Estados Unidos se lanza a colonizar la Luna con la primera misión tripulada en más de medio siglo

El cohete SLS en la plataforma de despegue del Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, Estados Unidos.

Si todo va bien, en apenas cuatro días se encenderán los motores del cohete espacial más potente de la historia. En la parte superior de la lanzadera —más alta que una torre de 30 pisos— dentro de la nave Orion, estarán sentadas las cuatro primeras personas que viajarán a la Luna en más de 50 años. Entre ellos, la especialista de misión Christina Koch y el piloto Victor Glover, que serán la primera mujer y el primer negro que viajen hasta el satélite. Y también el comandante Reid Wiseman y el especialista canadiense Jeremy Hansen, primera persona no estadounidense en realizar este periplo espacial.

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El Módulo Europeo de Servicio, en una imagen de archivo. La NASA ultima el lanzamiento de los cuatro astronautas de la Artemis 2 con la intención de que “nadie más se apodere” del satélite  

Si todo va bien, en apenas cuatro días se encenderán los motores del cohete espacial más potente de la historia. En la parte superior de la lanzadera —más alta que una torre de 30 pisos— dentro de la nave Orion, estarán sentadas las cuatro primeras personas que viajarán a la Luna en más de 50 años. Entre ellos, la especialista de misión Christina Koch y el piloto Victor Glover, que serán la primera mujer y el primer negro que viajen hasta el satélite. Y también el comandante Reid Wiseman y el especialista canadiense Jeremy Hansen, primera persona no estadounidense en realizar este periplo espacial.

En poco más de ocho minutos, el mastodóntico Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) habrá puesto en órbita a los cuatro astronautas. Será el comienzo de un viaje de 10 días en los que irán hasta la Luna, sobrevolarán su cara oculta —posiblemente viendo zonas que ningún otro humano haya contemplado antes—, y regresarán de nuevo a la Tierra. Es el primer ensayo tripulado del programa Artemis, con el que Estados Unidos espera colonizar la Luna en apenas seis años.

La retórica oficial que envuelve este momento tiene eco imperialista. Jared Isaacman, multimillonario, astronauta por cuenta propia y actual administrador de la NASA, lo ha dejado claro: “Vamos a hacer todo lo necesario para volver a la Luna, y no dejar que nadie más se apodere de ella nunca más”. Ese alguien es claramente China, de quien el máximo responsable de la agencia espacial estadounidense teme que pueda adelantarse en esta nueva carrera espacial al satélite.

Isaacman sigue la estela de su jefe, el presidente Donald Trump, que ve en el espacio otro escenario donde demostrar el liderazgo absoluto de su país sobre el resto del mundo. “No puedes ser el número uno de la Tierra si eres el número dos en el espacio. Y nosotros no vamos a ser nunca el número dos”, ha dicho el presidente. Isaacman se ha encargado de presentar un nuevo plan para conseguirlo, con un primer aterrizaje en 2028, en teoría también con la primera mujer de la historia, y el establecimiento de bases lunares permanentemente habitadas a partir de 2032.

Por ahora es solo un plan sobre el papel, con un coste de unos 60.000 millones de dólares. Aún no existen las naves necesarias para aterrizar en el polo sur de la Luna, que deben fabricar las empresas del primer y el cuarto hombre más ricos del planeta, Elon Musk y Jeff Bezos, enzarzados en su propia carrera espacial. El lugar de asentamiento del programa Artemis será el cráter Shackleton, un territorio especialmente hostil donde puede haber enormes reservas de agua que Estados Unidos y sus más de 60 países aliados, entre ellos España, quieren conquistar antes que China, cuya fecha declarada de aterrizaje es 2030.

En el Centro Espacial Kennedy de la NASA, junto al mítico Cabo Cañaveral, el SLS está ya colocado en la plataforma de despegue 39B, desde donde salieron al espacio algunas de las misiones del programa Apolo hace más de medio siglo. Los cuatro tripulantes de la misión Artemis 2, Koch, Glover, Hansen y Wiseman, se encuentran desde el viernes en el centro espacial sometidos a cuarentena para evitar que un posible contagio pueda retrasar la misión. “Estamos en una época en la que tenemos que ir de la mano para responder a los desafíos de la humanidad”, señaló el viernes Koch, la primera mujer en viajar a la Luna, en una comparecencia de los astronautas, que este domingo volverán a dar una rueda de prensa, pero esta vez virtual para minimizar su contacto con el mundo exterior antes del despegue. “El cohete está listo. Nosotros estamos listos. La NASA está lista. Pero no hay garantías”, advirtió el viernes Wiseman, que explicó que podrían darse retrasos de uno o dos días si el equipo necesita más tiempo para los preparativos.

