, le costó lo suyo abrirla y salir. Así que las miradas, de público e intérpretes, se desplazaron hasta ese rincón en el que ocurría la escapada.

Israel Galván y Marlene Monteiro Freitas, protagonistas de la pieza, arrancaban en ese instante una improvisación sin música. Él, sentado; ella, de pie, ligeramente encorvada en un gesto congelado. Y tanto uno como otra, recogieron el destierro del espectador, que se convirtió sin pretenderlo (o eso queremos creer) en el elefante blanco de Conde Duque. Galván hizo un gesto ligero y cómplice (con el público e incluso con la persona que se marchó), en ese humor laxo del que es dueño y que levantó una carcajada (otra) en el patio de butacas; y a Monteiro, le dio un ataque de risa silenciosa que intentaba aguantar. El episodio duró apenas unos segundos y ni siquiera supuso una fractura en el espectáculo. Al contrario, sirvió para estrechar la complicidad entre el público y los artistas, que de alguna manera, con aquella reacción de integrar lo sucedido y reaccionar, nos estaban diciendo divertidos: “vale, sí, lo sabemos, entendemos que te vayas. Seguimos”.

RI TE desprende ese aroma de travesura y juego; de la gamberrada punk que conduce al desconcierto. Es decir, que recoge las señas del discurso más puro del bailaor de Sevilla y de la creadora y bailarina de Cabo Verde. Pero también almacena la sofisticación que concede el conocimiento de aquello que se está desmenuzando. Definir la pieza como un mero encuentro para el divertimento, no sería justo en absoluto, pues nos encontramos ante dos creadores que se manejan en la profundidad coreográfica y llegan hasta el entretenimiento tras un intenso pegrinaje que, por supuesto, se adivina.

Cada uno de ellos por separado se mueve en territorios irreverentes de la escena. También cosechan reconocimiento acreditado. Y abanderan un hacer extremadamente propio que converge en ese pellizco de lo absurdo e incluso del feísmo, que puede derivar en el humor de lo caricaturesco, buscado a conciencia. Así que encontrarse con Israel Galván y Marlene Monteiro juntos en escena, en esta primera colaboración, que se estrenó en 2024 y llega avalada por el Teatro de la Ville y el Festival de Otoño de Paris (en Francia veneran al bailaor desde mucho antes de que se le venere en este país), parece tener todo el sentido.

La idea corporal que atraviesa RI TE es la desacralización de tradiciones de la cultura popular. De la que envuelve a Galván, relacionada con el flamenco en el que vive y la Sevilla de Semana Santa y feria, y la originaria de Monteiro Freitas, nacida en Cabo Verde y residente en Lisboa, formada en la mítica escuela belga P.A.R.T.S. Y cómo una y otro cometen ese sacrilegio fabuloso, desde la potestad del saber (de la danza contemporánea, del flamenco) y la libertad absoluta sin ningún tipo de miramiento.

Monteiro y Galván funcionan como pareja de baile y humorística. Se comunican desde el movimiento y la profunda investigación que cada uno desarrolla en sus trayectorias, aunque el resultado pueda parecer ligero. El gesto caricaturesco, que tanto la coreógrafa como el bailaor, trabajan en sus discursos, y que provoca desconcierto, aquí encuentra manga ancha para despertar todo tipo de risas, sin temor a equivocarnos. Sabiendo que lo que parece un sketch viene con capas y capas de significado. Y que esa risa floja que se te puede agarrar en algunos momentos de RI TE, también llega con una poética singular y conmovedora.

Los momentos álgidos del espectáculo se consiguen a través de las músicas que suenan y remiten a lo popular andaluz y caboverdiano. Por ejemplo, las sevillanas corraleras que interpretan sentados, acercándose cada uno desde la fragmentación corporal que practican, la música popular de Cabo Verde donde suena una voz de karaoke o el momento solemne, divertido y conmovedor, lírico, insólito, en el que interpretan la famosa marcha de Semana Santa.

Los momentos de silencio, en los que ambos artistas se relacionan desde sus cuerpos y los sonidos que emiten, se alargan y es ahí donde el espectáculo flojea, aunque sin llegar a decaer del todo, gracias a ese olé atragantado en la boca de Monteiro que consigue salir con la ayuda del público y por supuesto Galván, capaz de aflamencar hasta la onomatopeya. La extracción del “olé” se repite en varias ocasiones seguido de un gesto de beso lanzado al aire, por Galván, y un escupitajo, de Monteiro, que estructura esta comunicación insólita entre los dos artistas.

Por cierto, cuando la pieza pasó por el Festival Grec en 2024, el escupitajo de Monteiro llegó hasta un espectador de la primera fila que reaccionó con humor ante el agobio de la bailarina, tal y como se cuenta en este periódico.

Con una fila de flores en mitad de la cabeza, a modo de cresta, botos flamencos para ella, y botas rosas de goma para él, RI TE viene a ser un encuentro antropológico de culturas y su corporeidad, protagonizado por dos de los creadores más verdaderos y genuinos de la escena. Una perla de esas que se guardan para siempre.

RI TE. Concepción y danza: Marlene Monteiro Freitas e Israel Galván. Iluminación y escenografía: Yannick Fouassier. Sonido y dirección técnica: Pedro León. Producción: Rosario Gallardo y Janine Lages. Conde Duque, Madrid. 50 minutos. 21 y 22 de marzo de 2026.

 Cultura en EL PAÍS

Te Puede Interesar