
Las mujeres han accedido de forma progresiva a la carrera científica. En España, representan el 39,6% del personal investigador. Sin embargo, su mayor presencia no se traduce en igualdad de condiciones y las diferencias que aún persisten también atraviesan la comunicación científica. Así lo demuestra un macroestudio recientemente publicado en la revista PLOS Biology. Los autores analizaron 36,5 millones de artículos académicos y concluyeron que los trabajos en biomedicina y ciencias de la vida liderados por mujeres pasan más tiempo en el proceso de revisión que aquellos encabezados por sus colegas varones.
Un análisis de más de 36 millones de artículos escritos por científicas evidencia que la brecha de género en la investigación también se refleja en las revistas especializadas
Las mujeres han accedido de forma progresiva a la carrera científica. En España, representan el 39,6% del personal investigador. Sin embargo, su mayor presencia no se traduce en igualdad de condiciones y las diferencias que aún persisten también atraviesan la comunicación científica. Así lo demuestra un macroestudio recientemente publicado en la revista PLOS Biology. Los autores analizaron 36,5 millones de artículos académicos y concluyeron que los trabajos en biomedicina y ciencias de la vida liderados por mujeres pasan más tiempo en el proceso de revisión que aquellos encabezados por sus colegas varones.
La investigación tomó como muestra los textos indexados en PubMed, la base de datos de literatura biomédica, y comparó el tiempo transcurrido entre el envío de un manuscrito y su aceptación final. Los resultados muestran que, tanto los trabajos con mujeres como primeras autoras o autoras correspondientes evidenciaban ese retraso.
Para el investigador David Álvarez-Ponce, profesor en la Universidad de Nevada (EE UU) y uno de los autores del estudio, esa tardanza supone una serie de desventajas a largo plazo para las científicas. “Si una persona publica 50 artículos durante su carrera, esos días que espera se van multiplicando. Al final estamos hablando de una diferencia importante”, subraya este bioinformático español.
La directora del Centro de Estudios Sociales Avanzados del CSIC, Ana González, coincide. Para esta socióloga, que no ha participado en el estudio, la consecuencia más evidente está relacionada con la promoción profesional de las mujeres y con la financiación de sus investigaciones. “Si se publica más tarde, se tienen menos artículos, que son todavía la naturaleza de la promoción científica”, señala.
También tiene un efecto en la propia producción del conocimiento. “Estamos yendo en contra de la integridad de la ciencia”, apunta. “Existe una discusión sobre si hombres y mujeres investigamos de forma diferente. Tenemos ejemplos de cómo las mujeres empezaron a analizar el comportamiento animal de otra manera”, apunta González, miembro de la junta directiva de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT).
Aunque el estudio señala que existen algunas excepciones —las áreas de la biología molecular, genética o salud de las mujeres—, esta diferencia se mantiene incluso después de tener en cuenta variables como el campo de investigación y el año de publicación.
“Es discriminación”
Los autores del estudio plantean algunos factores que podrían estar influyendo. “El sesgo por parte de editores o revisores es una explicación plausible, pero no necesariamente la única”, subraya Álvarez-Ponce.
Aunque la infrarrepresentación de las mujeres en los órganos de poder de la ciencia no ha sido mencionada, otro estudio publicado en la revista Nature en 2023 encontró que solo el 14% de las editoras eran mujeres y que esta proporción desciende al 8% en el caso de las editoras en jefe. Esto de acuerdo con el conjunto de datos analizados: más de 81.000 editores de 1.167 revistas científicas en 15 disciplinas y durante cinco décadas. La proporción de autoras también lanzaba una cifra llamativa: alcanzaba solo el 26%.
Álvarez-Ponce agrega que las mujeres suelen tener mayor carga docente y administrativa. A eso, se le suma otras responsabilidades como las del hogar. “Puede afectar al ritmo de respuesta cuando las revistas piden revisiones”, afirma el científico.
Aunque reconoce su influencia, para González se trata de una lectura simplista. “En el ámbito científico existen más medidas de colaboración y de conciliación que en otros sectores. Más que los cuidados a menores, influyen los relacionados con personas mayores y personas dependientes, que son las que están menos reguladas”, afirma.
Indica, además, que otros estudios muestran que incluso las mujeres sin hijos experimentan retrasos en su promoción profesional, algo que no ocurre con los hombres. “Es discriminación por ser mujer, no solo por tener hijos”, subraya González.
Hombres con más años en la ciencia
Otro elemento señalado por Álvarez-Ponce es la experiencia. Dado que la incorporación de las mujeres a la carrera científica ha sido progresiva por la brecha que las ha acompañado por años, “los hombres tienden a ser, de media, algo mayores y con más experiencia, lo que también puede influir en la rapidez con la que se aceptan sus artículos”, añade.
Los autores han aclarado que no pudieron distinguir cuánto del retraso se debe a las propias revistas y cuánto al tiempo que tardan los autores en responder a las revisiones. “No tenemos esos datos, aunque hay estudios recientes que sugieren que ambas cosas influyen”, afirma el autor.
El impacto psicológico
La brecha de la mujer en la ciencia se ha expresado también en el plano psicológico. Un estudio reciente de la Universidad de Binghamton (Estados Unidos) reveló que el 97,5% de las mujeres matriculadas en programas de posgrado en STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— ha experimentado lo que se conoce como síndrome del impostor, un fenómeno psicológico donde personas capaces dudan de sus logros.
La investigación mostró que estas experiencias están asociadas a peor salud mental, mayor agotamiento y consideración de abandonar los estudios.
Se necesitan recursos y evaluación constante
Para González, aunque las políticas de igualdad en la ciencia han sido imprescindibles, se necesitan “líderes que las impulsen, recursos y evaluación constante”. También hace hincapié en la responsabilidad institucional de corregir comportamientos y lenguajes sexistas normalizados durante décadas.
Los prejuicios siguen presentes, apunta. Incluso en los niveles más altos. “Aún se pregunta si una mujer brillante habrá sacrificado su familia por su carrera, una cuestión que rara vez se plantea en el caso de los hombres”, sostiene la socióloga.
Agrega, además, que la construcción de vocaciones científicas, especialmente en niñas y jóvenes, es otro de los frentes fundamentales. “La educación es clave, pero no es solo tarea de la escuela”, señala. Familia y entorno social “desempeñan un papel decisivo”. “A los niños se les dice que son listos; a las niñas, que son bonitas. Esa diferencia importa”.
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