Margo Rejmer, escritora polaca: “Necesitamos espejos y narrativas de otros países para vernos mejor”

La escritora Margo Rejmer retratada en noviembre pasado en El Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Margo Rejmer (Varsovia, 40 años) es una escritora que durante años ha dado voz a decenas de relatos personales que condensan la experiencia colectiva de países bajo el comunismo. Ahora dirige la mirada hacia los traumas y las opresiones que persisten en la vida en libertad. En su nuevo libro, El peso de la piel (La Caja Books, traducción de Agata Orzeszek y Ernesto Rubio), el tercero traducido al español, deja atrás el reportaje histórico para adentrarse con mayor libertad en la mente humana y explorar las heridas del presente: el peso de vivir en un mundo que obliga a tomar decisiones sin ofrecer refugio y que empuja a silenciar historias de traumas y violencias familiares.

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Rejmer, autora del libro 'El peso de la piel'.  Tras contar los regímenes comunistas de Albania y Rumania, la autora publica ‘El peso de la piel’, un libro de cuentos psicológicos que explora los traumas y opresiones del presente  

Margo Rejmer (Varsovia, 40 años) es una escritora que durante años ha dado voz a decenas de relatos personales que condensan la experiencia colectiva de países bajo el comunismo. Ahora dirige la mirada hacia los traumas y las opresiones que persisten en la vida en libertad. En su nuevo libro, El peso de la piel (La Caja Books, traducción de Agata Orzeszek y Ernesto Rubio), el tercero traducido al español, deja atrás el reportaje histórico para adentrarse con mayor libertad en la mente humana y explorar las heridas del presente: el peso de vivir en un mundo que obliga a tomar decisiones sin ofrecer refugio y que empuja a silenciar historias de traumas y violencias familiares.

A la manera de la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, pasó años recopilando historias de vidas ordinarias —poetas, maestros, campesinos, zapateros, hijos y nietos de la represión— para escribir dos libros con testimonios de primera mano de quienes sobrevivieron a dos de los regímenes comunistas más cerrados y brutales de Europa: los de Albania y Rumania. Nacida mientras el comunismo polaco se desmoronaba, su literatura no ha dejado de dialogar con ese pasado, y por eso podría pensarse que lo que la mueve es una fascinación por la historia y los secretos del autoritarismo. Sin embargo, su interés no está tanto en los sistemas políticos como en lo que estos hacen con las personas. Lo que más la interpela es la curiosidad por la libertad. “Me interesa la libertad interna”, explica. “Vivir bajo un sistema autoritario te obliga a preguntarte: ¿seré oportunista?, ¿conformista?, ¿rebelde? ¿Puedo aceptar la verdad de la realidad o prefiero vivir en una fantasía que me haga sentir seguro?”.

Rejmer convierte la escritura en un largo proceso de inmersión. Vive en los lugares sobre los que escribe, aprende la lengua, escucha la historia de su gente durante meses y años. Se considera heredera de la escuela de Ryszard Kapuściński, que busca metáforas y símbolos capaces de representar aspectos universales de la naturaleza humana. Pero no se define como reportera, sino como una escritora con curiosidad por las personas: “Escuchas la historia de un individuo y, de pronto, en ella se refleja la gran Historia. Empiezas a encontrar respuestas sobre qué es la libertad y qué es la felicidad”.

Llegó a Rumania porque necesitaba desconectar para escribir otro libro que quedó inconcluso, y no tuvo dificultad para aprender el idioma. Se sintió fascinada por la arquitectura “caótica” de Bucarest. Había algo que le resultaba familiar en ese país, algo que conectaba con ella. “Sentí que, si la arquitectura era tan diversa, la vida de las personas también debía serlo. Ese caos tenía que reflejar la historia y las biografías individuales”. De esa intuición nació Bucarest: polvo y sangre (La Caja Books, 2019), en el que se sumergió en el pasado oscuro del régimen de Nicolae Ceausescu, que gobernó el país de 1965 a 1989. Solo después de publicarlo supo, por su madre, que su abuelo había nacido en Rumania.

Ese mismo silencio familiar lo volvió a encontrar en las historias que escuchaba en Albania. En la capital, Tirana, se topó con personas extrovertidas, pero le costó entender la manera de acercarse a la gente. Todo le resultaba opaco, como si la sociedad hubiera desarrollado un sistema de favores ocultos para maniobrar en la vida cotidiana. Además de aprender la lengua, percibió que debía conocer las dos capas de la sociedad albanesa: una oficial, que funciona en la superficie, y otra que es como el micelio, la estructura de los hongos bajo el suelo, en referencia a una red de corrupción y crimen organizado que, según cuenta, circula en el país. Una herencia, quizá, del pasado oscuro de Enver Hoxha, el tirano que gobernó la nación con mano dura en un régimen aislado que se prolongó de 1944 a 1985. Rejmer tardó otros seis años en escribir Barro más dulce que la miel. Voces de la Albania comunista (La Caja Books, 2020). Su inicio —“Érase una vez un paraíso creado en el país más socialista del mundo”—, buscaba retratar un país que evitaba mirarse al espejo para reconocer lo que era.

