Jueves de sudor y malos ratos para Alcaraz y Sinner, aunque atrapan los cuartos en Montecarlo

No aprieta el calor, pero es un jueves de sudores en Montecarlo, donde las dos ruedas a seguir transitan sobre un terreno astilloso y áspero, lleno de ortigas. Así va esto, nada nuevo en realidad: la tierra es propiedad los currantes, siempre hay que mancharse las manos. No existen atajos. Si a mediodía sufría de lo lindo Jannik Sinner, indispuesto y arremangado el italiano para lograr sacar adelante el pulso contra Tomas Machac (6-1, 6-7(3) y 6-3, tras 2h 01m), a media tarde es Carlos Alcaraz el que mastica y rumia el laborioso duelo con el argentino Tomás Martín Etcheverry, un hueso este. Pintaba muy bien la cosa, pero después se tuerce. Lo sortea finalmente el español, pero el segundo set ha sido feo: 6-1, 4-6 y 6-3, en 2h 23m. Un trago amargo.

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FONSECA, RETO NOVEDOSO PARA ZVEREV

“No estoy jugando bien, pero estoy en cuartos, y eso es lo importante”, sostenía Alexander Zverev después de superar a Zizou Bergs por 7-5 y 6-2. Cierto es, sin brillos. Los necesitará probablemente este viernes (11.00) para batir a João Fonseca, verdugo de Matteo Berrettini (6-3 y 6-2).

Este último, que se las ha visto con unos cuantos fenómenos a lo largo de su carrera, advierte: “A su edad, yo no jugaba futures [la categoría que precede a los challengers] y él ya está entre los 40 mejores [35º, en concreto]. Tiene un potencial asombroso. Creo que llegará a ser el tercer miembro de un Big Three”.

De momento, el brasileño, de 19 años, es el más joven en alcanzar los cuartos de Montecarlo desde Rafael Nadal (18) en 2005. Es el primer tenista de su nacionalidad que llega tan lejos en un mil desde que lo hiciera Thomaz Bellucci en 2011, Madrid.

Será el primer duelo entre él y Zverev. “El primero de muchos en los próximos años”, augura el tenista alemán. El local Valentin Vacherot (6-7(4), 6-3 y 6-4 a Hubert Hurkacz) y el australiano Alex de Miñaur (7-5 y 7-6(4) completaron el cartel.

 El número uno y el italiano se dejan sendos sets ante Etcheverry (6-1, 4-6 y 6-3) y Machac (6-1, 6-7(3) y 6-3). Se enfrentarán este viernes a Bublik y Auger-Aliassime  

No aprieta el calor, pero es un jueves de sudores en Montecarlo, donde las dos ruedas a seguir transitan sobre un terreno astilloso y áspero, lleno de ortigas. Así va esto, nada nuevo en realidad: la tierra es propiedad los currantes, siempre hay que mancharse las manos. No existen atajos. Si a mediodía sufría de lo lindo Jannik Sinner, indispuesto y arremangado el italiano para lograr sacar adelante el pulso contra Tomas Machac (6-1, 6-7(3) y 6-3, tras 2h 01m), a media tarde es Carlos Alcaraz el que mastica y rumia el laborioso duelo con el argentino Tomás Martín Etcheverry, un hueso este. Pintaba muy bien la cosa, pero después se tuerce. Lo sortea finalmente el español, pero el segundo set ha sido feo: 6-1, 4-6 y 6-3, en 2h 23m. Un trago amargo.

“Fallar vas a fallar, porque en el tenis se falla, pero hay que seguir intentando cosas”, le dice su preparador, Samuel López, cuando detecta que la cosa sigue complicándose y que al murciano —23 errores no forzados, de los 44 que reflejará la estadística al final— le falta la finura habitual durante esa franja incómoda en la que Etcheverry, empapado de sudor, le birla un par de veces el saque y se rebela. No está a gusto Alcaraz con su saque ni sus golpes y pelotea un pelín ansioso, algo acelerado, por instantes desordenado, con insistencia pero quejoso: “¡Revés de mierda!”. Donde parecía no haber partido, aparece una trampa. Pelea y pelea. No termina de dar con la llave el número uno.

