“Estamos listos para invertir más en Venezuela y triplicar la producción allí”, proclamó Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, delante de presidente estadounidense y de los líderes de otras multinacionales del petróleo el pasado 9 de enero. La banca de inversión suscribe parte del entusiasmo del directivo español al asumir que si Estados Unidos levanta las sanciones, Repsol tiene el potencial de disparar sus beneficios en el país caribeño. Su generación de caja en el país alcanzó los 200 millones de euros en 2024 (un 3,7% del total), una cuantía ahora fácilmente recuperable y que se percibe solo como el punto de partida bajo la retórica de la actual Casa Blanca.
Con el 15% de sus reservas y el 12% de su producción global en el país, la petrolera es la firma que más arriesga en el país. Los analistas ven potencial pero moderan el entusiasmo de su CEO
“Estamos listos para invertir más en Venezuela y triplicar la producción allí”, proclamó Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, delante de presidente estadounidense y de los líderes de otras multinacionales del petróleo el pasado 9 de enero. La banca de inversión suscribe parte del entusiasmo del directivo español al asumir que si Estados Unidos levanta las sanciones, Repsol tiene el potencial de disparar sus beneficios en el país caribeño. Su generación de caja en el país alcanzó los 200 millones de euros en 2024 (un 3,7% del total), una cuantía ahora fácilmente recuperable y que se percibe solo como el punto de partida bajo la retórica de la actual Casa Blanca.
Con el 17% de las reservas mundiales de crudo, Venezuela es uno de los grandes paraísos del “oro negro”. Sin embargo, el ascenso del chavismo a finales de los 90 marcó el declive de su industria y culminó en 2007 con un ultimátum a las petroleras internacionales. O aceptaban la expropiación y el exilio, o se convertían en socias minoritarias de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), que ha sufrido un creciente deterioro sistémico marcado por los problemas financieros y la falta de transparencia. Todo ello, en paralelo a la crisis macroeconómica que padece el país.
Repsol aguantó, mientras otros gigantes se fueron a buscar negocios en otros países más amigables, pero ahora la estrategia de resistencia de la mayor petrolera española puede dar sus frutos en el nuevo ciclo geopolítico inaugurado con la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. “Repsol es la compañía con más alto porcentaje de producción en Venezuela de todas las energéticas europeas que cubrimos”, ratifica Morgan Stanley en un informe tras la intervención en el país. Y la empresa que preside Antonio Brufau quiere sacar partido de esa ventaja. En la cumbre de magnates petroleros liderada por Trump, Repsol se ha posicionado como un aliado estratégico del presidente estadounidense al comprometerse a redoblar sus inversiones si se blinda un marco legal estable.
Álvaro Navarro, analista de Bestinver, considera que el escenario es positivo para Repsol, aunque se muestra precavido: “Vemos de forma positiva su alineación con la administración Trump, dados sus intereses tanto en Venezuela como en Estados Unidos, pero nos mantenemos cautos sobre los acontecimientos”, explica en un informe publicado este lunes. El experto no prevé de momento que el mercado asigne valor más allá de las reservas que la compañía tiene en el país y que suponen el 15% del total. En este sentido, en CaixaBank subrayan en otro análisis que “cualquier monetización de la extensión de la vida útil de las reservas necesitaría muchos años e importantes inversiones en infraestructura y, por lo tanto, parece una posibilidad solo a largo plazo”.
La primera prueba de fuego será la recuperación de la licencia que permitía operar en el país a Repsol. Las hojas de cálculo que manejan Fernando Abril-Martorell y Álvaro Bernal, analistas de Alantra, apuntan a que los 200 millones de euros de flujo de caja libre recuperables de forma casi inmediata se traducen en hasta 1.000 millones de euros capitalización. Y esto podría ser solo el principio de una nueva veta de creación de valor para Repsol. Jefferies, el banco de inversión más optimista con la compañía, ha elevado la valoración de la mayor petrolera española casi un 50% y la tasa en 21.000 millones de euros, al prever que el factor venezolano aporte un flujo de caja de 520 millones de euros el próximo ejercicio. Un 160% más que en 2024.
