Sin estrellas de cine ni prensa tradicional, el preestreno del documental sobre los 20 días que precedieron a la segunda investidura de su marido se convierte en una reunión de gabinete en clave de noche Sin estrellas de cine ni prensa tradicional, el preestreno del documental sobre los 20 días que precedieron a la segunda investidura de su marido se convierte en una reunión de gabinete en clave de noche
Nada de lo que ocurrió este jueves en el Kennedy Center era lo que parecía. De hecho, este templo de la cultura en Washington ya … ni se llama así, sino que ha sido rebautizado como Trump Kennedy Center. La alfombra roja era negra. Los invitados no eran glamurosas estrellas de la cultura, sino políticos, estrategas del trumpismo, donantes, figuras mediáticas de la ultraderecha y una nutrida representación del ecosistema MAGA, reconvertido en corte cultural.
En ese inusual estreno que parecía una reunión de gabinete, hasta Peyton Drew, esposa de uno de los pocos periodistas invitados -Dan Ball, presentador de One America News-, se encontró sola vistiendo lentejuelas, porque la protagonista de ‘Melania’ decidió vestir un sobrio traje de chaqueta (eso sí, de Dolce & Gabbana y Christian Louboutin).
El estreno más esperado de Washington, para uno de los documentales más caros jamás realizados, era claramente un evento político con el que la primera dama cincela su lugar en la historia. «La gente quiere saber, pues ahí lo tienen», decía en el tráiler con el que alimentaba la expectación desde hacía mes y medio.

El fracaso en taquilla no era una opción. Más de 5.000 salas en 30 países aguardaban la proyección. Al extraordinario precio de 40 millones de dólares que ha costado, Amazon MGM ha añadido la insólita inversión de 35 millones de dólares en promoción, cuando lo habitual en documentales de rango es una horquilla de entre medio y tres millones. Eso lo convierte en el que más inversión promocional ha recibido en la historia de la industria documental de EEUU, aunque en su preestreno Melania negó que se trate de un documental. «Es una experiencia creativa que ofrece perspectivas y momentos íntimos», decidió.
Desde la CNN a Newsmax, la icónica ilustración que estiliza a la primera dama desfila por las pantallas de todas las televisiones y marquesinas de autobuses para garantizar el éxito del que ya presume anticipadamente su esposo. Como productora ejecutiva del mismo, la modelo eslovena de 55 años ha explotado cuidadosamente la curiosidad que siempre ha suscitado su figura, hermética y elegante, junto a la tosquedad de su marido, 24 años mayor que ella.
En el Trump Kennedy Center, del que cada día se desligan más las grandes estrellas, destacaba un Kennedy, el secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., y brillaban por su ausencia algunos personajes de la familia Trump, como su hija Ivanka, que según la Casa Blanca acudió al pase privado del sábado pasado, cuando el cuerpo de Alex Pretti aún seguía caliente en la morgue de Mineápolis. A esa celebración acudieron también el exboxeador Mike Tyson, la reina Rania de Jordania y el consejero delegado de Apple, Tim Cook.
El preestreno público de este jueves se convirtió en un evento político en el que los miembros de la administración Trump y líderes del Partido Republicano sintieron la necesidad de sacar a sus esposas y vestirse de largo para ir a apoyar a la mujer que, según dijo el presidente, ha sido una buena influencia para él.
La tónica general de la velada fue reivindicar a Melania Trump como protagonista de su propia narración: empresaria, madre, esposa y figura pública, en un relato que, según dijo ella misma, ofrece «una ventana inédita» a su vida privada y profesional. Visiblemente orgullosa, definió el trabajo que la define a través de los 20 días que precedieron a la segunda investidura de su esposo como «bonito, emocional y elegante», agradeció al director Brett Ratner, quien se rehabilita así en la industria después del ostracismo sufrido por el #MeToo desde 2017. Su marido, amante de los superlativos, lo denominó como «una obra muy importante» y aprovechó la presencia de periodistas en la puerta para despachar con las cámaras asuntos de gobierno.
El retrato íntimo de la primera dama, cuidadosamente editado, desfilará a partir de este viernes por el mundo, en un chirriante episodio de glamur político que contrasta con un Washington militarizado, de protestas, purgas administrativas y ofensiva cultural, que busca reescribir la historia de instituciones, museos y, ahora también, relatos personales. Y como ocurre con todas las versiones oficiales, lo más interesante sigue estando fuera de plano.
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