Gabriel Rufián: “Soy independentista, pero tengo miedo como demócrata”

Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso de ERC, en las oficinas del grupo parlamentario en la Cámara baja este miércoles.

Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramenet, 44 años) asegura que no pretende saltar a la política nacional ni encabezar una confluencia de todas las izquierdas del Estado. Pero el portavoz de ERC en el Congreso se dice con miedo ante un futuro gobierno de toda la derecha y por eso quiere hacer “todo lo posible” para que las formaciones soberanistas promuevan esa iniciativa. Sin arredrarse por los riesgos que corre: “Si me cuesta el cargo, peores trabajos he tenido”, dice.

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Gabriel Rufián, en el Congreso. El portavoz de ERC en el Congreso promete hacer “todo lo posible” para frenar a la derecha. Y asume los riesgos políticos: “Si me cuesta el cargo, peores trabajos he tenido”  

Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramenet, 44 años) asegura que no pretende saltar a la política nacional ni encabezar una confluencia de todas las izquierdas del Estado. Pero el portavoz de ERC en el Congreso se dice con miedo ante un futuro gobierno de toda la derecha y por eso quiere hacer “todo lo posible” para que las formaciones soberanistas promuevan esa iniciativa. Sin arredrarse por los riesgos que corre: “Si me cuesta el cargo, peores trabajos he tenido”, dice.

Pregunta. ¿Qué es exactamente lo que propone?

Respuesta. Lo vengo diciendo desde el verano: si las fuerzas soberanistas, independentistas, desde Bildu a BNG, Compromís, Adelante Andalucía, ERC, podemos inventarnos algo para no dejar huérfana a la gente progresista del resto del Estado que no quiere votar al PSOE, me parece que es nuestra responsabilidad y casi negligente no hacerlo. ¿Y por qué? Porque lo que viene no es lo de siempre. Vienen ilegalizaciones, encarcelamientos, cierres de medios de comunicación, imputaciones a periodistas que no sean de la cuerda… Cosas muy chungas, como estamos viendo en otros sitios. Sé que esto probablemente me quemará, que en Cataluña van a escribir que esto es porque tengo miedo, me van a echar, que no voy a repetir… Pero en la calle se creen lo que digo, porque soy uno de los que tiene miedo. Y quien crea que lo que quiero es hacer de [Íñigo] Errejón o de Yolanda Díaz o no me conoce o me quiere vender como algo que no soy.

P. ¿Hay más gente detrás de esto o es solo una reflexión personal?

R. En los partidos lo habitual es decir “no, hombre, esto se tiene que hablar dentro”. Pero cuando tú hablas de algo fuera, casi siempre primero se habla adentro. Y los partidos muchas veces se mueven en base al ruido que hay afuera. Yo noto cierta lentitud o miopía hacia lo que está pasando. En Cataluña mucha gente no es consciente del peligro que hay.

P. ¿No es sorprendente que un independentista haya ganado su popularidad en toda España?

R Para mí la clase trabajadora de Cornellá y de Vallecas es la misma. Y si puedo llegar a representar a esa gente, como lo he hecho estos seis años, es un orgullo y no me hace menos independentista. He dicho que nadie debe renunciar a lo que es, ni a sus siglas, ni a su proyecto. Soy catalán, independentista, pero tengo miedo como demócrata. Y voy a intentar hacer todo lo posible para frenar lo que viene. Ha habido un discurso independentista que en un momento dado quizá era excluyente, incluso ofensivo para con el resto. Se aprendió de eso y gente como yo estamos diciendo cosas más positivas.

P. Parece difícil llevar esto a la práctica.

R. Respeto a la gente de Sumar, creo que Pablo Iglesias es el mejor de nuestra generación, que Irene Montero es maravillosa… Pero esto tiene que ser ideado por formaciones soberanistas, no desde un despacho de una universidad de Madrid. Porque siempre ha pasado lo mismo y no funciona. Nosotros ya tenemos firmado un acuerdo de coordinación con BNG y Bildu y nos presentamos a las europeas de forma conjunta. Se trata de intentar avanzar en algo que ya existe. Y cuanto más se hable del cómo o del quién, menos se hablará del qué. O lo hacemos o nos pasan por encima.

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P. ¿Es verosímil en Cataluña una lista conjunta de ERC y Comunes?

R. Joan Tardà [exportavoz de ERC en el Congreso] lo ha verbalizado abiertamente: en Cataluña también tiene que haber una confluencia de fuerzas políticas de izquierdas. El cómo se lo dejo a las cúpulas de los partidos.

P. No parece que ni la dirección de ERC, ni Bildu, ni BNG estén por la labor.

R. A veces la dirección de ERC responde a titulares. En el congreso nacional una facción liderada por [Joan] Tardà presentó enmiendas que se votaron. Y Oriol Junqueras votó a favor. Es exactamente lo que estoy diciendo ahora.

