Daniela Klette, de 67 años, fue detenida en 2024 después de tres décadas en la clandestinidad tras haber militado en la Fracción del Ejército Rojo (RAF) Daniela Klette, de 67 años, fue detenida en 2024 después de tres décadas en la clandestinidad tras haber militado en la Fracción del Ejército Rojo (RAF)
Para sus vecinos, era una abuelita ‘cool’, con pañuelo palestino al cuello y habitual en la tienda bio. Nadie sabía a ciencia cierta de qué … vivía, pero esto es algo habitual en el barrio de Kreuzberg, en Berlín, y a pesar de que ocupaba una vivienda social en el número 73 de la Sebastianstrasse, con frecuencia realizaba viajes al extranjero con destinos exóticos, como Brasil y Sudáfrica, para evitar el duro invierno de la capital alemana. Tenía incluso un perfil de Facebook con foto, asistía a clases de capoeira y a actos culturales e incluso participó en el popular desfile Carnaval de las Culturas.
Cuando la Policía entró en su piso, el 26 de febrero de 2024, encontró un Kalashnikov, una pistola Walther P5, una HK P7, una granada PG7L, inhibidores de señal, documentación falsa y entre 140.000 y 200.000 euros en efectivo, además de 1,2 kilos de oro. Ella se identificó como Claudia Ivone con uno de sus pasaportes falsos, el italiano. Pero su fisonomía, a pesar de sus treinta años de vida en la clandestinidad, corroboraba el chivatazo: se trataba de la terrorista Daniela Klette, miembro de la última célula activa de la Fracción del Ejército Rojo (RAF). La Fiscalía del Tribunal Regional de Verden ha pedido este miércoles para ella 15 años de prisión.
Aunque su pertenencia a la organización terrorista de extrema izquierda ha prescrito, según el artículo 129a del Código Penal alemán, fue posible encausarla por los atracos. Desde 1990, momento en el que pasa a la clandestinidad, se mantuvo a base de robos y había pruebas de su participación en los ataques a un banco en Eschborn, una embajada en Bad Godesberg y una prisión en Weiterstadt. La Fiscalía ha acusado también a la mujer de 67 años de dos cargos de intento de asesinato, así como de intento de atentado con explosivos, secuestro extorsionador y robo especial agravado en complicidad, lo que su abogado, Lukas Theune, considera «motivado políticamente».
Papel clave en varios atentados
El fiscal asume, por el contrario, que Klette perteneció a la llamada tercera generación de la RAF y que desempeñó un papel significativo en tres atentados entre febrero de 1990 y marzo de 1993, como parte de la Unidad de Combate Febe Elizabeth. En uno de ellos falló el mecanismo de ignición de los 45 kilos de explosivos que la terrorista había ayudado personalmente a instalar en el maletero de un coche. En caso de detonación, la onda expansiva habría alcanzado la sala en la que se alojaban tres guardias de seguridad del Deutsche Bank AG en ese momento.
También se ha probado durante el juicio que, la noche del 13 de febrero de 1991, llevó a cabo un ataque con armas de fuego contra la embajada estadounidense en Bonn, junto a otros miembros de la RAF del comando Vincenzo Spano, que disparó al menos 250 tiros contra el edificio desde el lado opuesto del Rin con armas largas automáticas. Y el 27 de marzo de 1993, participó en el asalto y detonación de la prisión de Weiterstadt, como miembro del comando Katharina Hammerschmidt. El alegato fiscal habla de una «energía criminal considerable» y la acusa de trivializar sus actos durante el proceso judicial.

(Reuters)
Los hechos han podido probarse fundamentalmente a partir de los informes elaborados por Klaus Steinmetz, a quien la Oficina para la Protección de la Constitución (el servicio de Inteligencia interior de Alemania) reclutó en los ochenta para que se infiltrase y espiase durante años la escena autónoma de izquierdas. A principios de los noventa, se dice que obtuvo acceso al nivel de mando de la RAF, bajo el nombre en clave Bruno, hasta una operación fallida del GSG-9 en Bad Kleinen, Mecklemburgo, en junio de 1993, en la que murieron dos terroristas. El suceso obligó a dimitir al ministro de Interior y a la destitución del fiscal general federal.
Klette siguió en la RAF hasta su desmantelamiento, en 1998 y con 34 asesinatos a sus espaldas. Formó parte de la última célula activa, junto con Ernst-Volker Staub y Burkhard Garweg. La Policía sospecha que el primero de ellos, también oculto bajo falsa identidad, habría ya fallecido. Al segundo consiguió enviarle Klette un mensaje de advertencia minutos antes de ser detenida y sigue fugado.
«Mi principal interés es la aclaración, saber qué pasó realmente, que todos lo sepamos», ha declarado tras la última sesión del juicio Patrick von Braunmühl, cuyo padre fue asesinado por la RAF en 1986. Su testimonio refleja un sentimiento extendido en Alemania: la necesidad de cerrar un capítulo que el país nunca terminó de comprender del todo.
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