Referente del pensamiento liberal, el intelectual canadiense, Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2024, participa esta semana en una jornada sobre Geopolítica en Bilbao Referente del pensamiento liberal, el intelectual canadiense, Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2024, participa esta semana en una jornada sobre Geopolítica en Bilbao
«Soy uno de esos liberales cuyos amigos son todos socialistas», explica Michael Ignatieff (Toronto, 1947) con una sonrisa irónica desde su casa en Viena. … En realidad, es mucho más que eso, claro. Para empezar, desciende de un largo linaje político con raíces rusas, por parte de padre, y canadienses por vía materna: antes de la Revolución Bolchevique su bisabuelo fue ministro del Interior y su abuelo, ministro de Educación. Su padre, además, fue un reconocido diplomático canadiense. Por eso, se crio entre Londres, París, Ginebra, Estados Unidos y Canadá y tiene una de esas biografías tan eclécticas como interesantes: ha sido estrella del columnismo británico y dirigido series para la BBC; ha escrito obras de teatro y ensayos tan famosos como ‘El honor del guerrero’ o ‘Fuego y cenizas’. Este último sobre su intentona de convertirse en primer ministro de Canadá y… fracasar estrepitosamente.
Licenciado en Historia por el Trinity College, doctorado en Harvard y máster en Cambridge, Ignatieff vive y trabaja en la capital de Austria, donde imparte clases en la Central European University, de la que llegó a ser rector. Doctor honoris causa en trece universidades, colecciona reconocimientos por todo el mundo, como el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de 2024, mientras predica sobre una visión del liberalismo como elemento fortalecedor de las democracias. Ignatieff participará el próximo 19 de febrero en la jornada ‘Geopolítica, liderazgo y valores’ que organiza Aspen Institute España y que tendrá lugar en el paraninfo de la Universidad de Deusto.
– Imparte clases de derechos humanos y relaciones internacionales en Viena. ¿Qué les dice a sus alumnos sobre el estado del mundo el primer día de clase?
– Les digo que el orden internacional está en ruinas. El curso es una especie de autopsia, un certificado de defunción del sistema que empezó a construirse en 1945. Para mí es algo personal: mi padre era un joven diplomático canadiense en la ONU cuando yo nací. Nunca pensé que el mundo que construyó la generación de mis padres llegaría a esto.
– ¿Hemos dado nuestras democracias por sentadas demasiado pronto?
– El desafortunado destino de todas las democracias de éxito es darse por sentadas. Y, de pronto, tienes un problema. La democracia es una discusión permanente sobre lo que es. No hay un lugar en el mundo en el que no esté en cuestión. Lo que ocurre ahora es que estamos hartos de discutir, de que el Parlamento y los políticos estén siempre peleando. Queremos orden. Pero, ¿sabes qué pasa? Ese deseo de orden puede sacarte de la democracia de golpe. Ten cuidado con lo que deseas…
– ¿Cómo ha cambiado el paisaje geopolítico desde que Trump regresó a la Casa Blanca?
– Estamos en mitad de una contrarrevolución, de una intentona muy seria y radical de revertir 60 o 70 años de progreso liberal que ha tenido enormes beneficios para los afroamericanos, para las mujeres, para los gais, una revolución que ha incluido el restablecimiento de la democracia en Grecia, Portugal o España. Lo que empezó como un intento de revertir la llamada revolución ‘woke’ se ha convertido en un reordenamiento de todo el sistema internacional. Eso significa sacar a Estados Unidos de Europa y dejarla sola, romper una alianza basada en los valores democráticos y reemplazarla por una basada en el alineamiento ideológico.
– ¿Y qué consecuencias cree que va a tener ese cambio de paradigma a escala global?
– Algo que podría pasar es que Estados Unidos se esté retirando a su patio trasero: Canadá, México, Brasil… Y entonces, lo que pase en Asia ya no será su problema y nadie arriesgará vidas americanas allí. Si China establece una zona de influencia en el este de Asia, eso tendrá efectos devastadores para Japón, Corea del Sur o Filipinas, aliados históricos de Estados Unidos.
«Estamos ante una contrarrevolución muy seria y radical para revertir 70 años de progreso liberal»
«Trump ha implantado la idea de que él es el único líder histórico que importa. No es así»
– ¿Cuáles serán las repercusiones directas para Europa?
