La imagen concentra todo el horror de la Shoah: un nazi apunta a la cabeza de un hombre, que mira a la cámara con una expresión casi desafiante. Otros soldados alemanes, incluso un civil, contemplan la escena sin mostrarse especialmente impresionados. Es una imagen del mal absoluto. Ante la persona que va a ser asesinada se abre el abismo de una fosa común llena de cadáveres. Esta fotografía, tomada en Ucrania en 1941, resume el llamado Holocausto de las balas y es una de las más conocidas del genocidio que sufrieron los judíos bajo el nazismo. Hasta ahora no se conocía el nombre del asesino. Sin embargo, gracias a la inteligencia artificial y a la colaboración de dos familiares, el historiador alemán Jürgen Matthäus ha logrado identificar al perpetrador: Jakobus Onnen, que tenía 34 años en el momento de los hechos y que murió en 1943 durante un ataque de partisanos soviéticos. La víctima, en cambio, sigue siendo desconocida. Matthäus publicó su hallazgo en un artículo en la revista especializada Zeitschrift für Geschichtswissenschaft (Revista de Historia).


El historiador Jürgen Matthäus resuelve uno de los enigmas de la imagen conocida como ‘El último judío de Vinnitsa’, en la que se ve a un oficial de las SS a punto de matar a un hombre. La identidad de la víctima sigue siendo desconocida
La imagen concentra todo el horror de la Shoah: un nazi apunta a la cabeza de un hombre, que mira a la cámara con una expresión casi desafiante. Otros soldados alemanes, incluso un civil, contemplan la escena sin mostrarse especialmente impresionados. Es una imagen del mal absoluto. Ante la persona que va a ser asesinada se abre el abismo de una fosa común llena de cadáveres. Esta fotografía, tomada en Ucrania en 1941, resume el llamado Holocausto de las balas y es una de las más conocidas del genocidio que sufrieron los judíos bajo el nazismo. Hasta ahora no se conocía el nombre del asesino. Sin embargo, gracias a la inteligencia artificial y a la colaboración de dos familiares, el historiador alemán Jürgen Matthäus ha logrado identificar al perpetrador: Jakobus Onnen, que tenía 34 años en el momento de los hechos y que murió en 1943 durante un ataque de partisanos soviéticos. La víctima, en cambio, sigue siendo desconocida. Matthäus publicó su hallazgo en un artículo en la revista especializada Zeitschrift für Geschichtswissenschaft (Revista de Historia).
Las pesquisas de Matthäus, historiador experto en Holocausto —que se jubiló recientemente del U.S. Holocaust Memorial Museum, donde trabajaba como investigador—, permitieron primero cambiar la ubicación de la imagen, conocida universalmente como El último judío de Vinnitsa. La fotografía fue publicada por primera vez en 1961 por la desaparecida agencia United Press (UPI) durante el juicio a Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto, detenido por agentes israelíes en Argentina, juzgado y ahorcado —sobre este proceso escribió Hannah Arendt su célebre libro Eichmann en Jerusalén, en el que acuña el concepto de la “banalidad del mal”—.

La imagen había sido encontrada por un superviviente del Holocausto, Al Moss, que la entregó a la UPI para mostrar al mundo los crímenes que habían cometido los nazis. La información era muy escasa y entonces se pensó que la fotografía, de mala resolución, había sido tomada en la ciudad ucrania de Vinnitsa y mostraba en acción a los Einsatzgruppe, los escuadrones de la muerte que realizaron matanzas de judíos a cielo abierto en Polonia y la antigua URSS durante la Segunda Guerra Mundial.
Se convirtió en uno de los documentos más atroces del Holocausto de las balas, el asesinato de millones de personas, en su inmensa mayoría judíos, pero también gitanos, prisioneros de guerra o resistentes, fusilados junto a barrancos, en fosas comunes excavadas casi siempre por las víctimas, en bosques o en descampados cerca de los núcleos urbanos.
Al final del conflicto, 1,5 millones de judíos habían sido exterminados en Ucrania, según datos recopilados por Raul Hilberg en su monumental La destrucción de los judíos de Europa (Akal). Solo después de aquellas masacres, a finales de 1941 y principios de 1942, los nazis pusieron en marcha los campos de exterminio con cámaras de gas, donde fueron asesinadas casi tres millones de personas, en su mayoría judíos.
Un hallazgo casual permitió a Jürgen Matthäus, de 66 años, responder muchas preguntas en torno a la imagen, investigación que publicó en 2023 en la revista Holocaust and Genocide Studies. “Se sabía muy poco sobre esa foto”, explica en una entrevista por correo electrónico. “Eso cambió hace unos años, cuando el archivo del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos, donde trabajé como historiador hasta mi jubilación, recibió una donación con los diarios de guerra de un capitán de la Wehrmacht. Uno de los volúmenes del diario trataba sobre el ataque alemán a la Unión Soviética en junio de 1941. Contenía no solo una copia de la foto, de buena calidad, sino también la entrada del diario escrita por el capitán, que confirmaba el lugar del crimen”. En el reverso de la foto estaba escrito: “Finales de julio de 1941. Ejecución de judíos por las SS en la ciudadela de Berdychiv. 28 de julio de 1941”.