P. No ganó.

R. Pero se votó y lo votó el presidente. Es falso eso de que yo estoy solo. ERC siempre ha tenido esta pulsión. Ya hace 90 años ayudó a otras formaciones de izquierdas del Estado.

P. ¿El reclamo independentista ha perdido fuerza? ¿Necesitan buscar otras banderas?

R. Sería renunciar a lo que somos. Tenemos que seguir defendiendo la autodeterminación de nuestros pueblos, pero entender también que la gente come cada día. Y contrarrestar cierto relato mágico que dice que con la independencia todo se arreglará. Pues depende. Evidentemente, si Cataluña tiene todos los recursos irá mejor. Pero si gobierna un partido de derecha o de ultraderecha y se recorta…

P. Hay quien interpreta que quiere dar el salto a la política estatal y encabezar esa confluencia.

R. Cuanto más diga que no, más se va a decir que sí. Humildemente, creo que he verbalizado lo que está en la calle. Y si me voy a mi casa, ya he hecho mucho más en política de lo que pensaba. Lo que no quiero es irme a casa pensando: “Te dedicaste a leer el argumentario que te pasaban”. Aquí estamos para pensar, aunque nos cueste el cargo. Si me cuesta el cargo esto, peores trabajos he tenido.

P. Una parte del independentismo no lo considera pata negra.

R. La pureza es para el aceite de oliva. Hay un independentismo de derecha, reaccionario, incluso fascista, que reparte carnets de catalán, igual que aquí reparten carnets de español. La diferencia entre Nogueras [Miriam, portavoz de Junts en el Congreso] y Ayuso es la bandera. Pero defienden las mismas políticas reaccionarias.

P. En Instagram se encuentran todo el rato vídeos suyos, es uno de los grandes oradores ahí ahora mismo. ¿Qué importancia le da a eso?

R. La gente no se lo cree, pero no entro nunca en Instagram. El Twitter sí que lo manejo yo y en TikTok tengo que un amigo que me cuelga los vídeos. Para mí el poder digital es el más importante actualmente y el que decanta la balanza, para bien y para mal. Es mucho más poderoso que cualquier otro: mediático, policial, judicial, político. El ejemplo paradigmático es, aparte de toda la mierda que vende la ultraderecha, el nuevo alcalde de Nueva York [Zohran Mamdani], que se declara abiertamente socialista y musulmán, y que gracias al poder digital y tres cosas muy sencillas —transportes públicos y comida y vivienda para todos— ganó las elecciones.

P. Ha destacado como orador, y buena parte de su discurso llega gracias a fragmentos en las redes. ¿Piensa en eso a la hora de escribir un discurso?

R. Yo nunca he hecho un curso de oratoria, ni de teatro. Pero soy obsesivo y pienso constantemente en mi trabajo y en mis discursos, que escribo yo. Me encantaría encontrar a alguien que escribiera como yo, porque me ahorraría mucho trabajo. Durante una época fui comercial y tenía un minuto para explicarme. Igual me viene de ahí. Marc Giró me dijo una cosa maravillosa: “¿Sabes por qué los hombres blancos, heteros y normativos hablan tan lento? Porque nadie nunca os interrumpe”. Yo intento no dar chapas.

P. Pero le gusta leer grandes discursos de otras épocas.

R. Siempre. Soy un enfermo de la oratoria y he leído toda mi vida discursos de grandes oradores y oradoras. Salvador Seguí, Azaña, en su momento Rubalcaba… y otros de ahora. Me fijo mucho aunque no esté del todo de acuerdo con las ideas.

P. ¿Está la política demasiado teatralizada?

R. Creo que siempre ha existido una violencia verbal, mediática, política. A Suárez un poco más y le echan a pedradas de Moncloa, y a Zapatero. Casi siempre sucede cuando gobierna la izquierda, que es cuando se dice eso de que “nunca hemos estado tan mal”. ¿La teatralización? Tenemos que intentar ser publicistas de lo que decimos, en el mejor sentido. ¿Por qué la derecha puede hablar de “la España que madruga”? Eso lo entiende todo el mundo. Pero nosotros no podemos decir “una familia, una casa”. Vamos a intentar competir en eso, para que se nos entienda. La gente no está para pensar en el fetichismo de la mercancía [de Marx] o para leer los Cuadernos de la cárcel de Gramsci, sobre todo si tiene a El Xocas diciendo que los impuestos son un robo.

P. ¿Está habiendo una derechización del sentido común que deja poco margen a decir cosas de izquierdas?

R. Estoy de acuerdo con eso, pero creo que hay que ir más allá. La ventana se ha movido. Pero yo creo que está de moda ser un chungo, ser mala gente.

