Hezbolá y las milicias chiíes de Irak responden a la llamada de Teherán, mientras que los hutíes siguen sin pronunciarse Hezbolá y las milicias chiíes de Irak responden a la llamada de Teherán, mientras que los hutíes siguen sin pronunciarse
Miles de iraníes desafiaron el viernes a los bombardeos y tomaron las calles de las principales ciudades del país en solidaridad con Palestina. Dos semanas … de duros ataques de Israel y Estados Unidos no pudieron con la tradicional marcha del último viernes de Ramadán y el régimen ofreció a sus enemigos una exhibición de apoyo y fuerza, acompañada en el campo de batalla por los ataques de Hezbolá y de las milicias chiíes de Irak, a la espera de la entrada en acción de los hutíes en Yemen.
Mientras el secretario de Guerra de EE UU, Pete Hegseth, decía que los líderes de Irán se esconden «como ratas», el presidente persa, Masoud Pezeshkian, el máximo responsable de seguridad, Ali Lariyani, o el jefe del poder judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, participaron en la manifestación en un claro gesto de desafío a Donald Trump.
Quien no estuvo presente en la marcha fue el nuevo Líder Supremo, Mojtaba Jamenei. Su única aparición desde su nombramiento fue a través de un discurso que leyeron los presentadores de los canales oficiales donde, además de clamar venganza y apostar por mantener cerrado el estrecho de Ormuz, agradeció su trabajo a «los combatientes del Frente de la Resistencia» y recordó que les considera «como nuestros mejores amigos».
Ese eje al que se refiere el líder fue el proyecto en el que trabajó durante muchos años Irán para tener grupos armados aliados en la región y lo forman Hezbolá en Líbano, varias milicias chiíes en Irak, Hamás en Gaza y los hutíes de Yemen. La República Islámica se prepara para una guerra de desgaste y, hasta el momento, sólo los libaneses han entrado de lleno. La estrategia pasa por ir activando a estas organizaciones con el paso del tiempo para crear nuevos focos de tensión regional y global. Trump parece apurado por acabar una contienda para la que los persas llevan preparándose décadas.
Hezbolá y los Guardianes de la Revolución lanzaron el miércoles su primer ataque simultáneo de cohetes contra Israel. Aunque el grupo está muy debilitado por los golpes sufridos en 2024 y su lucha armada ha sido declarada ilegal por las autoridades de Beirut, los milicianos han demostrado que se han reorganizado, han obligado a un éxodo masivo de israelíes del norte del país y se preparan para frenar la entrada por tierra del enemigo.
Reivindicación de ataques
En territorio iraquí, el movimiento es más lento y menos popular de lo esperado después de tantos años de apoyo iraní a los grupos chiíes. Varias milicias unidas bajo el nombre de Resistencia Islámica en Irak aseguraron haber llevado a cabo decenas de ataques con drones y cohetes contra «bases de ocupación» en la región y reivindicaron acciones contra campos petrolíferos en el sur del país y contra intereses estadounidenses en Erbil, en el Kurdistán, donde se han registrado más de 100 bombardeos con aparatos no tripulados. También se atribuyeron el derribo del avión cisterna de EE UU que costó la vida a sus seis tripulantes. Washington investiga lo sucedido.
La Organización Badr, una de las mayores milicias chiíes y el aliado más antiguo de Teherán en Irak, aún no se ha implicado. Tampoco ha habido movimientos por parte del Gran Ayatolá Ali Sistani, máxima autoridad religiosa del chiismo, cuya fatua llamando a la lucha contra Estado Islámico en 2014 frenó el avance del califato en ese país.
Una de las sorpresas del discurso de Jamenei fue la referencia a los hutíes de Yemen, sobre quienes dijo que «también harán su parte». Horas después de que Estados Unidos e Israel bombardearan Irán, Abdul Malik al-Houthi, su líder, calificó el ataque de «un acto flagrante, criminal y bárbaro» y expresó su «solidaridad total» con la República Islámica, pero desde entonces guarda silencio y sus hombres no han disparado un solo misil.
El régimen se dedicó durante años a sumar a su causa a organizaciones armadas de la región
Joe Biden, Donald Trump y Benjamín Netanyahu han bombardeado a los rebeldes yemeníes en los últimos años, pero conservan el control del norte y centro del país y la capacidad de amenazar con drones y misiles a los barcos comerciales en el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el Mediterráneo con el Índico a través del canal de Suez y el mar Rojo. En declaraciones a ‘The New Yorker’, Ahmed Nagi, analista senior sobre Yemen del International Crisis Group, señaló que Irán y sus aliados creen en una «escalada gradual», entendiendo que quizá no sea «sabio usar todas tus cartas al mismo tiempo».
Junto a Hezbolá, por su proximidad a Israel, los hutíes son la carta más importante de la república islámica debido a su capacidad de hacer globales las consecuencias del conflicto si atacan a cargueros desde sus costas, como ya hicieron en el pasado. La alternativa a Suez es bajar por el océano Índico y rodear el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, lo que dispara los costes del transporte.
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