Elizabeth Kolbert, periodista: “Es posible que la IA nos permita comunicarnos con las ballenas y lo primero que les diría es ‘lo siento”

Cómo se está usando la inteligencia artificial para aprender a comunicarnos con las ballenas o cómo Nueva Zelanda es un país con 4.000 grupos conservacionistas lleno de amantes de la naturaleza volcados en exterminar animales son dos de las impactantes historias del último libro de la periodista estadounidense Elizabeth Kolbert (Nueva York, 64 años), que llega ahora en español a las librerías: La vida en un planeta poco conocido (Debate). La ganadora del premio Pulitzer en 2015, por La sexta extinción, muestra en esta selección de sus trabajos en la revista The New Yorker la extrema complejidad y paradojas de todo lo que rodea la vida en la Tierra. “Puedes matar animales y aun así amarlos”, defiende la escritora por videollamada.

Seguir leyendo

 La ganadora del premio Pulitzer en 2015 considera “trágica” la marcha atrás de Estados Unidos en la lucha contra el cambio climático  

Cómo se está usando la inteligencia artificial para aprender a comunicarnos con las ballenas o cómo Nueva Zelanda es un país con 4.000 grupos conservacionistas lleno de amantes de la naturaleza volcados en exterminar animales son dos de las impactantes historias del último libro de la periodista estadounidense Elizabeth Kolbert (Nueva York, 64 años), que llega ahora en español a las librerías: La vida en un planeta poco conocido (Debate). La ganadora del premio Pulitzer en 2015, por La sexta extinción, muestra en esta selección de sus trabajos en la revista The New Yorker la extrema complejidad y paradojas de todo lo que rodea la vida en la Tierra. “Puedes matar animales y aun así amarlos”, defiende la escritora por videollamada.

Pregunta. ¿Por qué asegura que vivimos en una época extraordinaria?

Respuesta. Yo soy una reportera. En este caso, no me fío de mi instinto, me fío del trabajo de muchos científicos que creo que corroborarían esta afirmación. Vivimos en una época extraordinaria porque, si miras más allá de los titulares diarios —que ya de por sí son bastante extraordinarios―, si realmente analizas en profundidad la manera en la que estamos cambiando el planeta y miras todo el registro geológico de la Tierra desde que surgió la vida hace unos miles de millones de años, cuesta encontrar un momento con un cambio a la escala y velocidad como el que está ocurriendo ahora.

P. ¿No le afecta tener que dar tantas malas noticias?

R. Para esto hay una expresión en inglés: ser la mosca en la pomada. No eres precisamente bienvenida en fiestas o eventos divertidos cuando transmites tantas malas noticias, pero, como periodistas, nuestro objetivo no es hacer que la gente se sienta bien. Al menos esta es mi opinión. Supongo que soy una periodista a la antigua. Creo que nuestra responsabilidad es contar la verdad. Si no le gusta a la gente, lo siento, pero así es el mundo ahora mismo.

P. Aun así, afirma que disfruta mucho de este trabajo.

R. Sí, absolutamente. Una de las ironías que suelo señalar, y que resulta muy evidente en este último libro, es que en el proceso de informar sobre muchas malas noticias —aunque en este caso algunas de las historias son bastante optimistas―, he podido ir a muchos lugares realmente increíbles.

P. ¿Puede la inteligencia artificial permitirnos comunicarnos con las ballenas?

R. Creo que es posible. He estado siguiendo el proyecto que intenta usar IA y aprendizaje automático para descifrar los clics [sonidos] que hacen los cachalotes, que estamos bastante seguros de que constituyen algún tipo de comunicación. Siguen trabajando, de hecho hablé con ellos hace poco, y creo que es totalmente posible que algún día tengamos, si no un diccionario del idioma de las ballenas, al menos una buena capacidad predictiva: cuando hagan cierto conjunto de clics, sabremos lo que van a hacer.

P. Si pudiera comunicarse con una ballena, ¿qué le preguntaría?

R. Lo primero que le diría sería “lo siento”. Los cachalotes fueron cazados durante mucho tiempo por su espermaceti, una sustancia que llena sus enormes cabezas y que se utilizaba para muchas cosas, como aceite para la iluminación en el siglo XIX y más tarde como lubricante en el siglo XX. Se estuvieron cazando con fines comerciales hasta los años setenta, lo cual es bastante escandaloso. Tras decirle eso primero, luego le preguntaría “¿cómo es la vida bajo el agua? Son mamíferos que volvieron al océano tras haber evolucionado en tierra firme hace millones de años y tienen vidas sociales muy sofisticadas. Me interesaría mucho hablar de eso.

