Las claves: el crédito privado recuerda que en el sistema financiero no hay compartimentos estancos

La inquietud en torno al crédito privado está activando las alertas de crisis financiera que se habían calmado desde hace unos años. Aunque el sector bancario está mucho más fuerte (también menos competido), las redes que mueven el dinero no son compartimentos estancos, y las retiradas de capital suelen provocar efectos en cadena que pueden afectar a entidades que, casi, solo pasaban por ahí. En el caso de los bancos españoles, solo el Santander y el BBVA tienen una exposición a los problemas del crédito privado digna de analizar, aunque es lo bastante pequeña como para no meritar preocupación.

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 Estos movimientos a veces llegan a un punto de no retornos  

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Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Estos movimientos a veces llegan a un punto de no retornos

Oficina de Blue Owl en Nueva York.Brendan McDermid (REUTERS)
CINCO DÍAS

La inquietud en torno al crédito privado está activando las alertas de crisis financiera que se habían calmado desde hace unos años. Aunque el sector bancario está mucho más fuerte (también menos competido), las redes que mueven el dinero no son compartimentos estancos, y las retiradas de capital suelen provocar efectos en cadena que pueden afectar a entidades que, casi, solo pasaban por ahí. En el caso de los bancos españoles, solo el Santander y el BBVA tienen una exposición a los problemas del crédito privado digna de analizar, aunque es lo bastante pequeña como para no meritar preocupación.

El aprieto de fondo es el endeudamiento de compañías de software que temen una caída del negocio por el auge de la inteligencia artificial. Los vehículos de crédito privado se definen como semilíquidos, y así deben asumirlo los inversores. Pero estos (por ejemplo, minoristas asiáticos que quizá quieren apostar por las Bolsas de su región) están empezando a liquidar sus posiciones a un ritmo observable. Y este tipo de movimientos, a veces, llega a un punto de no retorno que puede contagiar a todo el sector.

Dancausa lo confirma: son malos tiempos para las fusiones en la banca

María Dolores Dancausa, presidenta de Bankinter, dijo ayer que el fracaso de la opa de BBVA a Sabadell la ratifica en su “firme decisión” de “no participar en determinados movimientos corporativos que, por atractivos que puedan parecer, no siempre responden a una lógica de creación de valor”. Bankinter sería, en teoría, apetecible para una consolidación, pero no se presta a ella. Las fusiones bancarias encadenan fracasos por distintos motivos, entre ellos los obstáculos que ponen las autoridades políticas, sea el caso de BBVA y Sabadell o el de Unicredit y Commerzbank. Lo que podría acabar con la sequía es que la UE avanzara, al fin, en la unión bancaria.

Las guerras de los últimos años se desarrollan de formas extrañas

En las guerras de los últimos años suceden cosas realmente extrañas. Por ejemplo, que Rusia siga vendiendo petróleo a empresas de países con los que teóricamente está en guerra, como Francia, y que lo transporte a través de la propia Ucrania. Ahora, Irán está logrando un sorprendente beneficio al cobrar peajes millonarios a los navíos que cruzan el estrecho de Ormuz, precisamente cuando el país está siendo atacado por EE UU. Conviene recordar que los más perjudicados por estos cobros (aparte, claro, de los del Golfo) pueden ser países asiáticos como China, aunque la inflación del transporte marítimo afecte a todos. No está claro qué pretende Washington exactamente con la guerra, pero el hecho es que su aparente enemigo está castigando a terceros.

La frase del día

Polonia no dudará en tomar medidas si es necesario para impedir que los conductores extranjeros compren cantidades excesivas de combustible en el país cuando bajen los precios. Si resulta que hay un turismo de combustible de una magnitud preocupante, reaccionaremos

Donald Tusk, primer ministro de Polonia

Renfe apuesta por seguir creciendo en alta velocidad pese a los obstáculos

Renfe no renuncia al crecimiento de la alta velocidad, pese a los recientes y conocidos obstáculos, y ha abierto un proceso para comprar al menos 30 trenes capaces de llegar a 350 kilómetros por hora (si las vías lo permiten) y destinados a servicios comerciales. El concurso afrontará fricciones con los proveedores, que intentarán incluir cláusulas por la probable inflación de precios derivada de la guerra de Irán. Renfe, de hecho, quiere acelerarlo para adelantarse a los acontecimientos. La compañía pretende así poner las bases para el crecimiento de la demanda previsto para los próximos años. España y la operadora pública deben apostar por la alta velocidad como alternativa menos contaminante al avión, del mismo modo que debe atender las necesidades de los servicios de cercanías.

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