El numero de muertos tras el terremoto alcanza los 265 mientras los equipos de rescate aprovechan las últimas horas del ‘tiempo de oro’ El numero de muertos tras el terremoto alcanza los 265 mientras los equipos de rescate aprovechan las últimas horas del ‘tiempo de oro’
Entre los escombros a los que ha quedado reducido un edificio de Cali, la ciudad de mayor tamaño afectada por el terremoto de magnitud 7, … 4 que sacudió el oeste de Colombia el pasado lunes, un rescatista levanta la mano y pega un grito. «¡Silencio!». De repente, las decenas de personas que buscan supervivientes se callan y solo se escucha el viento. «¿Alguien me escucha?», pregunta el hombre, vestido con un mono azul oscuro. «¡Sí!», responde una voz. «¡Aquí hay alguien!», grita el rescatador, provocando el eufórico grito de todos los presentes. «¡Sí se puede! ¡Sí se puede!», corean.
Es una de las historias felices que dejan las arduas labores de búsqueda de supervivientes. Algunas han sorprendido incluso a los rescatistas más experimentados. La de Salomón es una de ellas. Este bebé de dos meses fue ubicado gracias a su débil llanto y los equipos que trabajan sin descanso en lo que queda de los 150 edificios derrumbados -56 en Cali- lograron sacarlo apenas sin herida alguna. Una mujer de su familia, que también sobrevivió, lo había protegido con su propio cuerpo. Su madre, sin embargo, continúa desaparecida.
Y las posibilidades de encontrarla con vida se desvanecen según avanzan las manecillas del reloj. Los rescatistas eran conscienteseste miércoles de que apuran ya las ‘horas de oro’ para encontrar gente con vida. Porque, tres días después del seísmo, a partir de mañana lo que se producirán son milagros. Y cada vez en menor cantidad. «Solo aquellos que no hayan sufrido heridas graves y tengan acceso a algo de agua que se pueda filtrar sobrevivirán», explicaba a la prensa local uno de los bomberos de la capital, Bogotá, desplazado a Cali.
En los hospitales también se viven situaciones difíciles. El de San Francisco de Asís, el único de cierta entidad en la región de Chocó, epicentro del terremoto, ayer dio la voz de alarma: opera al 245% de su capacidad, tiene ocupadas sus nueve camas de UCI y, además, ni siquiera cuenta con una nevera para almacenar sangre, de forma que la que recibe de otras localidades, si bien resulta suficiente hasta ahora, debe transfundirse de inmediato para evitar que quede inutilizable.
(Reuters)
Así, una treintena de pacientes ha sido evacuada a Antioquia incluso en un avión presidencial, muestra de la importancia que el nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella, está dando a la respuesta tras la catástrofe natural que ha dejado al menos 250 muertos y unos 3.000 desaparecidos. En esa última cifra se incluye a los 75 españoles con los que aún no han logrado contactar las legaciones diplomáticas de nuestro país en Colombia.
Rechazo de la ayuda internacional
En su primera prueba de fuego como presidente, De la Espriella ha prometido generosas ayudas económicas para los afectados. «He dado instrucciones para que se decrete un alivio económico por tres meses. Es un respiro en esta tragedia. Todos los servicios públicos serán gratuitos durante ese período para los risaraldenses», anunció en Pereira, desde donde alabó el esfuerzo de los rescatistas y aplaudió sus éxitos. «Daniela Andrea Largo Sánchez, de 30 años, fue encontrada con vida después de siete horas de búsqueda. Una noticia que nos llena de esperanza y nos impulsa a seguir creyendo», escribió en su cuenta de la red social X.
A pesar de la situación, el gobierno del ultraderechista ha rechazado hasta ahora la asistencia ofrecida desde el extranjero, asegurando que cuenta con recursos suficientes para hacer frente a la emergencia y señalando que el tiempo que requiere reduce considerablemente su eficiencia. «El Gobierno de Colombia ha solicitado ayuda humanitaria únicamente en forma de insumos para atender a las familias afectadas por el terremoto», certificó el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que anunció el envío de cien toneladas de material por vía aérea y que, como hizo De la Espriella, se encomendó a dios para que la tragedia no crezca.
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