P. ¿Qué ha pasado con la sexta extinción causada por los humanos desde que publicó su libro en 2014?

R. Estamos viendo un descenso serio en el número de insectos. Estos se consideraban muy resistentes, pues se reproducen muy rápido y tienen muchas crías, pero parece que incluso los insectos están siendo afectados por la sexta extinción. Así que, por desgracia, la noticia es que continúa avanzando a buen ritmo, como cabría esperar cuando seguimos ejerciendo tanta presión sobre el mundo natural.

P. ¿Puede alguien que mata animales ser un amante de la naturaleza?

R. Claro, hay muchos cazadores y pescadores, hombres y mujeres, que aman profundamente la naturaleza. Nuestra relación con el mundo natural, desde nuestros ancestros, es la de depredadores omnívoros. Matamos muchos animales para comer. Forma parte de algo profundo de la psique humana. Y se pueden matar animales y amarlos. El problema es que ahora somos muchísimos más. Lo que antes tenía un impacto pequeño, ahora, multiplicado por 8.000 millones de personas, puede tener efectos devastadores.

P. Resulta muy llamativo el caso de erradicación de especies de Nueva Zelanda que cuenta en el libro.

R. Nueva Zelanda es el ejemplo por excelencia de los efectos de las especies invasoras. Es una de las últimas grandes masas de tierra a las que llegaron los humanos, primero los maoríes y luego los europeos. Hasta entonces, allí no había mamíferos terrestres, pero sí aves únicas, que anidaban en el suelo. Así que cuando llegaron los humanos con ratas y otros animales, hubo una gran oleada de extinciones. Fui cuando estaban lanzando el proyectoPredator Free New Zealand, que sigue intentando deshacerse de algunos de los animales introducidos más dañinos, como las comadrejas.

P. Llama la atención que haya tantos conservacionistas convertidos en tramperos.

R. Algunas especies invasoras no generan mucha simpatía, como las ratas, pero otras, como las pequeñas zarigüeyas, son adorables aunque muy dañinas. Mucha gente cree que el beneficio para la fauna autóctona lo justifica, pero es un dilema complejo.

P. ¿Se puede explicar el ávido interés de Trump por Groenlandia sin la existencia del cambio climático?

R. Probablemente no. Explicar a Trump es como intentar explicar por qué un niño de dos años quiere algo, pero se ha vuelto mucho más fácil navegar alrededor de Groenlandia porque gran parte del hielo marino ha desaparecido. Antes, había periodos enteros en invierno en los que no podías acercar un barco a muchas partes de Groenlandia. Ahora puedes llegar prácticamente en cualquier momento. No sé qué es lo que él quiere. He estado allí varias veces, y es un lugar muy difícil para hacer negocios porque tiene muy poca infraestructura. Básicamente no hay carreteras. Desde hace un tiempo, hay bastante interés en explotar la minería en Groenlandia, incluso de los propios groenlandeses, pero no está claro si es económicamente viable.

P. Afirma que uno de los problemas para actuar contra el cambio climático es que a veces las advertencias parecen histéricas.

R. Nos cuesta imaginar futuros realmente malos. Miras por la ventana y no parece que esté pasando nada tan terrible. La comida sigue llegando, continúas viendo la tele y yendo a trabajar. Pero lo que estamos haciendo al clima es irreversible y nos está llevando a un estado que nuestra especie nunca ha experimentado. No lo dice Elizabeth Kolbert, sino miles y miles de científicos. Esto puede resultar muy traumático y disruptivo, y cuando lo dices suena alarmista, pero es simplemente un hecho científico.

P. ¿Qué opina de la marcha atrás de EE UU en la lucha contra el cambio climático?

R. Es trágica.

P. ¿Aún se puede evitar el desastre climático?

R. A duras penas.

P. ¿Se puede comunicar mejor el cambio climático para conseguir que más gente ayude a frenarlo?

R. En teoría, sí. Pero yo aún no he encontrado cómo.

P. En su último libro explica la iniciativa suiza que defiende que se puede vivir bien con un consumo energético de 2.000 vatios, el equivalente a 20 bombillas de 100 vatios (seis veces menos de lo que utiliza hoy un estadounidense). ¿Cuántos vatios necesita Elizabeth Kolbert para vivir?

R. Nunca he medido mis propios vatios. Pienso que llevo una vida de bajo consumo, excepto por los vuelos. Ahí disparo totalmente mi huella. No podría hacer mi trabajo sin volar. Siempre me pregunto si está justificado el carbono que genero. Supongo que eso lo deben juzgar los lectores.

P. ¿Qué le atrae más de lo mucho que todavía se desconoce del planeta?

R. No soy buceadora, no soy alguien que pueda bucear en profundidad, pero me fascina y he leído muchos libros sobre el océano profundo, esa frontera que ahora también está amenazada por la minería submarina. No va a suceder, pero me encantaría conocer el fondo del océano.

 Ciencia en EL PAÍS

Te Puede Interesar