Salim Malla Gutiérrez relata que, tras ser abordados por tropas hebreas, pasó horas en un «campo de concentración flotante» antes de ser desembarcado ileso en Grecia Salim Malla Gutiérrez relata que, tras ser abordados por tropas hebreas, pasó horas en un «campo de concentración flotante» antes de ser desembarcado ileso en Grecia
El profesor universitario de Vitoria, Salim Malla Gutiérrez, ha aterrizado este lunes por la mañana en el aeropuerto de Bilbao tras casi dos días secuestrado … por las fuerzas israelíes que interceptaron la embarcación en la que viajaba con destino a Gaza como parte de la Global Sumud Flotilla. Tras abrazarse con sus familiares y seres queridos, el alavés ha denunciado las «torturas» sufridas durante las casi 48 horas que estuvieron a bordo del «campo de concentración flotante». «Allí no había normas, hacían con nosotros lo que querían. Hay gente que tiene la cara reventada, costillas rotas y hombros dislocados», unas agresiones que ocurrían «de manera aleatoria», según ha relatado. Treinta personas han necesitado asistencia sanitaria y seis de ellas han tenido que ser ingresadas en el hospital por la gravedad de sus lesiones.
Su embarcación fue interceptada por el ejército israelí cuando estaban a 60 millas de la isla griega de Creta. «Abordaron nuestro barco apuntándonos con armas, veíamos los láseres en nuestras cabezas», denuncia el alavés, que también ha lamentado la pasividad de las autoridades. «Fuimos secuestrados con la colaboración del Gobierno griego y la inacción de la Unión Europea. Frontex (la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) estaba por ahí pero no hizo nada». Las fuerzas hebreas retuvieron a 22 barcos con 180 personas. «Nos llevaron a un campo de concentración flotante. Nos tuvieron dos horas de rodillas hasta que nos clasificaron y nos pusieron un número atado a la muñeca con una brida. Nos metieron a 180 personas en un recinto de tres contenedores mercantes, completamente hacinados», relata. Allí permanecieron durante casi dos días, donde sufrieron «maltratos físicos y psicológicos».
«Estábamos rodeados por soldados que nos apuntaban con sus armas constantemente. Dormíamos en una gomaespuma que mojaban cada poco para que no pudiésemos descansar», se lamenta. «Sufrimos agresiones, hacinamiento, escasez de agua, de comida y de aseo. Varios tenían el hombro dislocado, golpes en la cara y traumatismos fuertes en la cabeza. Un chico, Alberto, aguantó tres días con seis costillas rotas hasta que pudo ir a un hospital, y ahí sigue», denuncia. «Ha sido muy duro, sobre todo porque no sabíamos cuánto iba a durar aquello y tampoco si nos dirigíamos a Israel o si nos iban a liberar antes».
Gente «normal»
«Hubo un momento en el que me aislaron con otro chico, escuchábamos los gritos de otras personas que estaban siendo torturadas y no sabíamos qué iba a pasar, pero finalmente nos liberaron sin saber muy bien por qué y sin saber tampoco dónde estábamos», relata. Los rehenes fueron entregados a la guardia costera griega, que los llevó a tierra en grupos de treinta sin llegar a subir a la embarcación israelí.
«Al llegar pedimos agua pero no nos dieron hasta pasadas dos horas. Después de dos días sin comer ni dormir y sin casi beber, solo nos dieron un bocadillo cuando ya eran más de las cinco de la tarde», denuncia. Permanecieron seis horas en un puerto de Creta hasta que fueron trasladados al aeropuerto. «Cuando llegué, hablé con la cónsul y lo único que hizo fue apuntar que yo ya había llegado. Le pregunté si nos iban a ayudar y me dijo que no. No nos dieron dinero ni nada».
Salim Malla Gutiérrez
«El compañerismo y la gente es lo que nos ha permitido sobrellevar esta situación»
Malla ha destacado la diversidad de las personas que forman parte de la flotilla. «Quienes nos unimos a esta organización somos personas normales. Yo no soy activista, soy un profesor universitario y artista que decidió tomar acción y formar parte de este movimiento. Hay conductores de autobús, médicos, mecánicos y todo tipo de perfiles profesionales. Juntos sumamos más de 150 nacionalidades distintas de edades muy dispares que van desde los 20 hasta los 76 años». El vitoriano ha señalado que Martin, un irlandés que los acompañaba, cumplió 76 años el día que los liberaron. «El compañerismo y la gente es lo que nos ha permitido sobrellevar esta situación».
Malla ha advertido de que en Creta todavía quedan varios compañeros vascos. «Yo tomé la decisión de volver pero hay gente que quiere permanecer en la misión», ha destacado al mismo tiempo que exigía a las autoridades una mayor implicación y denunciaba que «el Gobierno vasco no se ha puesto en contacto en ningún momento».
Ya a salvo en Euskadi, ha pedido la liberación de sus compañeros el activista hispanopalestino Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Avila, quienes permanecen en un centro de detención en Ashkelon (Israel) y sobre los que advierte que «corren un grave peligro».
«Lo que hemos pasado en este campo de concentración flotante es solo un ejemplo de lo que sufren los palestinos desde hace 70 años. Allí no había ninguna norma, hacían lo que querían con nosotros. Estábamos a 1.200 millas de Israel, es alucinante que te puedan atacar en el Mediterráneo, en plena Europa», ha incidido.
Las fuerzas israelíes han destruido y dejado a la deriva 22 barcos de la flotilla con el riesgo que implica para el tránsito marítimo en la zona. Otras 33 naves siguen a la espera de que el gobierno heleno les permita dejar Creta y continuar su trayecto. Seis naves griegas pretenden unirse y otras dieciséis continuarán desde Turquía. «Un total de 55 embarcaciones están pendientes de que pase la tormenta que actualmente azota la zona para poder seguir adelante con la misión», ha destacado el superviviente aún con esperanzas.
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