P. El malismo.

R. El hijoputismo. Es lo que está de moda. Y están pasando cosas terribles: la deshumanización que ha generado ver cómo se destripaba a niños en Gaza con bombas… y la gente presumía de ello. Eso se vota. Cuando [Isabel Díaz] Ayuso habla de “plataforma de frustrados” hablando de familiares de las víctimas de las residencias de Madrid, eso se vota. Lo de Trump… Ser mala gente te da votos. Ahora, también responsabilidad nuestra: es un mal negocio decir a la gente que es idiota o que que es fascista. Yo me niego a eso. La izquierda ha sido incapaz de darle un horizonte de futuro a la gente y la gente cuando no vota futuro, vota pasado, aunque sea un pasado inventado.

P. ¿Qué ofrecer a tantos jóvenes varones que optan por la ultraderecha?

R. La vivienda es clave, creo que muchos chavales que viven en una habitación que les cuesta lo mismo que a su padre el piso hace diez años se van a poner a ver al youtuber de turno que les va a decir que la culpa la tiene su vecino, no su casero. El hecho de que la izquierda no solo no haya puesto fin sino que haya fomentado esta especulación salvaje explica muchas cosas. Mamdami ha ganado las elecciones con tres cosas muy sencillas. Hay que ir a la raíz del problema: que se deje especular con la vivienda y con la comida.

P. Ha decidido tratar al agitador Vito Quiles con ironía, conversando por la calle… ¿Es el modo de enfrentarse a la ultraderecha mediática?

R. Es mera supervivencia. Quizás sea la persona que más les tiene encima. Si no les sale el primer vídeo bien, te siguen persiguiendo. Yo hice la reflexión y me puse en el lugar de mis compañeros del cole, progres, que no tienen ni pajolera idea de quién es Javier Negre, Bertrand Ndongo, ni Vito Quiles… Mal negocio sería tirarle el micro, agredirle o insultarle. Me dirían que por qué trato mal a ese chaval. Es justo lo que buscan. La gente no tiene tiempo de tener la información que nosotros tenemos. He tratado con mucho fascista en mi vida, así que entendí que la ironía y el sarcasmo era lo que les jodía. Como decía la Pantoja: “Dientes, dientes”.

P. Se le ha acusado de ser muy duro en las comisiones de investigación.

R. La primera vez que interrogué a Aznar, en 2017, un periodista, con el que ahora tengo buena relación, dijo: “Tiene la mirada de los asesinos del ISIS justo antes de degollar a un occidental en el desierto”. Ahí ya entendí de qué iba esto. Yo había estado frente a corruptos, ladrones, pero nunca había estado frente a alguien por cuya irresponsabilidad había muerto gente, como [Carlos]Mazón. En esa comisión yo venía de estar con mucha carga emocional, por haber estado hablando con familiares de las víctimas, y le tenía que decir lo que era: un negligente y un psicópata. Entonces, ¿soy duro? Pues muchísima más dura es la realidad. Y conozco el coste: artículos diciendo que soy tarado, hablando del decoro parlamentario…

P. ¿Qué es hoy ser de izquierdas y qué tendría que hacer la izquierda para salir adelante frente a la ola reaccionaria?

R. Me dijeron el otro día una frase maravillosa: ser de izquierdas es que la gente crea que si se cae por la calle, tú le vas a coger. Si piensas en Abascal, en Feijóo o en Ayuso… es que te van a pisar. Al final ser de izquierdas, tampoco hace falta filosofar mucho, es pensar en el otro. Igual que ser patriota: pensar en el otro. El otro es la patria.

P. ¿En términos políticos?

R. Si tú no garantizas unas mínimas condiciones vitales, de qué te sirven los grandes datos macroeconómicos. Si quieres comprar una vivienda que no sea para vivir, que te frían a impuestos para quitarte esas ganas de hacerte el rico con un derecho. Si usted se quiere hacer rico, compre otra cosa, no compre una vivienda. Frenar también los precios a según qué alimentos. La izquierda deberíamos haber legislado sobre eso. Y si no lo hacemos, pues nos iremos al carajo.

P. ¿Se puede parar esa ola reaccionaria?

R. Soy pesimista, que al final es una forma de realismo. Sería extraterrestre por mi parte decir que no están a las puertas y que es posible frenar a una perspectiva de voto de 200 y pico diputados. Pero mi responsabilidad es intentarlo. También me da la sensación de que hay mucha gente que quiere que sus proyectos políticos crezcan en base al sufrimiento que conllevará la entrada a esa gente. Yo me niego. Por ejemplo, al independentismo le iría mejor con un gobierno de PP y Vox. Sí, pero yo me niego a crecer en base al sufrimiento de la gente. Y ese “cuanto peor, mejor” no es solo patrimonio del independentismo.

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