Los sótanos de los colegios se habilitan para los estudiantes, mientras Moscú destruye las editoriales y millones de manuales de estudio Los sótanos de los colegios se habilitan para los estudiantes, mientras Moscú destruye las editoriales y millones de manuales de estudio
Los alumnos de la Escuela Internacional de Kiev bajaron este martes directamente a los sótanos para asistir a su primer día de clase. Así será … durante todo el curso. Los estudiantes-topo. La dirección del centro ha tomado esta medida para crear un «entorno seguro» y evitar la suspensión de la actividad lectiva cada vez que suenan las sirenas antiaéreas.
Los psicólogos dicen que es importante crear esa sensación de protección. Hasta el curso pasado, los niños salían despavoridos hacia los túneles del metro y los refugios cuando sonaba la alarma y luego les costaba días recuperar la concentración. Muchos permanecían amedrentados, más atentos a un posible y maldito aviso de bombardeo que a sus libros. En el sótano incluso los sonidos exteriores están amortiguados. Y el edificio es grande y sólido.
Otra razón es que los misiles y los drones de la marca Putin caen ahora sobre Kiev a cualquier hora, sin ritmo preconcebido, y cada vez son más rápidos; por lo tanto, llegan antes. La población ya no se siente segura de que correr hacia un refugio nada más escuchar el primer pitido garantice llegar antes de las explosiones. Desde hace tiempo se han producido muertes suficientes para que miles de vecinos estén habituados a hacer vida en los túneles del metro o a no alejarse de un subterráneo.
En Obolón, un distrito de la capital, el estreno escolar se celebró en el patio del colegio con una fiesta de globos. La alegría de los más pequeños y los rostros complacidos de sus padres representaban un extraño contraste con la madrugada de terror soportada horas antes debido a un nuevo bombardeo ruso, que dejó doce muertos y decenas de heridos. Seis de ellos eran empleados de una estación de tren. Les alcanzó la onda expansiva de un misil que impactó en un depósito ferroviario. Kiev llevaba seis días consecutivos bajo el fuego y, aun así, los vecinos buscaron fuerzas para inflar unos globos que apenas tardaron unos minutos en flotar abandonados por el recinto. La sirena obligó a padres y alumnos a correr a los refugios.
Los colegios e institutos del país matriculan este año a unos tres millones de jóvenes, de los cuales alrededor de un millón estudian de forma semipresencial o remota. Entre estos figuran los auténticos hijos de la furia, 200.000 escolares residentes en las poblaciones del frente bélico. Leen apuntes bajo el resplandor del fuego.
Antes de que termine la primera jornada lectiva, madres como Yiuliana admiten que los menores «están cansados. Se levantan agotados porque pasan la noche pendientes de los ruidos o de nosotros, los padres, revisando Telegram por si salta un aviso o alguien informa de la aparición de drones», lo que eufemísticamente Yiuliana llama «el boletín».

(RR SS)
El número de escuelas ha disminuido gradualmente desde el comienzo de la invasión en 2022 hasta quedarse en menos de 12.000. Del censo estudiantil anterior a la guerra han causado baja 1,4 millones de niños y adolescentes cuyas familias buscaron protección en el extranjero. Los constantes bombardeos han cerrado numerosas aulas en Kiev porque la gente se traslada a otras regiones alejadas de la principal diana de los artilleros rusos. Hay escuelas destruidas en todo el Donbás y en los distritos más castigados y la ley marcial ha obligado a clausurar todas las que no se encuentran cerca de un búnker o un refugio.
Según el Ministerio de Educación, este año se han inscrito 243.398 alumnos de primer grado –152.000 menos que en 2021– y ninguno ha vivido un solo día de paz. Siempre han conocido la guerra. Como los de segundo, tercer y cuarto grado. Valientes. Héroes infantiles. En cada aula alguien ha perdido a su padre o lo tiene lejos, en las trincheras.
La imprenta delatada
Este curso se presenta más complicado que nunca. Faltan materiales de trabajo básicos. Algunas escuelas siguen inactivas por eso. Las mentes asesinas piensan incansablemente como causar el mal. A los huérfanos de Ucrania ya se les ha hecho llorar. Ahora se trata de sumir a un pueblo en la ignorancia.
El Kremlin ordenó este agosto ataques de precisión contra las editoriales ucranianas, en especial las especializadas en libros de texto. El Gobierno de Volodimir Zelenski, quien este martes visitó algunas clases y saludó a los alumnos para desearles ánimo en las difíciles condiciones que les rodean, calcula que 12 millones de ejemplares han sido pasto de las llamas.
Uno de los últimos episodios ocurrió a finales de agosto cuando un misil voló un taller que imprimía más de un millón de libros escolares. La Inteligencia sospecha que alguien comunicó al enemigo la ubicación de la empresa, a las afueras de Kiev, lo que claramente indica que buscar y destruir editoriales forma parte de un plan preestablecido.
«A muchos profesores les ha pillado todo esto por sorpresa. Hay que ser muy maligno para arrebatar a los niños sus libros. Pero Putin lo es», dice Pietra, una joven madre kievita. El presidente ruso «ve ahora como enemigos a los libros de historia o de matemáticas», se desespera otro padre en los medios locales. Para el ministerio, se trata de un golpe a un flanco más de la sociedad ucraniana, lo mismo que los ataques a las cadenas de alimentación –que ya están vaciando los supermercados– o a los sistemas energéticos. El Gobierno no descarta que esta violencia creciente responda a una represalia por la casi total destrucción de Wildberries, el gran centro logístico comercial de Rusia y uno de los pilares de su economía, aunque «el fin es siempre el mismo: minar la moral y la resistencia del pueblo».
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