– Europa se enfrentaría a un poder masivo: el poder euroasiático de China y Rusia, desde Vladivostok hasta el Océano Pacífico. Ya no será solo un Estado petro-corrupto como Rusia, sino un poder de tres o cuatro mil millones de personas que controlan algunas de las tecnologías más importantes del mundo. Las consecuencias para la seguridad europea son extremadamente serias. Hay que entender lo que está ocurriendo y me da la sensación de que en España existe la sensación de que esto está pasando en otro lado. No. Está ocurriendo aquí.
– Usted conoce muy bien Estados Unidos. ¿Alguna vez pensó que presenciaría las escenas que estamos viendo en sus calles?
– Soy lo bastante viejo para recordar que, a finales de los 60, parecía que las protestas por la guerra de Vietnam podían acabar en una guerra civil. Se nos olvida que murieron cuatro estudiantes; Neil Young escribió una famosa canción sobre aquello. Dicho esto, creo que no hay ningún americano, más allá de los fanáticos, que no esté en ‘shock’ al ver agentes de la ley con el rostro cubierto disparando a civiles que protestan pacíficamente. Los canadienses conocemos bien a los americanos: son buenos vecinos y amigos, somos diferentes, pero nuestra democracia se ha visto fortalecida por la suya gracias a gente como Roosevelt o los hermanos Kennedy. Siento que en Europa hay una tendencia a decir: «Bueno, Estados Unidos siempre ha sido así». No es verdad. Es una gran democracia y eso es lo que convierte esto en una tragedia insoportable de presenciar.
España y la OTAN
– Asistimos a un debate semántico parecido al que ocurrió con Gaza y el genocidio. ¿Cuándo se podrá decir que Estados Unidos ya no es una democracia plena?
– Si las elecciones de noviembre se retrasan o no se celebran o los resultados se falsean si, por ejemplo, Trump logra nacionalizar el sistema de elección, podremos decir que América es un régimen autoritario. Las señales están ahí y son muy preocupantes. Por otro lado, en muchas ciudades, como Los Ángeles, Portland o Minneapolis, los ciudadanos están haciendo lo que hay que hacer en esta situación. No hay que desestimar el poder cívico. No creo que estemos ante un declive irreversible, pero si en noviembre ocurre algo de lo que decía antes, estaremos en una situación nueva. Y será peligroso para el mundo entero porque América ya no será una democracia.
– La Unión Europea lleva una década tratando de gestionar a Trump sin éxito. ¿Han sido los líderes comunitarios demasiado complacientes con él?
– Lo fueron en verano, cuando impuso los aranceles a las exportaciones europeas y se demostró que fue un error. En el episodio de Groenlandia, Trump ha tenido que ser recordado que algo así infringiría la soberanía de un aliado de la OTAN y Los Veintisiete, o casi todos, han dicho: «No pasarán». Espero que los europeos hayan aprendido que, a veces, hay que plantarse. Y no se puede hablar de esto sin tocar un tema controvertido para España…
– El gasto en defensa.
– Sí. España no tiene más alternativa que invertir en su ejército si quiere defenderse a sí misma. Entiendo que el gobierno de Sánchez prefiera gastarse ese dinero en hospitales o colegios, yo también lo preferiría. Pero, en este momento, todo el mundo tiene que estar a la altura y alcanzar esos objetivos porque si Europa se divide estado por estado, no podrá defenderse.
AFP

– Un mes después de la operación en Venezuela, ¿vivimos en un mundo un poco más peligroso o un poco más justo?
– Es complicado. Muchos venezolanos que odiaban a Maduro y al régimen chavista entienden que su secuestro es una violación del derecho internacional, pero esperan que las cosas para los ciudadanos mejoren. No hay duda de que el secuestro de Maduro es otro ataque a la ONU. Incluso si piensas que era un tipo horrible, te tiene que preocupar la violación de un estado soberano. Además, no es un cambio de régimen. Es apresar al líder del régimen para que te vendan petróleo a mejor precio. Ahora la pregunta es quién es el siguiente.
– ¿Hay alguna señal, por tímida que sea, de un cambio de ciclo político? ¿Algún liderazgo que le inspire cierta esperanza?
