El agresor tenía problemas de salud mental y su mujer, una de las dos heridas, acababa de pedir el divorcio El agresor tenía problemas de salud mental y su mujer, una de las dos heridas, acababa de pedir el divorcio
Durante la madrugada del domingo, Shamar Elkins, de 31 años, mató a tiros a ocho niños de entre uno y catorce años e hirió a … dos mujeres en Shreveport, Luisiana (Estados Unidos). El hombre robó un coche para darse a la fuga y tras la persecución fue abatido por la policía. Su mujer, a la que hirió de gravedad y con la que llevaba dos años casado, le acababa de pedir el divorcio. Elkins tenía problemas de salud mental y recientemente había expresado a sus padres sus pensamientos suicidas. Trabajó en el ejército durante siete años, pero no participó en ningún despliegue. El atacante, sin embargo, tenía dos antecedentes penales, uno de ellos por disparar cerca de un colegio.
Siete de las víctimas eran hijos de la pareja, y el octavo, de 10 años, era un primo, hijo del cuñado del agresor, que también vivía con ellos. Siete de ellos fueron asesinados en su hogar en la calle 79. La octava víctima mortal trató de escapar, pero fue alcanzado por una de las balas de Elkins. El atacante también disparó a otra mujer además de a su pareja. Ambas resultaron heridas de gravedad, pero, según fuentes policiales, sus vidas ya está fuera de peligro.
Durante el suceso, en medio del caos, una de ellas huyó corriendo y logró refugiarse en una casa contigua, junto con otro niño de 13 años que se fracturó varios huesos al lanzarse desde un tejado en un intento desesperado por salvarse. El joven también consiguió sobrevivir, según confirmó el Departamento de Policía de Shreveport.
«Pensamientos oscuros»
Elkins ya había sido detenido en dos ocasiones. En 2016 fue arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol, y en 2019, en un incidente más grave, enfrentó cargos por uso ilegal de armas. El informe de aquel episodio detalla que Elkins sacó una pistola de 9 milímetros de sus pantalones y disparó cinco veces contra un vehículo después de que el conductor le apuntara con un arma y ‘se diera a la fuga’. El tiroteo ocurrió cerca de una escuela donde varios niños jugaban al aire libre. Una de las balas que disparó fue hallada junto al recinto escolar.
Elkins estuvo siete años en la Guardia Nacional, donde desempeñó funciones técnicas relacionadas con comunicaciones y apoyo táctico, pero nunca fue enviado a ninguna misión y dejó el ejército en 2020 como un soldado raso. Posteriormente, trabajó en la empresa de transportes UPS, donde un compañero mencionó que a menudo parecía estresado y que «tenía una calva en la cabeza por su costumbre de arrancarse el pelo nerviosamente». Un gesto compulsivo que posteriormente también confirmó la madre del atacante, Mahelia Elkins.

Mahelia aseguró que a principios de mes, durante el Domingo de Pascua, Elkins le llamó. Les confesó la ruptura matrimonial a ella y a su padrastro, Marcus Jackson. Aseguró que se sentía sobrepasado por la situación y admitió tener «pensamientos oscuros» e incluso reconoció «entre lágrimas» que pensaba en quitarse la vida. Sus padres trataron de «tranquilizarlo» y mostrale su apoyo.
Hacía una década que Elkins y su madre habían retomado el contacto. Mahelia reconoció que la relación entre ambos había sido hasta entonces «relativamente distante», pues ella lo tuvo cuando aún era una adolescente y luchaba contra su adicción al crack. Elkins fue criado por una amiga de la familia, Betty Walker.
El cuñado del agresor, Troy Brown, cuyo hijo de 10 años también perdió la vida en el ataque, confirmó que vivían juntos y que «desconocía que tenía un arma». «De haber sabido que había una en la casa, me habría deshecho de ella», aseguró a los medios. al noroeste de Luisiana.
La ciudad, con 180.000 habitantes al noroeste de Luisiana, vive consternada tras el tiroteo masivo más mortífero en la superpotencia americana en más de dos años, ya que, en total, diez personas recibieron disparos. El último incidente de una magnitud similar ocurrió en enero de 2024, cuando ocho personas murieron en un suburbio de Chicago.
En 2019 fue detenido por disparar cerca de un colegio y en 2016, por conducir ebrio
Las autoridades pidieron «paciencia» y «oraciones» a la comunidad mientras revisaban múltiples escenas del crimen. «No sé qué decir, mi corazón está conmocionado», declaró Smith. «No puedo ni imaginar cómo ha sucedido algo así», añadió. Por su parte, el alcalde de la ciudad, Tom Arceneaux, se compadeció de la «trágica situación, quizá la peor que hemos tenido». «Es una mañana terrible», matizó.
El gobernador de Luisiana, Jeff Landry, sostuvo en un comunicado que él y su esposa estaban «desconsolados». Pero también se mostraron «profundamente agradecidos con los agentes del orden y los funcionarios que trabajan incansablemente en la escena».
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