Las enfermeras que trabajan en Ceuta no dan abasto. Cada día, denuncian, han de atender más de 200 casos diarios con un personal que consideran insuficiente, que les obliga a doblar turnos y hacer excesos de horas. Algunas enfermedades son las que suelen presentarse en situaciones de hacinamiento: más de 200 casos de gastroenteritis aguda, 20 de sarna, 21 de impétigo, 4 de tuberculosis. Esto, sin contar con los casos de los asentamientos en las playas, donde el seguimiento “es más complejo”, según el Colegio de Enfermería de Ceuta.
Defensa asegura que el brote de infecciones cutáneas entre los militares no está relacionado con la atención a los inmigrantes, ya que dos soldados ya llegaron contagiados
Las enfermeras que trabajan en Ceuta no dan abasto. Cada día, denuncian, han de atender más de 200 casos diarios con un personal que consideran insuficiente, que les obliga a doblar turnos y hacer excesos de horas. Algunas enfermedades son las que suelen presentarse en situaciones de hacinamiento: más de 200 casos de gastroenteritis aguda, 20 de sarna, 21 de impétigo, 4 de tuberculosis. Esto, sin contar con los casos de los asentamientos en las playas, donde el seguimiento “es más complejo”, según el Colegio de Enfermería de Ceuta.
Entre los militares destacados en Ceuta también se ha detectado un brote de sarna que, según ha informado el Ministerio de Defensa, no tiene que ver con su intervención en la crisis humanitaria de la ciudad autónoma. Se han diagnosticado entre los soldados 24 casos de sarna, dos de los cuales son anteriores a la entrada masiva de inmigrantes.
“Todos se encuentran recibiendo el tratamiento aconsejado por las autoridades sanitarias tras confirmarse el diagnóstico”, ha explicado Defensa, que justifica que se trata de una “infección común en zonas de elevada humedad” y asegura que “se han tomado medidas tanto para atender a los infectados como para proceder a la higienización de las instalaciones”.
La Sociedad Española de Epidemiología ha hecho un llamamiento para no estigmatizar a los inmigrantes. “Pensar que traen enfermedades es sanitariamente erróneo y, además, peligroso”, ha dicho su presidenta, Maria João Forjaz, en declaraciones a EFE.
El problema, asegura, es la falta de recursos básicos. El hacinamiento favorece la transmisión de enfermedades de la piel y respiratorias, y la falta de acceso a alimentos y agua potable, los problemas gastrointestinales, así que es “completamente esperable que se produzcan brotes de sarna o impétigo, infecciones en la piel muy contagiosas.
Aunque son enfermedades a las que los sanitarios están muy acostumbrados, la carga de trabajo tiene a las enfermeras “exhaustas tanto física como psicológicamente”, según denuncia su colegio profesional. La presidenta en Ceuta, Rosa Fuentes, asegura que “no existen medios suficientes para abordar la crisis” y pide al Gobierno central que decrete el estado de alarma para abordar la cuestión.
Un enfermero en Ceuta
Alejandro Artero, enfermero y doctor en Ciencias de la Salud que trabaja sobre el terreno, explica que las enfermedades han seguido una secuencia previsible en casos como este: “Primero vimos traumatismos y heridas; después comenzaron las infecciones de la piel, la sarna, que cada vez va a más, y las enfermedades respiratorias”.
Con el paso de los días se han añadido otros problemas. Artero habla de enfermedades crónicas que se agudizan, como la diabetes o el asma, trastornos de salud mental cuyo tratamiento no puede seguirse con normalidad y cada vez más cuadros gastrointestinales relacionados con las condiciones de salubridad. “Están bebiendo agua de regadío. Era obvio que las infecciones tenían que aparecer”, señala.
Las heridas que inicialmente podían haber tenido una evolución sencilla terminan en ocasiones complicándose. “Ahora los traumatismos se han convertido en celulitis e impétigo porque no se pueden tratar de forma normal. El paciente aparece y desaparece. Algo que podría tener un curso normal se está complicando”, razona.
Uno de los principales obstáculos para la atención sanitaria, relata el enfermero, es precisamente poder localizar y seguir a los enfermos. Muchos están dispersos por la ciudad y algunos evitan identificarse correctamente por miedo a ser localizados por las autoridades. “Hay pacientes que conocemos tres veces y las tres veces nos dan nombres diferentes. Esa filiación resulta esencial cuando es necesario completar pruebas o mantener un seguimiento durante varios días”, recalca.
“No podemos ingresar a todo el que tose”
Pone el ejemplo de la tuberculosis. Se han diagnosticado cuatro casos, pero Artero sospecha que pueden ser bastantes más: “No podemos ingresar a todo el que tose. El diagnóstico requiere las pruebas habituales y, en algunos casos, volver a localizar al paciente días después. ¿Dónde los encontramos si no tienen un domicilio?”.
Ante esta situación, Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería, ha reclamado este miércoles que se establezca “un mando único en Ceuta que lidere estas operaciones” y que se destinen los medios y las previsiones que esta emergencia territorial requiere. “No es momento de desviar responsabilidades ni de enmascarar cifras. Las enfermeras se encuentran en una situación de vulnerabilidad, fatiga extrema y estrés prolongado por esta situación, que, sumada a la pésima gestión de los contratos estivales, está llevando a la profesión a la quiebra asistencial en Ceuta. Las enfermeras se merecen trabajar con dignidad y seguridad”, ha dicho.
Los sindicatos médicos ya habían denunciado la presión sobre el sistema sanitario. “Los profesionales han tenido que soportar las dificultades para garantizar una asistencia adecuada y mínimamente digna en unas circunstancias excepcionales”, afirmaba la semana pasada la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).
El panorama que dibujaba este sindicato eran unos recursos de acogida y asistencia de la ciudad “desbordados”, lo que ha provocado “un escenario propio de una emergencia nacional mientras”. CESM hacía un llamamiento a la responsabilidad del Ministerio de Sanidad que, a través de Ingesa, es el organismo que tiene la competencia asistencial en Ceuta y Melilla, a diferencia de lo que ocurre en las comunidades autónomas, donde están transferidas a los gobiernos regionales.
La ministra de Sanidad, Mónica García, que visitó Ceuta el fin de semana, reconoció que el sistema está allí “tensionado”, pero negó el colapso e hizo un llamamiento a evitar señalar a los migrantes como transmisores de enfermedades, una asociación que considera “injusta y xenófoba”.
En los primeros 15 días de la crisis, 5.800 migrantes han sido atendidos por el sistema sanitario ceutí. De ellos, 3.500 han sido asistidos en atención primaria y 2.300 en el hospital. Con una presión decreciente a medida que transcurrieron los días: de las 1.149 en la primera jornada a alrededor de 300 en los siguientes días, según los datos de Sanidad.
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