Aunque Artemis 2 es básicamente una misión de prueba, también será histórica por muchas razones. Koch, Glover, Hansen y Wiseman serán los primeros humanos que viajen al espacio en la nave Orion, la mejor nave espacial de la historia, según explicó a este diario su ingeniero jefe. Los cuatro astronautas serán los primeros que pasen 10 días en el habitáculo de la nave, de unas dimensiones similares a las de un coche grande, y prueben sistemas esenciales como el dispensador de oxígeno para respirar, agua para beber y climatización en un entorno de temperaturas extremas. Por primera vez en la historia de la exploración espacial, estos elementos no los ha desarrollado Estados Unidos, sino la Agencia Espacial Europea, en coordinación con empresas de este continente, incluidas varias españolas, y cuyo contratista principal es la multinacional Airbus.

Dos días después del despegue, Koch, ingeniera y física estadounidense de 47 años, preparará todo para uno de los momentos más críticos de la misión: el encendido de los motores que darán a la Orion un empuje equivalente a acelerar un coche de cero a 100 kilómetros por hora en menos de tres segundos. Ese impulso llevará a los tripulantes de la Artemis en un vuelo directo hasta la Luna, por cuya gravedad quedarán atrapados, lo que les permitirá circunnavegar su cara oculta. En ese momento se estarán yendo a otro mundo, y los cohetes responsables de ello son también de fabricación europea.

Los cuatro astronautas de la Artemis 2 van a poder ser los primeros en contemplar zonas de la cara oculta de la Luna que nunca antes han sido vistas por ojos humanos. Cada uno de ellos tomará imágenes y vídeos durante las horas en las que la nave sobrevolará la superficie lunar a una distancia de unos 7.000 kilómetros. El satélite tendrá entonces un tamaño similar al de un balón de baloncesto sostenido con el brazo extendido. La comunicación con la Tierra quedará interrumpida durante unos 40 minutos hasta que la nave emerja de nuevo por el otro lado del satélite. Es muy probable que los tripulantes puedan contemplar la salida de la Tierra por el horizonte lunar, el llamado amanecer de la Tierra.

La primera vez que la humanidad contempló algo así fue en diciembre de 1968, cuando los astronautas de la misión Apolo 8, una travesía de circunnavegación similar a la actual, pero con 10 órbitas lunares, tomaron esa mítica imagen. En aquel momento, Estados Unidos estaba sumido en lo peor de la guerra de Vietnam, donde murieron casi 17.000 soldados ese año. Para muchos, la imagen se convirtió en un símbolo de la fragilidad del planeta Tierra en medio de la oscuridad del espacio. Y también de la futilidad de las guerras.

La ventana de lanzamiento de Artemis 2 se abre la tarde del miércoles, hora local —pasada la medianoche del jueves en la España peninsular— y se extiende hasta el 6 de abril. Hay una posibilidad de lanzamiento diaria. Si el cohete logra despegar entre el miércoles y el sábado, los cuatro astronautas de la Artemis 2 se convertirán en los humanos que hayan viajado más lejos en el espacio en toda la historia, superando a los tripulantes de la accidentada Apolo 13 —“Houston, hemos tenido un problema”—: más de 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

Al igual que en la era Apolo, Estados Unidos vuelve a estar sumido en una guerra, la de Irán, cuyo final es incierto, y que está teniendo ya repercusiones planetarias que pueden durar meses, si no años. Está por ver si esta misión a la Luna, más de medio siglo después, podrá generar una expectación similar.

Los políticos de Washington y los responsables de la NASA han aclarado muchas veces que esta vez todo es diferente. Ya no se trata de llegar los primeros a la Luna para ganar una carrera a la Unión Soviética y luego pasar a otra cosa. El mandato ahora es quedarse en el satélite y no entregarlo nunca más. El nuevo plan trazado por la NASA contempla que en 2028 pueda haber dos aterrizajes consecutivos en la Luna. El año siguiente, y hasta 2032, se iniciará una segunda fase de expansión lunar con más de 20 aterrizajes y la creación de la primera central nuclear en el satélite, así como bases que estarían habitadas de forma temporal. Un año después se iniciaría la tercera fase de colonización, con asentamientos permanentemente habitados, instalaciones científicas y centrales nucleares capaces de generar energía durante las largas noches del polo sur, que duran unos 14 días terrestres. “Esta es la era en la que vivir y trabajar en la Luna será una realidad”, reza el plan de la NASA. Y en esas colonias se preparará la tecnología para el próximo gran salto de la humanidad: los viajes tripulados a Marte.

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