Los supervivientes, de 30 y 45 años, estaban atrapados en el interior de un túnel de una presa situada en Nuwakot, una de las zonas más golpeadas por la avalancha de agua, hielo y escombros Los supervivientes, de 30 y 45 años, estaban atrapados en el interior de un túnel de una presa situada en Nuwakot, una de las zonas más golpeadas por la avalancha de agua, hielo y escombros
Los rescatistas desplegados en el túnel de la presa Trishuli 3A, en Nuwakot, en el norte de Nepal, estaban a punto de desistir en la … búsqueda de supervivientes en su interior cuando a uno de ellos le pareció escuchar este viernes una voz, apenas un susurro, que decía «hunchha». Alguien había respondido con un débil «ok» (en nepalí) a sus insistentes intentos por contactar con las personas atrapadas en la galería. La operación de rescate se activó al instante y se obró el milagro: dos hombres, de 30 y 45 años, eran evacuados con vida nueve días después de la riada que ha dejado al menos 1.280 muertos y más de 5.600 desaparecidos en la frontera con Tíbet.
Arnold Dix, un australiano especialista en rescates a gran profundidad que participaba en la operación, fue el encargado de compartir el inesperado hallazgo, consciente de que 72 horas después de una catástrofe -y ya habían pasado unas cuantas más, en torno a 200- resulta muy improbable localizar supervivientes. «Creen que ellos (los rescatistas) recibieron una respuesta débil desde el interior que decía ‘hunchha’», relató tras la intervención, que las autoridades no dudaron en catalogar de «milagro». La reacción de los efectivos fue inmediata: «No se preocupen, vamos a sacarlos».
Los dos supervivientes se encontraban a 170 metros de profundidad en una de las zonas más golpeadas por la tragedia. Allí, en el túnel de la presa Trishuli 3A, uno de los tantos proyectos hidroeléctricos en marcha en Nepal, pasaron más de una semana atrapados Sanjay Shah, un capataz mecánico de 30 años, y Kabir Maharjan, supervisor de 45. Sus gestos al volver este viernes al exterior evidenciaban que ni ellos mismos creían ya que fueran a salir con vida. Uno juntó sus manos en señal de oración. El otro dedicó un cansado saludo a los rescatistas. Ambos fueron trasladados en helicóptero a Katmandú, la capital, para someterse a todo tipo de exámenes médicos.
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Dentro de la galería se sospecha que pueden quedar decenas de personas -la Asociación Independiente de Productores de Energía de Nepal calcula que había 42 trabajadores en el momento de la riada- aunque Shah indicó que apenas tres o cuatro mostraban signos vitales cuando él fue rescatado. «No podía simplemente huir solo (…) Mi responsabilidad era salvar la vida de todos», explicó sobre los motivos que le llevaron a permanecer con sus compañeros en la sala de control de la central. Amir Maharjan, hermano del otro superviviente, no podía ocultar su felicidad por volver a ver a Kabir: «Ahora mi corazón está mucho más tranquilo».
El ejército nepalí informó de que «las operaciones de búsqueda y rescate continúan» en este y otros túneles, cuyas salidas quedaron taponadas por las toneladas de barro y piedras que arrasaron decenas de pueblos a lo largo del río Trishuli. Las autoridades cifran en más de 900 los empleados de centrales hidroeléctricas que se cuentan como desaparecidos en el país asiático, pero el avance de los rescatistas entre el lodo y los escombros es lento. «El acceso (a las víctimas) sigue siendo muy, muy, muy difícil», reconoció Lila Pieters Yala, coordinadora de las agencias de la ONU en Katmandú. En las zonas más aisladas, de hecho, los rescatistas y los bienes básicos (alimentos y agua, principalmente) llegan en helicópteros, drones o con la ayuda de personas dedicadas al transporte de carga.
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