Las aerolíneas no ven ahora los rayos de sol de 2022

La vertiginosa subida de los precios del combustible para aviones está despertando recuerdos desagradables de la crisis de 2022. El riesgo para las aerolíneas europeas es que subir las tarifas resulte ahora más difícil que en la era de los viajes de revancha pospandémicos.

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 Subir las tarifas para compensar el aumento de costes les puede resultar más difícil esta vez  

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Subir las tarifas para compensar el aumento de costes les puede resultar más difícil esta vez

Avión de Ryanair.Clodagh Kilcoyne (REUTERS)

La vertiginosa subida de los precios del combustible para aviones está despertando recuerdos desagradables de la crisis de 2022. El riesgo para las aerolíneas europeas es que subir las tarifas resulte ahora más difícil que en la era de los viajes de revancha pospandémicos.

Las rutas son el menor de sus problemas: con el 8% de su capacidad, Wizz Air es la gran aerolínea con la mayor proporción de tráfico programado hacia la región, según Bernstein. Pero el fuel es un gran quebradero de cabeza. Los precios europeos se han duplicado con creces desde finales de febrero, y S&P Global señala que la mitad de las importaciones del continente en 2025 procedieron de Oriente Próximo.

La combinación de la cercanía del conflicto y el alza de los precios del fuel recuerda a 2022. Pero las aerolíneas europeas gestionaron las consecuencias relativamente bien. El beneficio operativo ajustado de Lufthansa en 2023 superó incluso el nivel del año pasado, pese a que este fue sólido para el sector aéreo.

Dos factores contribuyeron: la tendencia de las aerolíneas europeas a cubrir sus futuras compras de combustible y la extraordinaria demanda pos-covid. Con los precios del petróleo rondando los 107 dólares, cubrirse ha vuelto a demostrar su prudencia. Los CEO, reunidos el jueves en Bruselas, coinciden en que el sector está bien cubierto –sin duda hasta el final del verano–, y el de Ryanair, Michael O’Leary, destacó una protección del 80% para el año que acaba en marzo de 2027.

El factor de la demanda es más complicado. La patronal IATA previó en diciembre una subida del tráfico de pasajeros del 4,9% para 2026, frente a más del 30% en 2023, en plena demanda disparada tras la pandemia. El riesgo para las aerolíneas es que, si la situación en el estrecho de Ormuz no se resuelve pronto y los precios del combustible siguen altos, se verán obligadas a subir las tarifas en un entorno de viajes más normalizado. Y, lo que es quizás más importante, eso ocurriría además en una economía que podría sufrir un crecimiento más lento y tipos más altos.

Todavía hay algunos factores favorables. Las principales aerolíneas de EE UU, como American Airlines, no cubren sus compras de combustible, y no tendrán más remedio que subir las tarifas, así que las europeas podrían ganar cuota de mercado en las rutas del Atlántico Norte; y O’Leary señaló la fuerte demanda intraeuropea durante la Semana Santa. Pero, cuanto más tiempo se mantengan altos los precios del combustible, más inevitable será subir las tarifas. El CEO de EasyJet, Kenton Jarvis, transmitió un mensaje sencillo: “Reserve sus vuelos con antelación”.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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