– Estoy tentado de decir Mark Carney (primer ministro de Canadá) porque le conozco bien y porque dio un discurso muy importante en Davos. Parece que tenemos que aceptar a Trump tal y como es y aprender a vivir con China, pero eso no quiere decir que no tengamos margen de maniobra o que las potencias medianas no seamos un actor político. Claro que Europa se puede defender, claro que puede evitar que Ucrania colapse, claro que puede frenar a Rusia. Hay que sacar al imperio de nuestras cabezas y redescubrir que podemos hacer muchas cosas. Trump ha implantado la idea de que él es el único jugador histórico que importa. Él y Xi Jinping. No es así. Mira lo mucho que ha cambiado España desde los 80. A veces, con un liderazgo brillante. Pero cuando voy a España veo una desilusión por el experimento democrático español que resulta desconcertante. Es increíble a dónde ha llegado España desde los años 50 o 60. ¡Animaros!
– España prohibirá el acceso a redes sociales a los menores de 16 años. El anuncio hizo que Elon Musk llamara «tirano» a Pedro Sánchez y que éste señalara con el dedo a los «tecno-oligarcas». ¿Deben los líderes políticos entrar en esa guerra?
– Me interesa mucho ver hacia dónde van las legislaciones de Australia o España, si son prácticas y aplicables. Estoy muy a favor de intentarlo porque, como padre, no tengo duda de que es dañino que los niños estén expuestos a contenidos pornográficos o violentos. En esto, Elon Musk puede irse al infierno.
«Hay que regular las redes sociales. En eso, Elon Musk puede irse al infierno»
«En Venezuela han apresado al líder de un régimen para que les vendan petróleo a mejor precio»
– ¿Quién dirige el mundo: los líderes elegidos democráticamente o Musk y compañía?
– Esta es una pregunta real. La increíble riqueza y el acceso al poder que tienen estas personas es el mayor desafío que afrontan nuestras democracias. Pero hay que recordar que los estados tienen un poder coercitivo que los ‘tecnobros’ no tienen. Si los estados lo usan para regular, creo que podemos controlarlo. Nuestra democracia ya es digital. Por eso, quién controla ese espacio es fundamental. Es un reto y será difícil, pero no hay duda de que hay que hacerlo.
–Y la IA es la guinda de este pastel. ¿Amenaza la tecnología más a la libertad que la ideología?
– Estoy convencido de que al otro lado de esta pantalla tú eres una persona real, pero estamos muy cerca de hablar con alguien que parezca humano y que hable como un humano, pero no lo sea. De alguna manera tendrán que avisarte de que estás hablando con una máquina. De lo contrario, viviremos en un mar de manipulación que destruirá las democracias muy deprisa. Si la gente no sabe lo que es verdadero o falso, acabarán pidiendo que un líder se lo diga. Hay una terrible solución a este problema y es el totalitarismo.
– España acaba de regularizar a medio millón de inmigrantes irregulares. ¿Qué le parecen este tipo de medidas?
– Entre lo que está pasando en Minneapolis y una regularización como la de España, está claro qué es lo correcto. Como canadiense, estoy a favor de una corriente migratoria legal fuerte y continua que conduzca hacia la ciudadanía. También creo que toda sociedad tiene que decidir cómo de grande es ese flujo migratorio y a quién se admite y a quién no. Ahora mismo es un caos porque los casos de emergencia son abrumadores. Y esta es otra de las razones por las que el orden internacional está en ruinas, y no es culpa de Trump. Ocurre desde hace 40 años. Creo que hay que repatriar a los inmigrantes ilegales, pero también soy uno de esos conservadores que piensa que la inmigración debe tener muros altos y puertas grandes.
Crisis del liberalismo
– Como todas las ideologías, el liberalismo se ha manoseado y desvirtuado en los últimos tiempos. ¿Qué es ser liberal en 2026?
– Un liberal es alguien que, sobre todo, cree que el objetivo de cualquier política debe ser la libertad. La manera de garantizarla es utilizar el poder para mantener a raya al poder y a la gente libre. Y eso implica una prensa libre, derechos civiles, una justicia independiente y que se aplique la soberanía de la ley. Todo eso es válido todavía, pero es cierto que esta idea está en terribles problemas en este momento. No hay un solo primer ministro que no quiera más poder del que tiene, que no se impaciente cuando una de sus leyes es tumbada por un tribunal o al que la prensa libre no le irrite.
– ¿Dónde encuentra el optimismo necesario para creer en un futuro un poco más luminoso?
– Cada vez que voy a Madrid, visito el Museo del Prado. Solo hay un Velázquez, un Goya, un Greco, un Picasso o un Miró. La increíble creatividad individual humana es lo que me mantiene optimista.
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