Morgues donde se «amontonan los cuerpos», francotiradores que disparan a la cabeza de los manifestantes, jóvenes aplastados o víctimas de brutales palizas y un «mar de muertos» hunden al país en el terror Morgues donde se «amontonan los cuerpos», francotiradores que disparan a la cabeza de los manifestantes, jóvenes aplastados o víctimas de brutales palizas y un «mar de muertos» hunden al país en el terror
Las familias se deshacen cuando abren la bolsa negra y descubren el cadaver de un hijo, una hermana, un padre. La causa de por qué … no ha llegado a comer o a dormir la noche anterior. Tampoco es sencilla la ruta hasta llegar a ese instante en el que todo se derrumba alrededor. Hay que ir de hospital en hospital hasta acabar en la morgue. Y una vez allí, caminar con cuidado de no pisar a los muertos entre decenas de bolsas cerradas alineadas con escaso respeto fuera del laboratorio forense de Kahrizak, en los suburbios de Teherán.
En el interior no hay cabida para más drama. Se podría echar tierra y convertir el lugar en un camposanto. Dejarlo como está, atiborrado de carne y sangre. Por eso, los últimos en ser asesinados por la represión se quedan a la intemperie. Es el horror, sí, pero existen otros tanatorios más agónicos. En uno de ellos pasan por una pantalla de televisión las fotografías de los rostros deformes de los fallecidos para que las familias arracimadas en la sala comprueben si son los parientes que buscan. Es fácil imaginar la agonía de unos padres en la centésima de segundo que pasa entre una imagen y la siguiente. En Irán, las morgues son grandes almacenes de la muerte.
La familia Amanian dejó de saber de su hija. Rubina, de 23 años, estudiante de diseño textil en la Universidad de Teherán, salió de clase el jueves pasado y se sumó a una marcha en contra de la crisis y el régimen de Ali Jamenei. Estación término. A sus padres, vecinos de la ciudad de Kermanshah, a 500 kilómetros de distancia, les avisaron horas después de que la joven, «una niña valiente, una niña fuerte», según su tío, había perdido la vida en unos disturbios. La familia se desplazó a la capital. Buscó entre «los cadáveres de cientos de jóvenes» hasta localizar a Rubina. En los hospitales se «amontonan los cuerpos». Algunos funcionarios piden dinero a los allegados para poder llevárselos. Para los buitres, la represión trae la fortuna.
La estudiante presentaba un disparo «a quemarropa» en la zona posterior del cráneo. Probablemente, sus familiares nunca sabrán quién lo hizo ni por qué fue asesinada; cómo discurrió ese trance entre sumarse a una movilización popular y acabar con una bala en la cabeza. La investigación se cerró antes de empezar.
El Gobierno despacha los crímenes argumentando que las heridas de bala y de arma blanca de los asesinados son causadas por los «mercenarios» y «terroristas» que ocupan las calles. Con esa tesis, los Amanian regresaron a Kermanshah, donde les aguardaba el siguiente círculo del infierno. Fuerzas del orden habían bloqueado su casa. Obligaron a enterrar a la joven en una cuneta.
Porque fuera de Teherán, en las más de cien ciudades y localidades donde se registran movilizaciones contra los ayatolás. surge el feudo de las milicias y los miembros de la Fuerza Basij, un cuerpo de voluntarios leales al sistema teocrático iraní conocido por sus excesos represivos. El Parlamento les rindió homenaje el domingo por «permanecer firmes» ante los manifestantes.
Asalto al hospital
Integrantes de esta milicia junto con miembros del ejército han tomado las calles de poblaciones y aldeas para impedir que sus habitantes salgan a concentrarse. «Luego viene la televisión estatal y hace reportajes sobre la normalidad que se vive en los pueblos». «A algunos vecinos que creen que impulsan la disidencia, los sacan a rastras de sus casas y se los llevan en furgonetas».
Aunque la ONG Iran Human Rights la represión dejaba hasta este lunes 648 víctimas mortales, incluidos nueve niños, la opositora Organización de Muyahidines del Pueblo calcula que ha causado ya 3.000 «mártires», y muchos de ellos son jóvenes. Estudiantes. «El balance final será muy superior porque hay muchas zonas oscuras», explica un portavoz, en referencia a los lugares completamente afectados por el bloqueo en internet. Esta maniobra afecta también a las ediciones digitales de los medios, lo que redunda en un apagón informativo tanto entre los iraníes como en el exterior.
Así no se ven cosas. «Arremeten contra la multitud en furgonetas y motos. Los he visto reducir la velocidad y disparar deliberadamente a la cara. Muchas personas han resultado heridas. Temo estar a punto de presenciar un mar de muertos», narraba a ‘The Guardian’, Mahsa, una joven periodista de 28 años. Otro testigo describe las maniobras de los policías en pareja atropellando a los civiles mientras «les abren la cabeza a porrazos sin ninguna conmiseración».
En Teherán, grupos de militares embozados han disparado con munición real o perdigones contra las concentraciones, Las ONG aseguran tener constancia de la acción de francotiradores. La consigna es dispersar al gentío. Los médicos admiten el ingreso de personas con lesiones propias de haber sido pisoteadas. y cadáveres aplastados.
El terror de los rostros sin vida se transmite a los supervivientes de la represión. En Karaj, al oeste de la capital, o en la localidad norteña de Mashad y en Kermanshahn, la ciudad de Rubina Amanian, el control oficial es tan absoluto que los heridos prefieren curarse en casa o buscan ayuda médica fuera de los centros sanitarios. La frontera de los comportamientos salvajes es muy delgada. El presidente, Masoud Pezeshkian, ha prometido investigar el asalto a un hospital por parte de fuerzas de seguridad que golpearon butalmente a los heridos ingresados, a sus familias y al personal médico que los atendía.
Pezeshkian, el dirigente que pidió reducir la dureza de la represión, ha virado y habla de «terroristas extranjeros bien entrenados». En una alocución televisada, instó ayer a los iraníes a no salir a la calle y a los padres que aconsejen a sus hijos no mezclarse con «agitadores». La ley lo castiga como traición. En Teherán las calles se quedan vacías al anochecer, antes de los incidentes, y las manifestaciones se vuelven actos disperos y rápidos para esquivar las balas.
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