Bellingham son dos jugadores, uno fértil con la cabeza que se desplaza por el campo con varias brújulas, un sentido de la orientación total y un mapa del partido en el que registra las zonas calientes del campo y calcula la urgencia de su presencia allí; ese Bellingham es especialmente irritante para el adversario, que no sabe lo que está pensando el inglés, ni consigue anticiparse a él, ni logra adivinar por qué siempre aparece donde tiene que aparecer: por qué se abre un hueco en el campo a martillazos contra un muro, y nadie lo ve ni escucha. Es un Bellingham poco impresionable en la grada, pues es un Jude Bellingham que pone a trabajar la sala de máquinas en la cabeza y no se deja ver: su espectáculo es íntimo y poco gratificante a primera vista.
Estar de sí es importante en la vida: es levantarte de cama habiendo decidido de antemano que las cosas que lleguen las aceptarás de buen ánimo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Estar de sí es importante en la vida: es levantarte de cama habiendo decidido de antemano que las cosas que lleguen las aceptarás de buen ánimo


Bellingham son dos jugadores, uno fértil con la cabeza que se desplaza por el campo con varias brújulas, un sentido de la orientación total y un mapa del partido en el que registra las zonas calientes del campo y calcula la urgencia de su presencia allí; ese Bellingham es especialmente irritante para el adversario, que no sabe lo que está pensando el inglés, ni consigue anticiparse a él, ni logra adivinar por qué siempre aparece donde tiene que aparecer: por qué se abre un hueco en el campo a martillazos contra un muro, y nadie lo ve ni escucha. Es un Bellingham poco impresionable en la grada, pues es un Jude Bellingham que pone a trabajar la sala de máquinas en la cabeza y no se deja ver: su espectáculo es íntimo y poco gratificante a primera vista.
Real MadridREA
4
Bellingham 18′,Herrero 25′ (pp),Mbappé 29′,Güler 90′

MálagaMÁL

Hay otro Bellingham, más visible, puramente terrenal, cuya fertilidad en el juego está en el físico. Es poderoso, devastador, y se lleva a los rivales colgando sin necesidad de grandes regates: a veces le basta avanzar con el balón y poner su cuerpo para ganar metros y tiempo. Ese Bellingham puede aprovecharse del primer Bellingham, el que acondicionó el campo para la explosión del segundo. Pero puede no hacerlo. Le basta, como en el primer gol ante el Málaga, con levantar la cabeza y hacer pisadas de animal grande, entrando en el área como un búfalo. Es un jugador de condiciones tan distintas que cuesta clasificarlo incluso a los entrenadores: llegador, pasador, cabeceador, pegador.
Por tanto, Bellingham depende de él, de lo que le dé la gana. Esta temporada, como la primera que acabó con una Champions en Londres, parece que está de sí. Estar de sí es importante en la vida: es levantarte de cama habiendo decidido de antemano que las cosas que lleguen las aceptarás de buen ánimo y las que no lleguen, las buscarás con optimismo. Luego puede ser que el día se empiece a torcer desde temprano, que te metas una hostia en la rodilla con la esquina de la mesa, que te tuerzas el tobillo en la ducha, que te quemes con el café, que pilles un atasco histórico mientras tu pareja rompe contigo por teléfono, y acabes entrando en el trabajo con una recortada y te lleves a doce por delante; esas cosas pasan y tampoco hay que darle importante, otro día las cosas saldrán mejor. Se cumple una condena y para adelante con buen humor; al salir, claro, tener más cuidado con las esquinas de la mesa: eso es estar de sí.
Bellingham no estuvo de sí sus dos últimas temporadas en el Madrid. Estuvo de no. Quizá contribuyó sus problemas físicos, ese hombro arruinado. Quizá el primer Bellingham, más gris, fue menos apreciado en el campo. O a lo mejor solo quería amor, uno nunca sabe por qué los desmarques son desatendidos o el balón se va a la grada. La vida es un misterio. Dependemos de tantas cosas. Pero todas esas cosas de las que depende que Bellingham funcione, parece que se han puesto de acuerdo. Y el Madrid de Mourinho se ha colgado de él, se ha contagiado de él: mucho físico, mucha llegada, mucha avalancha. Es lo que más me gusta de Mou: cuando sus equipos funcionan como un acordeón de hierro, como una prensadora. Un año de mi vida lo gasté viendo vídeos en Instagram de una prensadora que acababa con todo; era un espectáculo hipnótico. No me importaría desperdiciar otro año más.
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