Por qué Bessent se presta a intervenir en el yen una década después de hundirlo

Scott Bessent ha pasado en poco más de una década de villano a héroe a ojos del mercado. El desplome del yen japonés y su potencial desestabilizador de los mercados habría llevado al actual secretario del Tesoro de Estados Unidos a considerar una intervención coordinada con Tokio, con la que frenar el castigo a los bonos japoneses y el efecto contagio en la deuda estadounidense. El salvavidas ha frenado la sangría de la divisa japonesa, que desde el viernes sube más del 3%.

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 El secretario del Tesoro estadounidense ganó unos 850 millones de euros para Soros en 2013 apostando contra la divisa japonesa  

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El secretario del Tesoro estadounidense ganó unos 850 millones de euros para Soros en 2013 apostando contra la divisa japonesa

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Laura Salces

Scott Bessent ha pasado en poco más de una década de villano a héroe a ojos del mercado. El desplome del yen japonés y su potencial desestabilizador de los mercados habría llevado al actual secretario del Tesoro de Estados Unidos a considerar una intervención coordinada con Tokio, con la que frenar el castigo a los bonos japoneses y el efecto contagio en la deuda estadounidense. El salvavidas ha frenado la sangría de la divisa japonesa, que desde el viernes sube más del 3%.

El respaldo ofrecido ahora por Bessent a Japón choca con su papel como gestor de fondos de cobertura (hedge funds) ejercido años atrás para el multimillonario George Soros. En 2013 el actual secretario del Tesoro de EE UU ganó unos 1.000 millones de dólares para Soros con una apuesta contra el yen japonés. Meses antes el entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, puso en marcha un plan de estímulo económico, conocido como Abenomics, para luchar contra décadas de estancamiento y deflación que implicó una fuerte devaluación del yen para impulsar las exportaciones. En solo 90 días Bessent —entre noviembre de 2012 y febrero de 2013— logró unas más que elevadas plusvalías invirtiendo contra el yen, que en su cruce contra el dólar llegó a dejarse un 20%. Una apuesta, que fue replicada por otros gestores, con la que la gestora de Soros no logró simular en el yen el éxito logrado años antes en la libra esterlina, cuando logró hacer hincar la rodilla al Banco de Inglaterra.

Este 2026 la situación es diferente: a la debilidad del yen se suma el castigo a la deuda japonesa a largo plazo, que llevó la semana pasada a su rentabilidad, que mueve de forma inversa al precio, a dispararse por encima del 4% en el caso del bono a 40 años, algo inédito. Una escalada que ha arrastrado por el camino a la deuda estadounidense, cuyo bono a diez años trepó al 4,3%, niveles no vistos desde agosto. El contagio, y el impacto que tiene en el encarecimiento del coste de la financiación de la administración de Donald Trump, llevó al secretario del Tesoro a lamentar la semana pasada la escalada de la deuda japonesa: “Es muy difícil desvincular la reacción del mercado de lo que ocurre endógenamente en Japón”, aseguró en el foro económico de Davos.

La posibilidad de que el Tesoro estadounidense y Japón intervinieran el mercado de divisas para poner fin al desplome del yen, según desvelaron el viernes medios estadounidenses ha logrado aplacar la caída de la divisa japonesa, que en dos jornadas avanza más del 3%. Una intervención que, por ahora, no está claro que se haya ejecutado, a tenor de los datos aportados este lunes por el Banco de Japón sobre balance de cuenta corriente, pero que ya habría ocasionado fuertes pérdidas a los fondos bajistas. Según datos del banco japonés MUFG las posiciones cortas sobre yenes de los hedge funds apalancados casi se han duplicado en los últimos meses.

De llegar a producirse una intervención conjunta en el mercado de divisas, sería la mayor desde la realizada desde 1998. El 17 de junio de ese año ambos países ejecutaron una operación conjunta en plena crisis financiera japonesa tras el colapso de Hokkaido Takushoku Bank y Yamaichi Securities, detallan en JP Morgan.

La apreciación del yen da un respiro además a la deuda japonesa. La rentabilidad del bono nipón a 30 años bajó este lunes 2 décimas, hasta el 3,622%. Una moderación que pone distancia a la posibilidad de que los grandes inversores japoneses —bancos y aseguradoras— ralenticen las compras de activos extranjeros y opten por la deuda nacional tras años en los que las rentabilidades se han mantenido muy reducidas frente a las del resto de países y que se suma a la corriente del sell America que corre entre los fondos europeos.

En ING añaden un componente adicional para justificar el apoyo de Bessent: la apreciación del dólar frente al yen está “deshaciendo el efecto de los aranceles estadounidenses sobre Japón y otorgando a los fabricantes japoneses una ventaja competitiva” frente a los productos estadounidenses.

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