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Rejmer cuenta que, tras terminar este libro, quedó obsesionada con el trauma: con la forma en que se inscribe en el cuerpo y se transmite; con su presencia silenciosa en los dramas familiares; con cómo se convierte en opresión de padre a hijo, de madre a hija. En El peso de la piel, un personaje superviviente de la guerra, se pregunta: “¿Acaso podemos enterrar los recuerdos dentro de nosotros, como cuando cubrimos con tierra un cuerpo?”. El silencio es un elemento que recorre las vidas atravesadas por violencias y opresiones que se filtran en las relaciones más íntimas, familiares y afectivas. Está presente en la chica que se une a un streaming de autolesiones; en la complicidad de una comunidad que acepta las agresiones físicas de un padre hacia su hijo; en la maternidad ausente o frustrada. En todas las historias, lo humano y lo carnal se entrelazan con lo sobrenatural y lo místico.

Las escenas de pequeños horrores cotidianos transcurren entre Albania, Kosovo y Polonia, con una mezcla de lo real y lo fantástico. Rejmer, que entre las escritoras polacas contemporáneas solo ha sido superada en número de publicaciones en español por la premio Nobel Olga Tokarczuk, explica que su trabajo anterior también inspiró estas historias. “La ficción me dio herramientas para explorar el trauma, para crear personajes que disocian, que inventan otra realidad para poder sobrevivir”. En estos relatos aparecen distintos mecanismos de defensa que distorsionan la percepción de la realidad, algo que no podía permitirse en el reportaje. “En la ficción puedo partir de hechos reales o de personas que conocí, pero desviar la historia como quiera me permite extraer la esencia del problema”, dice.

La autora polaca lleva años mirando al pasado para entender el presente. Busca comprender por qué aquel a veces trae silencio y otras nostalgia, incluso de un pasado de opresión. “Cada nación está haciendo un esfuerzo por entender su identidad. Necesitamos espejos, narrativas de otros países para vernos mejor. Mirando a los demás nos conocemos a nosotros mismos”. El pasado, muchas veces idealizado, convive con la dureza del presente. “Hay personas que dicen: ‘tal vez no éramos libres, pero teníamos médicos, vivienda, trabajo’. Se creó un mito colectivo, una sensación de que había seguridad”.

La tensión entre libertad y seguridad, resume Rejmer, explica muchos de los malestares contemporáneos. “No sabemos cargar con el peso de la libertad en un sistema que no se preocupa por que nos sintamos seguros. Se preocupa por si queremos tener hijos, pero no se pregunta a qué precio”. A su juicio, se repite con frecuencia que las mujeres ya no quieren tener hijos, cuando en realidad se trata de un síntoma de las condiciones materiales y vitales. “Cuando llego a España siempre me cuentan la crisis de la vivienda. Al final, esta es la necesidad básica, tener un techo sobre la cabeza para sentirse seguro y poder pensar en tener un hijo, una familia. En Polonia tenemos el mismo problema”.

Además, en su país el aborto está penalizado, y Rejmer explora esta situación en el relato de una pareja que cruza la frontera con Eslovaquia para abortar un feto con malformaciones incompatibles con una vida digna. “Lleva en su interior un hijo, ni vivo ni muerto, igual que ella”, escribe sobre la protagonista. Cuenta que para ella fue fundamental escribir esta historia porque percibe que las mujeres polacas están altamente formadas, son emprendedoras, asumen múltiples responsabilidades y, aun así, “no tienen este derecho básico a decidir sobre sus propios cuerpos”, y que, pese a ello, “siguen sin nacer niños”. Entre la pareja que cruza la frontera existe el silencio, el peso de los rencores e ilusiones no realizadas. “Veo una sensibilidad cada vez más distinta entre mujeres y hombres”, concluye. “Nos estamos desplazando en direcciones opuestas, con mucha incomprensión. El peso de la piel intenta poner el dedo en esa herida”.

La autora entiende que su país se ha convertido hoy en un campo de disputa entre dos grandes relatos: el de la derecha radical y el liberal. Le interesa observar cómo el primero impacta en la sociedad y, en particular, en los hombres. Para Rejmer, el auge de la derecha radical responde a que ofrece un relato claro en un contexto de incertidumbre. Apela a la familia, al matrimonio y a los hijos como promesa de protección frente al caos de un presente atravesado por la amenaza de guerra en la frontera, una pandemia y crisis económicas. Esa narrativa, sostiene, conecta directamente con el sentimiento de inseguridad de muchas personas. “Polonia está cambiando, pero también refleja todas las tendencias que son muy visibles en Estados Unidos o incluso aquí en España”, concluye.

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