Los yacimientos del país caribeño son un muro de contención ante Rusia y China y que cuentan con la capacidad de influir en el mercado más allá del triunvirato árabe del petróleo: Arabia Saudí, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Las dudas están en la cantidad de dinero necesario para la imprescindible puesta a punto de la desactualizada industria del país tras años de fugas de inversiones. Trump estima que se requieren 100.000 millones de dólares de inversión. Pero la cifra puede quedarse corta. La consultora energética noruega Rystad Energy calcula que solo para mantener los niveles de bombeo actuales hasta 2040 se necesitan 65.000 millones de dólares.
Además, no todas las empresas convocadas en Washington se muestran dispuestas a seguir a Trump con la misma pasión que Repsol. “Hoy en día, no se puede invertir allí”, advirtió Darren Woods, consejero delegado de Exxon Mobil. ConocoPhillips, que también ha sufrido expropiaciones en el país, tampoco es partidaria de volver en la situación actual. No solo importa quién manda ahora en Estados Unidos, sino quién lo hará en la próxima década y qué ocurrirá en Venezuela, ahora con Delcy Rodríguez como presidenta interina. La claridad de la hoja de ruta es imprescindible.
Los expertos coinciden en que la etapa de las ingentes cantidades de petrodólares venezolanos de los años 90 ha quedado atrás y que llevará años, o décadas, volver a poner en marcha la máquina de hacer dinero allí. La producción de petróleo en Venezuela era de más de tres millones de barriles anuales antes de que llegara Chávez, y esta cayó por debajo de los dos millones desde la década de 2010 debido a una gestión deficiente, a una inversión raquítica cronificada y a las sanciones internacionales. El año pasado, se facturaron 1,1 millones de barriles en el país, una cifra nimia en comparación con los más de 100 millones de barriles mundiales.
La buena noticia es que, desde el nivel actual y ante un panorama más optimista, el margen de mejora es amplio. “Repsol debería ser una de las compañías beneficiadas, aunque probablemente menos que las estadounidenses por razones políticas”, señalan desde Bankinter. Por ahora, el inquilino de la Casa Blanca fue rumboso y ofreció todas las facilidades a las empresas más allá de dónde tengan la sede: “Lo que necesiten”, señaló. Desde Alantra aseguran incluso que la administración estadounidense se ha abierto a coinvertir junto a las petroleras, potencialmente a través de participaciones directas en sus subsidiarias venezolanas, en una jugada similar a la planteada en Intel.
Márgenes de refino y exposición
El escenario es favorable, pero sigue dependiendo de lo que vaya decidiendo el inquilino de la Casa Blanca. Levantar las sanciones en el país tendría un efecto inmediato en los márgenes de refino de Repsol, una de las compañías europeas mejor posicionadas para gestionar crudos pesados como los de Venezuela al contar con refinerías especializadas, señalan desde CaixaBank. Pero las dudas persisten. “La administración Trump aún no ha aclarado el alcance del restablecimiento de la licencia, los protocolos de exportación ni el marco que rige la inversión extranjera, la monetización de barriles ni la repatriación de efectivo. Hasta que no haya más visibilidad, asumimos que no habrá cambios en nuestro escenario base”, sentencian desde Alantra.
La exposición patrimonial en términos contables de la petrolera a Venezuela a junio de 2025 se había reducido a 330 millones de euros, desde los 504 millones de cierre del año pasado, y comprendía principalmente la financiación a sus filiales venezolanas, la inversión en Cardón IV —una empresa que controla junto a Eni para explotar Campo Perla, uno de los yacimientos de gas natural más grandes de Latinoamérica— y las cuentas por cobrar de PDVSA. Ese pasivo desaparecerá rápidamente una vez reanudadas las operaciones en el país, según los expertos. La mala noticia es que desde Estados Unidos descartan, al menos ahora, que haya algún tipo de compensación para las pérdidas históricas en el país, que en el caso de Repsol se sitúan entre los 4.000 y los 5.000 millones, según Alantra.
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