El líder opositor parte como favorito para suceder al líder ultra con su promesa de devolver a Hungría a la senda de la UE y alejarla de Putin El líder opositor parte como favorito para suceder al líder ultra con su promesa de devolver a Hungría a la senda de la UE y alejarla de Putin
Todas las encuestas dan ventaja a Péter Magyar en las elecciones de este domingo, lo que convierte a este político de 45 años en el … aspirante a derrocar a Viktor Orbán, en el cargo desde 2010. Sus promesas electorales de defender los intereses de Hungría sin oponerse frontalmente a la UE han hecho de él el candidato de Bruselas, donde los socios europeos están más que hartos de los vetos húngaros. Pero quien piense que se trata de un aspirante más liberal o con ideas diferentes a las del actual primer ministro se equivoca. Magyar ha nacido y crecido dentro del sistema Orbán y, cuando se ha visto amenazado desde dentro, ha apostado por tomar el mando.
Apenas cumplió la mayoría edad, Magyar se afilió a Fidesz, el partido de Orbán, al que prestó asesoría legal durante las protestas antigubernamentales de 2006, cuando el partido estaba en la oposición y él era un abogado recién colegiado. La llegada del ultranacionalista al poder le proporcionó un cargo en el Ministerio de Exteriores, pero siempre en un segundo plano. Si dio un paso al frente fue a raíz de su divorcio de Judit Varga, titular de Justicia durante la segunda legislatura de Orbán salpicada por un caso de corrupción.
Vivían separados desde 2021, pero el partido les pidió discreción hasta las elecciones de 2022 para no espantar a votantes conservadores. Ya ahí demostró que sabe jugar tan sucio como Orbán: grabó en secreto una conversación con su expareja, que implicaba a miembros del Gobierno en el encubrimiento de abusos sexuales de menores, presumiblemente para chantajearla. No obtuvo el dinero que esperaba y saltó a la primera línea política.
Horas después de la dimisión de su ya exmujer, el 10 de febrero de 2024, dejó sus cargos en dos empresas estatales y su asiento en el consejo de administración de MBH Bank, para anunciar la fundación de un nuevo partido, basado en la idea de una «Hungría nacional, soberana y burguesa». Se había dado cuenta de que Orbán era un «producto político para ocultar una corrupción masiva» y reconoció que en sus puestos públicos se le había obligado a favorecer a personas del su círculo. Acusó directamente a su yerno, István Tiborcz, de haber acumulado una enorme riqueza oculta tras fondos nacionales de capital privado.
Ese marzo convocó un primer mitin al que asistieron decenas de miles de personas en Budapest. Había nacido Tisza (Partido Respeto y Libertad), la formación política que ahora parece a punto de hacerse con el poder en Hungría. El ‘think tank’ Megafon, apoyado por el Ejecutivo de Budapest, gastó 117 millones en una campaña contra Magyar en redes sociales, donde recluta a la mayor parte de sus seguidores. Triunfa entre los votantes de menor edad por su imagen joven, dinámica, atlética y por su elocuencia. Se ha convertido en el símbolo de una nueva Hungría en la que confían todos los que no han formado parte del sistema estos últimos 16 años pero, a medida que uno se acerca a su círculo más estrecho, aparecen testimonios que hablan de falta de escrúpulos, irritabilidad y carácter latentemente agresivo.
Sin medidas concretas
Una exnovia de Magyar se ha quejado de violencia y, tras las últimas elecciones europeas, en las que superó la barrera del 30%, fue expulsado de la discoteca en la que celebraba su éxito por acosar a chicas jóvenes. Enfadado, le arrebató el móvil a un hombre que le grababa y lo lanzó al Danubio.
Su programa electoral habla de regeneración política. Promete revertir el deterioro institucional, reforzar la independencia judicial, despolitizar los medios públicos y combatir la corrupción sistémica, aunque se echa de menos la mención de medidas más concretas. Asegura que realineará a Hungría con la UE y con la OTAN, separándola del seguidismo al Kremlin de Orbán. Y defiende la estabilidad macroeconómica, la competencia y la transparencia.
En el círculo más cercano a Magyar se escuchan testimonios sobre su falta de escrúpulos, irritabilidad y un carácter latentemente agresivo
Magyar presume de un perfil conservador que, sin embargo, se ha visto empañado por los vídeos aparecidos durante la campaña, en los que se le ve manteniendo relaciones sexuales y aparentemente tomando drogas. Él niega el consumo de estupefacientes. Sin políticas muy diferentes a las de su ahora enemigo electoral, invoca a todos los cansados de Orbán al grito de «ahora o nunca», que ha rescatado de los panfletos de un revolucionario del siglo XIX que llamaba al levantamiento patriótico.
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