El paraíso no tiene quien lo visite: el turismo se desploma en Cuba

La crisis energética y el cierre de hoteles espanta a los viajeros, que llegaron a proporcionar hasta el 12% del PIB del país caribeño, sometido a un bloqueo de combustible por Estados Unidos La crisis energética y el cierre de hoteles espanta a los viajeros, que llegaron a proporcionar hasta el 12% del PIB del país caribeño, sometido a un bloqueo de combustible por Estados Unidos  

Sábado, 11 de abril 2026, 13:00

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orge Raúl se pasa el día contemplando cómo las aguas turquesa del Caribe acarician con cariño la arena blanca de una de las playas más conocidas del planeta. Sin embargo, a este joven afrocubano la estampa no le relaja. Más bien todo lo contrario. «Estoy preocupado por mi empleo», reconoce. Y tiene razones para ello, porque está al frente del chiringuito ‘Día de Playa’ de Varadero, el principal núcleo turístico de Cuba. Pero nadie le pide un mojito o un ron-cola. Tampoco alquilan las tumbonas que tiene ubicadas en un lugar privilegiado. Está todo vacío. «Apenas viene gente. Antes solíamos tener abierto hasta después de la puesta de sol, pero ahora ya no tiene ningún sentido», relata.

Tiene claro de quién es la culpa: Donald Trump. El presidente de Estados Unidos puso la diana en la isla comunista y, tras la captura del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, prohibió los envíos de petróleo entre estos dos aliados de similar signo ideológico. Entonces, a 67 años de embargo comercial estadounidense e ineficiencia gubernamental se sumó un drama mucho mayor, el de la escasez de combustible. Los apagones ya crónicos se agudizaron porque las centrales térmicas no tienen con qué generar electricidad, y cada vez es más difícil llenar el depósito de los vehículos. El precio de la gasolina en el mercado negro se ha disparado hasta acercarse a los diez euros el litro, y con él se ha encarecido todo el transporte.

Los turistas se pueden contar con los dedos de la mano.
Zigor Aldama
Imagen principal - Los turistas se pueden contar con los dedos de la mano.
Imagen secundaria 1 - Los turistas se pueden contar con los dedos de la mano.
Imagen secundaria 2 - Los turistas se pueden contar con los dedos de la mano.

«Cuba caerá por su propio peso», vaticinó Trump, alejando la posibilidad de una intervención quirúrgica al estilo de la que ordenó en Caracas y mucho más una opción militar como en Irán. En lo económico, sin embargo, su empujón ha sido suficiente para que todo empiece a derrumbarse como piezas de dominó. Muchos de los hoteles han bajado la persiana, los escasos viajeros que quedaban en Varadero se han concentrado en un par de edificios y los establecimientos están tirando los precios con el fin de atraer a viajeros locales y evitar la quiebra. Incluso donde no se aceptaban niños ahora se da la bienvenida a todos los clientes, independientemente de su edad.

Adiós a las aerolíneas

A pesar de ello, el icónico mirador con las letras de Varadero frente al que antes había que esperar y hacer cola para retratarse ahora está vacío prácticamente todo el día. Eso sí, su guardián sigue al pie del cañón. Dos turistas latinoamericanas que han recibido una generosa dosis de botox y silicona se dejan caer por el lugar para fotografiarse en un clásico automóvil rosa que conjunta a la perfección con su llamativa indumentaria, pero nadie lo alquila. «El lugar es bello. Pero está complicado llegar y alternativas como República Dominicana resultan ahora más mucho más atractivas», comenta, Layla, haciendo hincapié en que la retratemos con sus gafas de sol que lucen el logotipo de Louis Vuitton estampado en los cristales.

El español que está al frente de un importante establecimiento hotelero de la isla señala que el principal lastre para el turismo está más relacionado con la falta de Jet A-1 que con la de la gasolina. Porque es eso lo que está provocando que cada vez más aerolíneas se vayan de Cuba. «Ya no vuelan Air France o Turkish Airlines, y la próxima en cesar las operaciones será Iberia», avanza apesadumbrado. Estas compañías se ven obligadas a hacer una escala técnica en Santo Domingo o en Bahamas, reduciendo considerablemente su rentabilidad.

El mercado de artesanía, vacío.
Zigor Aldama

En opinión del director de hotel, «esta va a ser la nueva normalidad, en la que el combustible entrará a cuentagotas para que la gente no se muera porque no recibe atención en los hospitales». Su negocio, sin embargo, asegura que sigue resultando rentable y que tiene músculo para aguantar este tirón. «Pero si la situación se alarga ya será otra cosa», prevé este expatriado que lleva diez años viviendo en la isla: «He vivido la cima que llegó con la apertura de Obama y luego el declive hasta esta depresión». La prueba de fuego llegará con la próxima temporada alta, que va de noviembre a marzo. «El frío canadiense es lo más importante para nuestro negocio», sonríe

El sector del turismo, que llegó a representar más del 12% del PIB de Cuba –según estadísticas oficiales a todas luces infravaloradas–, se derrumba. «Esto puede ser peor que el covid», comenta Yunier en una tienda de recuerdos oficial. «Y no culpo a los turistas de que no quieran venir. No hay tours, y si quieres uno tienes que pasar un día esperando cola en la gasolinera para comprar el combustible. Además, de noche muchos lugares no tienen electricidad y la delincuencia ha aumentado. De momento el empleo se mantiene, pero si la situación se alarga mucho, los despidos llegarán porque no hay ventas», lamenta. El director del hotel señala que los bajos salarios protegen a la plantilla, pero muchos trabajadores extranjeros ya se han marchado.

Un drama económico

No muy lejos del lugar donde Yunier quita el polvo a deshumidificadores de habanos, después de un reguero de restaurantes que ya ni siquiera logran comensales con el reguetón a todo volumen, otro mercado de artesanía es la viva imagen de la economía cubana, aquejada también por décadas de gestión ineficiente y falta de inversión: cada vez más puestos están tapados por lonas azules, mientras sus dependientes charlan o abanican sus bostezos. «Es que no levantamos cabeza. Parecía que después de la pandemia las cosas mejorarían un poco, pero cada vez es peor», afirma uno de ellos, llamado Héctor.

La avenida principal de Varadero estaba siempre llena de gente.
Zigor Aldama

Las estadísticas confirman sus palabras. El año pasado, Cuba recibió únicamente 1,8 millones de turistas extranjeros, 800.000 menos del objetivo que se había marcado el régimen castrista y muy lejos del récord de 4,6 millonesregistrado en 2018. Claro que, entonces, a pesar de que Donald Trump ya se había estrenado como presidente, el país gozaba del acercamiento impulsado por su antecesor, Barack Obama. Con las restricciones actuales, y si nada cambia sustancialmente, este año podría cerrar por debajo del millón de viajeros internacionales.

Para un país cuya entrada de divisas depende en gran medida de ellos, lo que se está viviendo desde hace unos meses es un drama que afectará a decenas de miles de familias. El presidente estadounidense, sin embargo, puede que lo considere un éxito en su estrategia de asfixiar a la población con el objetivo de impulsar un levantamiento popular contra el gobierno. De momento, lo primero sí que lo está consiguiendo.

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