
Si los cuatro astronautas de la misión a la Luna Artemis 2 tienen un problema, es muy probable que este acabe en la bandeja de entrada del físico e ingeniero aeroespacial Eduardo García Llama (Valencia, 54 años). El cargo completo de este valenciano criado en Alcobendas, cerca de Madrid, es tan largo como importante: jefe de controladores de vuelo de ingeniería para los sistemas de guiado, control y operaciones de proximidad y atraque. Esto quiere decir que, cuando las cosas no funcionan a bordo, es su equipo de 70 personas, que está en el mítico centro de control de misión de la NASA en Houston, Texas, el que da respuesta y recomienda qué hacer, para que luego el de operaciones lo ejecute. En entrevista con EL PAÍS por videoconferencia, detalla cuáles serán los momentos más críticos de la misión, la primera tripulada a la Luna en más de medio siglo. Más allá de la carrera espacial con China y de la tensión geopolítica del momento, este será un avance “histórico” para toda la humanidad, asegura.
El español dirige un equipo de 70 personas dedicadas a resolver problemas graves durante el primer viaje tripulado al satélite en más de medio siglo
Si los cuatro astronautas de la misión a la Luna Artemis 2 tienen un problema, es muy probable que este acabe en la bandeja de entrada del físico e ingeniero aeroespacial Eduardo García Llama (Valencia, 54 años). El cargo completo de este valenciano criado en Alcobendas, cerca de Madrid, es tan largo como importante: jefe de controladores de vuelo de ingeniería para los sistemas de guiado, control y operaciones de proximidad y atraque. Esto quiere decir que, cuando las cosas no funcionan a bordo, es su equipo de 70 personas, que está en el mítico centro de control de misión de la NASA en Houston, Texas, el que da respuesta y recomienda qué hacer, para que luego el de operaciones lo ejecute. En entrevista con EL PAÍS por videoconferencia, detalla cuáles serán los momentos más críticos de la misión, la primera tripulada a la Luna en más de medio siglo. Más allá de la carrera espacial con China y de la tensión geopolítica del momento, este será un avance “histórico” para toda la humanidad, asegura.
Los cuatro tripulantes de la Artemis 2 serán las primeras personas en viajar a bordo del cohete más potente jamás construido por la NASA, el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), y la nave espacial Orion. Es la primera vez que se ponen a prueba sistemas tan críticos como el abastecimiento de oxígeno, agua y purificación del aire, esenciales para la supervivencia durante los 10 días que durará este viaje para dar la vuelta a la Luna por su cara oculta y regresar a la Tierra. Por primera vez en la historia, todos los sistemas mencionados, así como sus 33 propulsores, no han sido construidos por Estados Unidos, sino por empresas europeas coordinadas por la Agencia Espacial Europea (ESA). Tras dos meses de retraso por problemas técnicos, la presión es total, pues la Casa Blanca quiere acelerar al máximo para no dejar posibilidad de que China pueda adelantarse en la nueva conquista de la Luna.
Pregunta. ¿Qué pasa por su cabeza ahora mismo?
Respuesta. Estamos tan centrados en la preparación de la misión, en la técnica y las operaciones, que no queda mucho tiempo para pensar en su evidente significado histórico. Es la primera vez que se envían seres humanos a la vecindad lunar desde el programa Apolo en diciembre de 1972, con el Apolo 17. Pero nuestra mente ahora mismo está muy enfocada en prepararlo lo mejor posible y ultimar todos los detalles. El verdadero impacto personal vendrá cuando todo haya pasado.
P. ¿En qué momento se encuentran ahora?
R. Ahora mismo el lanzador está de nuevo en la plataforma de lanzamiento y, en principio, el lunes 30 de marzo comenzará la cuenta atrás de 50 horas para intentar lanzar en la primera oportunidad de la ventana de lanzamiento, que inicia el miércoles día 1 de abril y finaliza con la oportunidad del 6 de abril.