El oficial de la Wehrmacht, Walter Materna, describía en su diario que en esa ciudad había tenido lugar una matanza de judíos, lo que demostraría que los miembros del Ejército regular alemán eran plenamente conscientes de los asesinatos masivos perpetrados por las SS y los miembros de los escuadrones de la muerte, aunque no participasen directamente en ellos.
El siguiente paso llegó más tarde cuando, tras leer su artículo, una pareja se puso en contacto con el historiador porque estaba convencida de que un familiar suyo era el nazi de la foto. Se trataba de un tío de la mujer —un hermano de su madre—, del que sospechaban que había formado parte de los Einsatzgruppe. “El factor clave para identificar al asesino de la foto fue la disponibilidad de imágenes comparables. En este caso, tuve la suerte de que se pusiera en contacto conmigo un lector de mi anterior publicación sobre el tema que, junto con su esposa, sospechaba que el asesino era un pariente de ella. Proporcionó fotos de Jakobus Onnen que eran cercanas cronológicamente a la guerra y de calidad suficiente para permitir el reconocimiento facial. Los expertos involucrados utilizaron tanto técnicas tradicionales de reconocimiento facial como inteligencia artificial; esta última produjo índices de similitud entre el 98,5% y el 99,9%, muy altos para fotografías históricas”.
A partir de ahí, pudo trazar un perfil biográfico del perpetrador: Jakobus Onnen, nacido en una familia de clase media en 1906 en el pueblo de Tichelwarf, cerca de la frontera con los Países Bajos. Era profesor, hablaba francés e inglés y fue un nazi de primera hora: miembro primero de las SA desde 1933, año de la llegada de Hitler al poder, luego de las SS y durante la guerra de los escuadrones de la muerte. “En la foto se ve claramente que el asesino era miembro de la Policía de Seguridad Alemana y del SD, es decir, la parte del aparato policial dirigida por el jefe de las SS, Heinrich Himmler, que formaba parte de los infames Einsatzgruppen”, explica Matthäus. “Esas unidades siguieron a la Wehrmacht en su avance por la Unión Soviética y mataron a cientos de miles de civiles, especialmente judíos. Después de la guerra, los fiscales aliados y alemanes investigaron estas unidades asesinas. El nombre de Onnen figura entre los identificados como miembros de una de ellas, pero como murió en combate en Ucrania en agosto de 1943 nunca fue investigado”.

Aunque existen muchas imágenes del Holocausto, apenas se conservan una decena de momentos de asesinatos y todas han sido investigadas a fondo por los historiadores. Los nazis tomaban de vez en cuando esas fotos como trofeos, aunque ahora resulten repugnantes y atroces. Para la mentalidad genocida nazi, no se trataba de crímenes, sino del cumplimiento de una misión de la que estaban orgullosos. Muchas de ellas fueron destruidas después de la guerra, otras emergieron como pruebas del mayor crimen de la historia. La investigadora Wendy Lower publicó en 2021 un apasionante análisis de otra prueba: una foto de una matanza en Ucrania en 1941 en su libro La fosa (Confluencias), que muestra el asesinato de una madre junto a su hijo por colaboracionistas ucranios. Sin embargo, al igual que ocurre con El último judío de Vinnitsa, logró identificar a los perpetradores, pero no a las víctimas.
Explica Matthäus: “Mis colegas y yo intentamos localizar referencias a la víctima en documentos de la época de la guerra, historias orales de la posguerra y otras fuentes, pero no encontramos nada sustancial. Igualmente infructuoso fue el intento de identificarlo en fotografías soviéticas tomadas antes del ataque alemán del 22 de junio de 1941, en archivos de Ucrania. Las condiciones para llevar a cabo una investigación de este tipo en un país que lleva cuatro años bajo el ataque de Rusia no son nada prometedoras; sin embargo, nos ayudaron mucho. Pero, una vez más, el resultado fue negativo. Sigo esperando que en el futuro se puedan encontrar pistas sólidas que ayuden a responder a la pregunta de quién era el hombre que estaba a punto de ser fusilado”.
El Yad Vashem, el museo del Holocausto en Jerusalén que es también un centro de investigación, mantiene una base de datos con 4,7 millones de nombres de víctimas de la Shoah. Todavía quedan 1,3 millones sin identificar. Uno de ellos sigue siendo aquel judío en Berdychiv que encarna la humanidad en medio de una de las imágenes más horribles de la historia.
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