“Ponte cabezón, lo que hemos hablado antes, venga… Haz la pista pequeña”, le dice López. Sin embargo, Etcheverry (26 años y 30º del mundo) continúa creciendo y batallando, planteando con el drive una peligrosa resistencia que le concede un doble break y la segunda manga, y le sitúa luego ante un interesante escenario: ahí enfrente hay un portento que sufre, que no lo termina de ver, que después de un primer parcial estupendo ha metido el pie en el barrizal y le cuesta sacarlo. Así que tal vez sea el día. ¿Por qué no? Cuna también de terrícolas y con el recuerdo imborrable de Guillermo Vilas, el tenis argentino (en cualquier disciplina, en realidad) suele vender caras las derrotas. Cae finalmente su chico, pero el vencedor no ha sentido placer.

Resopla el de El Palmar tras viajar de un mundo a otro. Del Edén y la fluidez inicial al atragantado tramo posterior, un quiero y no puedo. El tercero también obliga a un buen esfuerzo y transcurre entre tensión, tirones e irregularidades, no sin una amenaza casi constante: a un punto del 4-0 primero, sí, pero a un solo acierto de Etcheverry de encajar a continuación el 4-3, también. Tiene una traducción: dudas. Sensaciones contrapuestas. Mucho sube y baja. Ahora bien, a falta de inspiración, bien vale la garantía del oficio, que no es poco. “Has hecho un buen partido. Eres grande, tío”, le dedica en la red al adversario. Este viernes (hacia las 15.00, Movistar+) se encontrará en los cuartos con Alexander Bublik, superior a Jiri Lehecka (6-2 y 7-5).

“Había jugado bien el primer set, sintiendo la bola de diez. En el segundo tuva una oportunidad para romperle el saque, pero cuando no lo haces, das un paso atrás. Estoy contento de haber podido sacarlo adelante porque se me había complicado. He logrado volver cuando las cosas se habían puesto difíciles. Nunca había jugado contra él”, apunta a pie de pista. Tampoco se ha enfrentado nunca al kazajo Bublik, undécimo del mundo y en una versión creciente. Siempre imprevisible. “Tengo ganas. Ya veremos quién tiene mejor dejada”, bromea el murciano.

Antes ha pasado otro mal rato Sinner, quien después de 37 sets consecutivos en el territorio de los Masters 1000, cede uno ante Machac. No lo hacía desde octubre, cuando perdió ante Tallon Griekspoor en Shanghái. Mal menor, sin duda. Podía haber sido peor, dado que mediado el segundo set, el italiano —30 errores no forzados, también cifra elevada— ha empezado a encontrarse mal y ni su gestualidad ni su juego invitaban al optimismo. Aun así, logra seguir en pie. Y, al igual que Alcaraz, se queda con lo bueno: “He sufrido, pero se trata de dar lo mejor de uno mismo y superarlo. Ha sido positivo”. Se topará (hacia las 13.00) con Felix Auger-Aliassime, beneficiado por el abandono de Casper Ruud cuando el nórdico ya perdía por 7-5 y 2-2.

FONSECA, RETO NOVEDOSO PARA ZVEREV

A. C.

“No estoy jugando bien, pero estoy en cuartos, y eso es lo importante”, sostenía Alexander Zverev después de superar a Zizou Bergs por 7-5 y 6-2. Cierto es, sin brillos. Los necesitará probablemente este viernes (11.00) para batir a João Fonseca, verdugo de Matteo Berrettini (6-3 y 6-2).

Este último, que se las ha visto con unos cuantos fenómenos a lo largo de su carrera, advierte: “A su edad, yo no jugaba futures [la categoría que precede a los challengers] y él ya está entre los 40 mejores [35º, en concreto]. Tiene un potencial asombroso. Creo que llegará a ser el tercer miembro de un Big Three”.

De momento, el brasileño, de 19 años, es el más joven en alcanzar los cuartos de Montecarlo desde Rafael Nadal (18) en 2005. Es el primer tenista de su nacionalidad que llega tan lejos en un mil desde que lo hiciera Thomaz Bellucci en 2011, Madrid.

Será el primer duelo entre él y Zverev. “El primero de muchos en los próximos años”, augura el tenista alemán. El local Valentin Vacherot (6-7(4), 6-3 y 6-4 a Hubert Hurkacz) y el australiano Alex de Miñaur (7-5 y 7-6(4) completaron el cartel.

Carlos Alcaraz

vs

Tomas Martin Etcheverry

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