Pekín quiere mostrar así su mano dura con las redes criminales del fraude digital que operan en Myanmar, país vecino Pekín quiere mostrar así su mano dura con las redes criminales del fraude digital que operan en Myanmar, país vecino
«Hello». Este mensaje que llega tan a menudo a través de WhatsApp o Instagram enviado por un usuario desconocido es a veces la puerta … de entrada al oscuro mundo de las ciberestafas. Lo envían desde Myanmar (Birmania) esclavos atrapados por mafias chinas que obligan a miles de personas a trabajar a destajo, bajo amenazas y torturas, para contactar con personas de todo el mundo, ofrecerles inversiones y, claro, estafarles. El Tribunal Popular Supremo de China ratificó en septiembre de 2025 la condena a muerte para 11 miembros de los clanes que manejan este negocio, entre ellos varios integrantes de la familia Ming. Han sido ejecutados este jueves por 14 homicidios, secuestro, fraude y gestión ilegal de negocios de juego. Pekín quiere así lanzar un mensaje de ‘mano dura’, mortal, contra el crimen organizado.
Entre los condenados no estaba el patriarca, Ming Xuechang, que se suicidó antes de ser procesado. No quiso asistir al desmoronamiento de su imperio. Lo había levantado en Laukkaing, una ciudad de Myanmar pegada a China. Cuando llegó, era una localidad pobre que pronto se llenó de casinos y barrios rojos. El fraude evolucionó y entró en la era digital. La familia Ming, de origen chino, tejió allí una enorme red de instalaciones dedicadas a la ciberestafa. Llegó a tener más de 10.000 personas a su servicio, según la televisión estatal de Pekín CCTV.
Captaban a los empleados por las redes sociales, les quitaban el pasaporte y los sometían a trabajos forzados
Pero no eran trabajadores; esclavos, más bien. Captaban a jóvenes chinos a través de anuncios colgados en las redes sociales y aplicaciones de mensajería. Usaban el viejo truco de ofrecerles buenos sueldos. En cuanto pisaban Myanmar les requisaban el pasaporte. Acababan recluidos en un edificio colmena y obligados a contactar sin descanso con probables clientes. «Hello». Si no conseguían los objetivos, recibían malos tratos. Algunos, como advertencia para los demás, fueron asesinados. Las instalaciones estaban cercadas por personal armado.
Así son las condiciones impuestas por algunas bandas dedicadas a la estafa digital y los juegos de azar en el sudeste asiático. Según un organismo fundado por el Congreso de Estados Unidos, obtienen unos 36.000 millones de euros al año. Sólo el clan Ming generó entre 2015 y 2023 más de 1.200 millones, informó el tribunal chino.
Con la junta militar y con los rebeldes
Los dirigentes de esta familia mantenían buenas relaciones con la junta militar que llegó al poder en Birmania tras el golpe de 2021. La guerra civil ha favorecido el descontrol. Las mafias han financiado al régimen a cambio de tener manos libres para sus asuntos. También se han llevado bien con los grupos rebeldes. El negocio prima. Pero su entramado comenzó a tambalearse cuando el poderoso vecino, China, se hartó de recibir denuncias de ciudadanos atrapados en esas redes de trabajos forzados o timados en el ciberespacio. Pekín presionó al apoyar a algunos grupos insurgentes. La cúpula militar de Myanmar se asustó y en 2023 desarticuló parte de la trama de los Ming y otras grandes familias mafiosas. Fueron arrestados varios miembros relevantes y se ofreció un jugosa recompensa por los restantes. Acabaron ante un tribunal chino.
Once de ellos, incluidos capos de los Ming, han sido ejecutados este jueves. Aun así, la red sigue viva. Ha trasladado algunos centros del norte de Myanmar, que hace frontera con China, al sur, cerca de Tailandia. Y también ha iniciado su extensión por Camboya y Laos, donde la influencia de Pekín es menor. En los teléfonos seguirá llegando su saludo: «Hello».
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