P. ¿Usted se subiría a esa nave?
R. Yo sí. Después de haber probado la Orion durante 26 días en un viaje no tripulado a la Luna [en 2022], en una misión muy compleja, todo salió muy bien. Es “una bella máquina voladora”, como diría un piloto de pruebas. Es bonito escuchar a astronautas decir que se sentirían seguros en esta nave. Obviamente, siempre hay un riesgo, y todos lo asumimos, pero intentamos minimizarlo. En esta misión, no solo probamos el sistema de supervivencia, sino la capacidad de los tripulantes de maniobrar manualmente la nave. Esos son los dos factores más novedosos.
P. ¿Cuáles serán los momentos más críticos?
R. El lanzamiento y la reentrada en la atmósfera. En ambos, la nave está sometida a vibraciones, cargas térmicas y diferencias de presión muy grandes. Pero además, se añade el hecho de que realmente la nave está sobre un cohete que en el fondo es una bomba controlada. Está lleno de centenares de miles de galones de oxígeno e hidrógeno líquido. Y luego están los motores de combustible sólido a los lados, que una vez se encienden, ya no se pueden parar hasta que se separan después de dos minutos. Es una fase en la que, la verdad, tenemos un poco el corazón en la boca [una traducción literal de una frase hecha en inglés, to have one’s heart in one’s mouth; García Llama lleva muchos años viviendo y trabajando para la NASA en Estados Unidos].
P. ¿Hay algún momento de tensión más?
R. Sí, en el segundo día de vuelo. En ese momento, hay un encendido de motores y sucede la inserción en la órbita lunar. Una vez que das ese paso, destinas a las cuatro personas de la tripulación a una misión de larga duración. Abandonan la órbita de la Tierra y su esfera de influencia. Para dar ese paso, tenemos que estar muy seguros. En algún momento escucharéis: “Go for TLI” [Autorizados para la inyección en trayectoria translunar]. Para mí será una de las frases más históricas de la misión, porque aunque es un término operativo técnico, realmente lo que se está diciendo es: “tenéis permiso para ir a otro mundo”. Tiene una carga humana muy grande.
P. La reentrada es otro momento clave. Algunos expertos han alertado de posibles problemas de seguridad en el escudo térmico de la Orion, y la NASA ha decidido cambiar el ángulo de inclinación para la reentrada. ¿Hay peligro?
R. Un escudo térmico es seguro dependiendo de la trayectoria de entrada. Incluso el escudo más potente, si lo metes en una trayectoria inadecuada, no te va a resistir. Obviamente, hemos diseñado la trayectoria de forma que el escudo, su eficiencia, no suponga ningún problema.
P. Esta misión sucede en un contexto geopolítico agitadísimo, con Estados Unidos en medio de una guerra. ¿Cómo influye esto?
R. Más allá de circunstancias geopolíticas o rivalidades entre países, que recuerdan a las que pudo haber entre España y Portugal hace 500 años, este es un momento histórico de progreso de la humanidad. No lo reduzco al localismo espacial y temporal; es la humanidad progresando y saliendo de nuestro mundo. A diferencia del Apolo, pretendemos ir para tener una presencia constante allí. Es un paso enorme y así se verá en el futuro lejano.
P. ¿Entonces que Donald Trump sea el presidente actual es solo un accidente histórico?
R. Yo no diría accidente, pero sí que es un hecho circunstancial. Durante el programa Apolo hubo varios presidentes en el Despacho Oval. Y esto pasará también ahora. Habrá diferentes presidentes, diferentes administraciones a lo largo del programa Artemis. Ten en cuenta que estamos viendo solo el principio del principio del programa Artemis. Quedan muchas misiones por delante. El programa busca desarrollar tecnologías para ser autosuficientes en otro mundo. La Luna será un campo de pruebas para experimentar técnicas necesarias en una futura misión a Marte. Al final, todos estos avances verán su aplicación en la Tierra, beneficiándonos de esos saltos progresivos en el espacio.
P. ¿Qué posibilidades ve de que China llegue antes a la Luna con sus taikonautas?
R. No tenemos ni idea porque no tenemos información acerca de cuáles son los progresos o los tropezones que pueda tener China. Si te digo la verdad, no es algo que tengamos presente. En las esferas políticas a lo mejor sí, no lo sé, pero te garantizo que nadie con quien trabajo yo tiene eso en mente.
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