Lamine Yamal contra el pasado

Lamine Yamal, junto a Víctor Muñoz, este martes en el entrenamiento de España en Chattanooga.

No todo se tiñó de decepción en el Mercedes-Benz Arena. Abrazada al cartel de candidata al título en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, a España se le atragantó Cabo Verde, un rival que pintaba demasiado asequible. Y las estimaciones no parecían ir de sobradas: la selección africana llegaba a su estreno mundialista con un portero de 40 años (Vozinha), un central contactado por LinkedIn (Lopes) y un delantero centro que sumaba un solo gol en las dos últimas campañas (Livramento). Sin embargo, ni los flojos rendimientos individuales ni las malas decisiones tácticas han borrado la autoestima de un equipo español (auto) llamado a tocar el cielo en Nueva York el próximo 19 de julio. Si no, que se lo pregunten a Lamine Yamal: “Sabemos que esto es una competición larga y que el objetivo aún está lejos, seguiremos trabajando y todo saldrá como lo deseamos. No dudéis”.

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Luis de la Fuente, junto a varios jugadores d ela selección, este martes en Chattanooga. Después del fiasco en el estreno ante Cabo Verde, España no pierde el optimismo, pero se muestra seria en el último entrenamiento en Chattanooga  

No todo se tiñó de decepción en el Mercedes-Benz Arena. Abrazada al cartel de candidata al título en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, a España se le atragantó Cabo Verde, un rival que pintaba demasiado asequible. Y las estimaciones no parecían ir de sobradas: la selección africana llegaba a su estreno mundialista con un portero de 40 años (Vozinha), un central contactado por LinkedIn (Lopes) y un delantero centro que sumaba un solo gol en las dos últimas campañas (Livramento). Sin embargo, ni los flojos rendimientos individuales ni las malas decisiones tácticas han borrado la autoestima de un equipo español (auto) llamado a tocar el cielo en Nueva York el próximo 19 de julio. Si no, que se lo pregunten a Lamine Yamal: “Sabemos que esto es una competición larga y que el objetivo aún está lejos, seguiremos trabajando y todo saldrá como lo deseamos. No dudéis”.

Lamine apuntaba al optimismo en sus redes sociales tras el atasco frente a Cabo Verde, del mismo modo que apostaba por la seriedad en el entrenamiento de este martes por la mañana en Chattanooga. Ambas en público, claro.

Más o menos cerca de sus compañeros en la concentración, según despierte su deseo en cada momento, Lamine Yamal siempre se acerca a sus compañeros en el campo. La ansiedad por ver al 19 de España empezó en la grada, en los cánticos por el azulgrana. Luego bajó al campo. Se metió en el juego, en el equipo de De la Fuente. Y acabó mostrando lo que todos querían ver: necesitaban a Lamine Yamal en el verde. El azulgrana, pese a que en los despachos de la Ciudad Deportiva del Barcelona exigían una mayor cautela en su recuperación, dejó atrás la lesión en el bíceps femoral que lo tuvo 55 días sin competir y cambió a una España plana, incluso algo áspera en ataque, incapaz de desbordar a Cabo Verde. “Nada más salir ha modificado el comportamiento del rival. Había tres jugadores pendientes de él. Ha cundido el temor”, subrayó De la Fuente.

Hace rato que Lamine Yamal dejó de ser una promesa. Es presente. Y, sobre todo, futuro. El mejor antídoto contra el pasado de España.

Lamine Yamal

En su estreno en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, la Roja de Luis de la Fuente tuvo un déjà vu: mucha posesión, poco vértigo. Un estilo de juego que se quedó mudo en Brasil 2014, en Rusia 2018 y en Qatar 2022. Tres mundiales consecutivos, en los que España solo ganó tres partidos: Australia (3-0, en Brasil), Irán (1-0, Rusia) y Costa Rica (7-0, Qatar). Citas mundialistas en las que son recordados el tráfico para atacar frente a Rusia en 2018 y contra Marruecos 2022, en ambas ocasiones eliminada en octavos de final.

Entonces, cuando Oyarzabal pasó más de 30 largos minutos —largos para él, pero también para la hinchada— sin tocar la pelota, las gradas y el banquillo en el Mercedes Benz Arena miraban a Lamine. Tenían razón: la modorra desapareció con él. Aunque saltó al campo en el minuto 71, completó cinco regates, más que cualquier otro jugador en el empate sin goles ante Cabo Verde. Su ingreso cambió el partido y dio paso al asedio de la Roja, que terminó con 27 remates, igualando su registro más alto en un encuentro mundialista desde 1966 (también fueron 27 frente a Paraguay en Francia 1998).

Números insuficientes, que, sin embargo, regaron de calma a la delegación de España en Estados Unidos. Nada más terminar el partido en Atlanta, la mayoría de los jugadores de la Roja subieron a la grada detrás de los banquillos, reservada para familiares y amigos. El mensaje fue más o menos unánime, según fuentes consultadas por El PAÍS: “Tranquilidad”.

España no había jugado su mejor partido; seguramente inquietó al aficionado porque su juego evocaba al pasado, condicionado por bajos rendimientos individuales. Pero no había que alarmarse. El primero en despejar dudas fue Lamine: ni problemas físicos ni problemas futbolísticos, solo alertó sobre su falta de ritmo. Algo normal, según él, después de casi dos meses sin competir.

No faltaron, en todo caso, quienes cuestionaron la idea táctica de De la Fuente ante Cabo Verde. Nada extraño en un grupo de 26 individualistas. Se debatió si Pedri debía retrasar su posición, como en el Barcelona, o si Gavi era la mejor opción en el extremo izquierdo en lugar de Yeremy Pino. Se habló también de Olmo, por ejemplo: uno de los más cabizbajos al pasar por la zona mixta del Mercedes-Benz Arena, pero también de los más efervescentes sobre el campo ante Cabo Verde, pese a comenzar en el banquillo.

A España le espera ahora Arabia Saudí el próximo 21, también en Atlanta. Será el momento de despertar, de borrar el pasado y mirar al futuro, es decir, al presente, simbolizado en el vértigo de Lamine Yamal. El problema es que todavía no puede disputar 90 minutos. Nada que invite a la decepción.

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